Lunes, 22 de noviembre de 2010

Queridos hermanos y hermanas:

1.?Con gusto recibo hoy a los miembros de la?Obra de la Iglesia?que, formando este numeroso grupo, hab?is querido peregrinar hasta Roma para renovar los sentimientos de amor y afecto al Papa, Sucesor del ap?stol Pedro, y el compromiso de entrega y servicio a la Iglesia de Jesucristo. Os mueve a ello la reciente aprobaci?n pontificia de vuestra Obra, que ha sido reconocida como?instituci?n eclesial, compuesta por las tres ramas de vida consagrada: sacerdotal, laical masculina y femenina, en torno a las cuales se organizan las dem?s ramas: adheridos, militantes y colaboradores. Al daros la bienvenida, os agradezco vuestra presencia aqu? y, de modo especial, todo lo que hac?is en los diversos campos de apostolado que los obispos os han confiado.

2.?La Obra de la Iglesia surgi? en 1959, de manos de la que hoy es vuestra presidenta, la Madre Trinidad S?nchez Moreno. Posteriormente, erigida como P?a Uni?n en la archidi?cesis de Madrid, ha ido recorriendo diversas etapas hasta llegar al momento, tan deseado por la fundadora y por todos los miembros, de la promulgaci?n del decreto que la reconoce como de derecho pontificio. En estos a?os la Obra de la Iglesia se ha distinguido por su fidelidad y amor al Papa, as? como por su esp?ritu de cooperaci?n en las di?cesis donde tiene centros. Por esto hab?is querido estar tambi?n presentes en Roma, ofreciendo vuestra colaboraci?n en algunos campos de apostolado. As? lo pude comprobar en la visita pastoral que realic? a la parroquia Nuestra Se?ora de Valme, confiada a sacerdotes de vuestra instituci?n, conociendo m?s de cerca las actividades que llev?is a cabo.

3.?En este encuentro de hoy deseo animaros a vivir con generosidad el misterio de la Iglesia, que en Cristo ?es como un sacramento o signo e instrumento de la uni?n ?ntima con Dios y de la unidad de todo el g?nero humano? (Lumen gentium, 1). Para ello, seguid trabajando con fidelidad al Papa y a los obispos, para mostrar a los hombres de nuestro tiempo lo bello y atractivo de ese don de Dios a la humanidad, como es su Iglesia.

A este respecto, siguiendo las orientaciones de mi exhortaci?n apost?lica?Vita consecrata, es aconsejable que los consagrados y consagradas reciban una formaci?n permanente mediante una adecuada formaci?n teol?gica, conscientes de que de ellos se espera una nueva y luminosa propuesta de amor, con el testimonio de una castidad que agranda el coraz?n, de una pobreza que elimina barreras y de una obediencia que construye comuni?n en la comunidad, en la Iglesia y en el mundo. Todos, adem?s, deb?is profundizar en las ense?anzas que la Escritura y la Tradici?n nos presentan sobre la Iglesia, de modo que vuestro amor a ella est? basado en la s?lida doctrina que despu?s transmitir?is en vuestros apostolados.

4.?La Virgen Mar?a, proclamada Madre de la Iglesia, fue presentada por el concilio Vaticano II como ?ejemplo de aquel amor de madre que debe animar a todos los que colaboran en la misi?n apost?lica de la Iglesia para engendrar a los hombres a una vida nueva? (ib., 65). Que su materna intercesi?n os acompa?e en vuestro camino y os haga ser fieles a los compromisos que, d?ciles al Esp?ritu Santo, hab?is asumido para gloria de Dios y servicio de la Iglesia. Que os sea tambi?n de ayuda la bendici?n apost?lica que os imparto con afecto.

http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/speeches/1998/march/documents/hf_jp-ii_spe_19980307_opera-chiesa_sp.html


Publicado por mario.web @ 19:46
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