Martes, 16 de noviembre de 2010

Por Beatriz Gonz?lez Mena?

Hace poco, leyendo sobre San Pablo, encontr?: "... el resultado es que
Saulo de Tarso, que se dedicaba a `perseguir sobremanera? las
comunidades cristianas -seg?n sus propias palabras-, tuvo un testimonio
que lo marc?.

Literalmente se pas? al enemigo para ser el principal difusor del
cristianismo arriesgando su vida, sufriendo encarcelamientos y,
finalmente, morir decapitado en Roma".

Una conversi?n as? nos
llama la atenci?n cuanto menos, si no nos asombra de manera importante.
Pero a?n sin pasar `de un bando a otro?, hoy en d?a encontramos
conversiones que contin?an asombr?ndonos.

?
?Y no s?lo encontraron la respuesta de aquella maldita pregunta sino que se hicieron unas cuantas m?s.
Yo
tuve la suerte de tener dos amigos que vivieron una preciosa historia
de conversi?n -o m?s bien `re-conversi?n?- que les llev? a dar la vida
por los dem?s y a dejar unas huellas imborrables.

Juli?n y
Santino hab?an crecido en dos familias acomodadas de Burgos; viviendo
historias de esas de `los ricos tambi?n lloran? y descubriendo las
alegr?as, placeres, dolores y sorpresas que la vida te va mostrando.
Ten?an en com?n una educaci?n en los Jesuitas y una fe cristiana que
les acompa?? siempre. Pero a?n con todo, cumplidos ya los 40,
decidieron, cada uno por su lado, intercambi?ndose consejos, hacerse
esa pregunta clave que asusta y que en numerosas ocasiones no tiene
respuesta: "?Qu? hago con mi vida?". Y se fueron a buscar la respuesta
por el camino de Santiago.

Y no s?lo encontraron la respuesta de
aquella maldita pregunta sino que se hicieron unas cuantas m?s. Las
contestaron, y sus vidas no volvieron a ser las mismas. Esa fe se
fortaleci? hasta el punto de dejarlo todo -comodidades, familias,
amigos y lujos- para dar y recibir amor de los peque?os de la Tierra
-que en su caso se encontraban en India y Etiop?a-.

La Madre
Teresa les habl? y escuch?, y encauz? todo ese potencial de entrega con
el que llegaban dos personas `re-convertidas? por una llamada como la
que sinti? Pablo; les ense?? a acompa?ar al d?bil, a intentar hacer
digna la poca dignidad con la que llegan los pobres a las casas de las
Misioneras de la Caridad. Juli?n y Santino no ven?an del bando enemigo,
pero s? dieron el salto de una vida a otra, y aunque no perseguidos s?
fueron incomprendidos. El hecho de que el Camino que les transform?
para siempre tambi?n los llevara al Padre -en un accidente que a?n hoy
nos estremece- creo que es se?al de que todo pasa por alguna raz?n y de
que ?se era el d?a en que los dem?s ?bamos a empezar a descubrir todo
lo que ellos hab?an hecho y nunca hab?an dicho; porque si su fe era
grande, su humildad infinita.


Publicado por mario.web @ 13:32
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios