Viernes, 19 de noviembre de 2010

Fuente: Gama - Virtudes y Valores?
Autor: P. Fernando Pascual, L.C.?

Con cierta frecuencia aparecen en la prensa o la televisi?n nuevos estudios en los que dicen desvelar el secreto de la felicidad, los ingredientes que hacen m?s hermosa la vida humana.?

Esto no es algo nuevo. Desde la Antig?edad hasta nuestros d?as cientos de personas han dado consejos, escrito libros, redactado m?ximas, elaborado leyes y programas de desarrollo, planeado cambios de vivienda, de ciudad, de trabajo... para ayudar a los hombres a ser felices.?

El hecho de que se ofrezcan tantos consejos y tantas ideas da a entender dos cosas: que nos gustar?a que todos (o la mayor?a) fuesen felices; y que no conocemos exactamente el camino para lograr esta meta tan ambiciosa, pues se han ofrecido tantas ideas que uno ya no sabe cu?l sea la ?verdadera?.?

?No conocemos realmente el camino hacia la felicidad? Podr?amos pensar en esos momentos en los que hemos sido, de verdad, felices, profundamente felices.?

Podemos recordar situaciones puntuales: aprobar un examen, beber un vaso de agua fresca despu?s de un d?a de trabajo agotador, recibir el abrazo de un ser querido. Podemos traer a la memoria situaciones m?s prolongadas: unos d?as de vacaciones de verano, un trabajo que nos ha gustado de verdad, haber visto c?mo un familiar enfermo se curaba, o que un hijo dejaba la droga y empezaba a tomar la vida entre sus manos.

Pero en los momentos m?s fugaces o en esos d?as o meses m?s largos, queda casi siempre un cierto temor, una inquietud, un tintineo interior que nos susurra: ?todo puede cambiar en un momento, no has llegado a un jard?n de eternas delicias?.?

No se trata de ser fatalistas, sino de aceptar ese misterio de la vida que da mil vueltas cuando menos lo esperamos.?

La historia (antigua y reciente) lo recuerda de tantos modos. Una guerra deja, en pocos d?as, miles de hu?rfanos y viudas. Bastan treinta segundos para que un terremoto cambie la vida de miles de familias. Incluso un peque?o virus ?recogido? en el metro o en el avi?n es suficiente para que un hombre de negocios, un turista o un m?dico, y luego cientos de personas, contraigan una enfermedad desconocida y lleguen a las puertas de la muerte en el momento menos programado de la agenda...?

En un mundo tan fr?gil, tan cambiante, ?es posible ser felices, de verdad, profundamente??

Jes?s nos ense?a en el Evangelio a mirar los lirios del campo, a las aves del cielo, y a confiar. Es verdad que un animal no piensa en la felicidad, ni una planta disfruta ni sabe que puede disfrutar m?s. Pero cada uno de esos peque?os compa?eros de camino vive con sencillez su presente. Nos ense?a, sin palabras, que vale la pena vivir con un amor sencillo a un Dios que nos ha hecho hermanos y nos llama a su encuentro cuando este mundo deje paso al cielo en el que nos espera con afecto.?

La felicidad profunda del coraz?n no est? en lo que tengamos o gocemos unos momentos de paz o unos d?as de descanso. Est? en saber que alguien nos quiere, nos espera, nos rescata. Est? en recordar que si no falta comida a un cuervo que grazna tampoco Dios podr? olvidar a sus hijos hombres, aunque a veces, por nuestra culpa, falte el pan al hermano que vive a nuestro lado. Est? en levantarnos una y mil veces para romper con ese pecado que nos enga?? con una felicidad de espejismo, barata y, en el fondo, triste y vergonzosa. Est? en perdonar, porque antes Dios nos quiso perdonar a nosotros, a pesar de todo, simplemente porque nos amaba.?

No es tan dif?cil, por lo tanto, encontrar el secreto para ser felices. Basta con dejarnos amar y con amar sin medida, sin l?mites, como ama el Padre de los cielos.?

Basta... Parecer? dif?cil, casi heroico, pero no podemos dejar de explorar ese camino que nos abri? Cristo en el Evangelio. La alegr?a que vemos en tantos santos es la seguridad de que s? se puede ser felices si empezamos a caminar con Dios a nuestro lado.


Publicado por mario.web @ 17:14
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