Mi?rcoles, 24 de noviembre de 2010

Roma, 21 de noviembre de 2010

A los miembros y a los amigos del?Regnum Christi
con ocasi?n de la solemnidad de Cristo Rey

Muy estimados en Jesucristo:

Como ya es tradici?n dentro del?Regnum Christi, la celebraci?n de Cristo Rey nos da la oportunidad de vivir este momento espiritual en familia. Que esta carta les lleve mi saludo y la seguridad de mis oraciones por cada uno de ustedes.

Este a?o contamos con la gracia de la cercan?a del Santo Padre a trav?s del nombramiento de su?delegado, el Cardenal Velasio De Paolis. No cabe duda que su presencia entre nosotros ha sido una verdadera bendici?n de Dios. En su primera carta, escrita a los legionarios y miembros consagrados, nos dec?a que esta labor de revisi?n y renovaci?n debe estar basada en una s?lida?vida de oraci?n y en la b?squeda de la santidad por el seguimiento m?s fiel de Jesucristo, y nos invitaba a sostenernos ?en la fidelidad a Jes?s, Rey de Reyes, Se?or de Se?ores: el Todo de nuestra vida? (carta del 10 de julio de 2010).

Dios nos est? llamando a ver cada d?a su mano amorosa detr?s de nuestra vocaci?n que ?viene del Coraz?n de Jes?s, de su amor. Quien ha comenzado su obra en el coraz?n de cada uno de nosotros, quien os ha preservado de los peligros que os han amenazado, la quiere llevar a cumplimiento??(idem). Tenemos todo un camino por delante que debemos recorrer con mucha confianza, audacia y paciencia, tal como el cardenal De Paolis nos ha insistido, pero sobre todo, buscando con sinceridad la santidad de vida.

El Evangelio de este d?a nos muestra a Jes?s crucificado, despreciado por quienes pasan a su lado, insultado por los soldados y por uno de los ladrones que sufr?a su misma suerte. Sin embargo, en ese momento de total humillaci?n, ?l sigue siendo Rey y, en su infinita majestad y bondad es capaz de perdonar y admitir a su Reino al ?buen ladr?n? que le reconoce como su salvador e implora su misericordia. Cu?nto nos recuerda esta imagen aquellas palabras que el mismo Jes?s nos dijo en el Evangelio: ?Venid a m? todos los que est?is fatigados y sobrecargados, y yo os dar? descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de m?, que soy manso y humilde de coraz?n; y hallar?is descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera? (Mt?11, 28-30).

Son tres las cosas que Jes?s nos pide,?venid,?tomad?y?aprended, y en las que quisiera detenerme brevemente para que reflexionemos juntos. En su viaje al Reino Unido, el Santo Padre dio un bell?simo saludo a los j?venes que estaban reunidos en el atrio de la catedral de Westminster. Esas palabras nos pueden ayudar a ilustrar estas tres acciones a las que Jesucristo nos invita.

1. Venid

Jes?s nos invita?a estar con ?l, a conocerlo mejor: ?Jes?s est? siempre all?, esperando serenamente que permanezcamos junto a ?l y escuchemos su voz. En lo profundo de vuestro coraz?n, os llama a dedicarle tiempo en la oraci?n [?] A menudo significa esperar a que el Se?or hable. Incluso en medio del ?ajetreo? y las presiones de nuestra vida cotidiana, necesitamos espacios de silencio, porque en el silencio encontramos a Dios, y en el silencio descubrimos nuestro verdadero ser? (S.S. Benedicto XVI, saludo a los j?venes en el atrio de la catedral de Westminster, 18 de septiembre de 2010). Es Cristo quien toca nuestra puertaen cada momento, deseoso de entrar y quedarse con nosotros. Ya habita en nuestra alma por el bautismo, pero espera que cada d?a le abramos de par en par las puertas de nuestro coraz?n. ?l respeta nuestra libertad, como describen de manera tan hermosa los versos de Lope de Vega: ??Qu? tengo yo que mi amistad procuras? ?Qu? inter?s se te sigue Jes?s M?o, que a mis puertas cubierto de roc?o, pasas las noche del invierno oscuras??.

Celebrar a Cristo Rey nos recuerda lo que debe ser el centro y motivo ?nico de nuestra misi?n como cristianos: centrarnos en Aqu?l que da sentido a nuestra entrega de cada d?a. Le pedimos en cada momento que ?l sea el Rey y Se?or de nuestras vidas, de nuestras familias, de nuestra Iglesia, del?Regnum Christi. Dejarlo reinar a ?l es el camino m?s corto y seguro para la paz interior, es reconocer lo que ya sabemos en nuestro coraz?n: que hemos de pensar m?s en ?l y menos en nosotros, hablar m?s de ?l y menos de nosotros, tanto desde la perspectiva personal como institucional. A fin de cuentas, sabemos que en su amor est? la ?nica fuente de nuestra alegr?a. Lo dem?s pasa, su amor siempre se queda y se difunde, transformando y renovando todo con la suavidad de su presencia. Y para ser muy concretos, pido a Dios que este ?venid? signifique para muchos de nosotros un amor m?s grande a Cristo Eucarist?a: pasar m?s tiempo a su lado.

2. Tomad

Del encuentro con Jesucristo nos surge la necesidad de?compartir su vida, de?tomar su yugo, que nos libera de la esclavitud del ego?smo y del pecado como su consecuencia. All? descubrimos qui?nes somos y ?al descubrir nuestro verdadero yo, descubrimos la vocaci?n particular a la cual Dios nos llama para la edificaci?n de su Iglesia y la redenci?n de nuestro mundo? (cf.?S.S. Benedicto XVI, saludo a los j?venes). Fue la experiencia de los primeros disc?pulos. Dice el Evangelio que Jes?s llam? a los que quiso para que estuvieran con ?l y para enviarlos a predicar (cf.?Mc?3, 13-14). En ese contacto diario con Jes?s, al verlo predicar el Evangelio, sanar a los enfermos, darse a las ovejas sin medida, los ap?stoles aprendieron lo que significaba tomar el yugo de Cristo. En la Eucarist?a nos unimos con Cristo y con nuestros hermanos. Es ah? donde se hace patente que formamos un solo cuerpo, un solo coraz?n y una sola alma. Es ah? donde colocamos nuestras dificultades, diferencias, cansancios, dudas, temores, alegr?as y tristezas.

Cristo es el centro de nuestras vidas, la pasi?n de nuestros corazones; ?l es quien da sentido a nuestro arrojo misionero. La raz?n de ser de nuestra misi?n es predicar a Cristo con nuestra palabra y ejemplo. Incluso la caridad, centro de nuestra espiritualidad, es consecuencia de la contemplaci?n de Cristo y del encuentro con ?l a trav?s de los sacramentos y la oraci?n; no es un esfuerzo nuestro, sino aceptar el mismo tipo de amor que ?l nos muestra y nos regala; el amor que ?l nos ha tenido en la encarnaci?n. Todo se unifica ah?, como recordamos en las palabras de santa Teresa del Ni?o Jes?s, cuando buscaba cu?l era la vocaci?n a la que Dios la llamaba: ?La caridad me dio la clave de mi vocaci?n. Comprend? que si la Iglesia ten?a un cuerpo, compuesto de diferentes miembros, no pod?a faltarle el m?s necesario, el m?s noble de todos ellos. Comprend? que la Iglesia ten?a un coraz?n, y que ese coraz?n estaba ardiendo de amor. Comprend? que s?lo el amor pod?a hacer actuar a los miembros de la Iglesia; que si el amor llegase a apagarse, los ap?stoles ya no anunciar?an el Evangelio y los m?rtires se negar?an a derramar su sangre? Comprend? que el amor encerraba en s? todas las vocaciones, que el amor lo era todo, que el amor abarcaba todos los tiempos y lugares? En una palabra, ?que el amor es eterno! Entonces, al borde de mi alegr?a exclam?: ?Jes?s, amor m?o? al fin he encontrado mi vocaci?n! ?Mi vocaci?n es el amor?!? (Manuscritos autobiogr?ficos).

De esta vocaci?n al amor proceden los frutos que san Pablo menciona en su carta a los Colosenses: ?Revest?os, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, de entra?as de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia, soport?ndoos unos a otros y perdon?ndoos mutuamente, si alguno tiene queja contra otro. Como el Se?or os perdon?, perdonaos tambi?n vosotros? (Col?3, 12). ?ste es el secreto de la verdadera libertad y paz interior. Por esto nos reconocer?n que somos disc?pulos de Cristo.

3. Aprended

A partir de ese estar con Cristo en la oraci?n y compartir su vida, comenzamos a?aprender de ?l; nuestro modo de vivir, nuestros criterios, nuestras mismas relaciones con los dem?s se van transformando seg?n el querer de Cristo. De este modo descubrimos, como dec?a el Papa a los j?venes en el mismo saludo, que ?hemos sido creados tambi?n para dar amor, para hacer de ?l la fuente de cuanto realizamos y lo m?s perdurable de nuestras vidas? (S.S. Benedicto XVI, saludo a los j?venes). Cuando preguntan a Cristo en el Evangelio si es Rey, nos ense?a que su reinado no es de poder temporal ni de protagonismo, de logros y triunfos humanos. Basta verle en la cruz.

El cristiano reina siendo servidor de todos. Cristo es magn?nimo y perdona a todos. En este sentido, dentro de los momentos que Dios ha permitido que pasemos en la Legi?n de Cristo y en el Movimiento, tambi?n quisiera yo pedirles perd?n de coraz?n por haberles hecho m?s pesada su cruz con mi personalidad, errores y defectos. ?Cu?nto quisiera acompa?arles en las cruces que Dios ha permitido en sus vidas! Le pido a Dios que tenga misericordia y que ?l saque un bien mayor, a pesar de las carencias humanas, y que nos ense?e a ser buenos cirineos unos de otros. ?C?mo ser?a el mundo si nosotros nos am?semos como Cristo nos am????l, que es Rey, nos ense?? todas las virtudes con sus palabras y ejemplo. ?C?mo ser?a el mundo si trat?semos a los dem?s como ?l nos trata? ?Si perdon?semos y tuvi?semos misericordia de todos, como ?l la tiene con sus hijos? Cu?nto cambiar?an nuestros corazones si tuvi?semos la paciencia con los dem?s, como ?l la tiene con nosotros, su bondad, su cercan?a y su amor hasta la muerte de cruz. Eso es verdaderamente reinar con Cristo.
???
Nuestra vocaci?n es una iniciativa del amor que Cristo nos tiene. Por ello nuestro actuar se debe traducir en anunciar ese amor, el ejemplo que ?l nos da, la amistad que ?l nos ofrece; no tenemos otro mensaje ni otra raz?n de ser. Pero se trata de anunciar un amor que antes debemos haber contemplado en la oraci?n y experimentado en nuestra propia vida. Es all? donde aprendemos a amar. La Iglesia y los hombres sufren. Pensemos en nuestros hermanos cristianos perseguidos, en la sociedad que hace a un lado a Dios y que hace opacar la fuerza del amor. Tenemos una vida muy breve. Unamos nuestras fuerzas para hacer el bien, sin cansarnos de hacer el bien. Renovemos el entusiasmo por la santidad y por la misi?n.

En este sentido, renovar cada d?a nuestra identidad desde el Coraz?n de Cristo se transforma en algo liberador. Nuestra misi?n no es predicarnos a nosotros mismos, ni preocuparnos por nosotros mismos, ni agitarnos por lo que se diga de nosotros. Una actitud as? nos lleva al cansancio. Dios nos llama a volcarnos hacia ?l. Reconocerle como nuestra verdad, como nuestro mensaje, como nuestra respuesta y soluci?n, crea en nuestro interior una gran sensaci?n de solidez, de seguridad y de autenticidad que no provienen de nuestras propias fuerzas, sino de la pura bondad de Dios.

Dios quiera que estas reflexiones nos ayuden a dar a Cristo la primac?a en nuestras vidas y ayudar a todos los cristianos a hacer lo mismo. Si s?lo hablamos sobre la caridad, en realidad teorizamos en vez de poner en pr?ctica lo que Cristo ya vivi? y nos llama hoy a vivir. Y si buscamos la fuente de donde alimentar la caridad vivida, la encontramos en su Coraz?n.

Que la Virgen Mar?a nos acompa?e y anime siempre en este hermoso momento de la historia que Dios nos da como una oportunidad para corregir y mejorar, con tal de parecernos m?s a ?l y servir mejor a nuestras familias, a nuestras comunidades y a todas las personas.

De ustedes afect?simo en Jesucristo y seguro servidor,

?lvaro Corcuera, L.C.

http://meditaciones.regnumchristi.org/


Publicado por mario.web @ 10:25
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios