Lunes, 29 de noviembre de 2010

En un n?mero reciente de la revista TIME apareci? un trabajo
de James Poniewozik sobre por qu? hoy los artistas, al menos en su
materia, tienden a fijarse m?s en la infelicidad y desgracia que en
la felicidad. Los artistas exploran emociones, y recientemente, como
?l lo explica, est?n optando generalmente por explorar las
emociones que nos hacen sentir fatales. La alegr?a ya no es de
ninguna manera su modelo. Ha pasado ya mucho tiempo desde que alguien
(Bach) produjo una pieza musical maestra y la llam?: "Una Oda a
la Alegr?a". Quiz?s Le?n Tolstoy habl? como portavoz del
arte moderno cuando dijo: "Todas las familias felices son
iguales", implicando que son familias aburridas, mientras que las
infelices no lo son.

?Por qu?? ?Qu? hay detr?s de esto? ?Acaso hay una
profundidad especial en la desgracia o infelicidad? ?Es acaso m?s
interesante lo quebrado que lo entero? ? Es acaso la infelicidad
m?s bella que la felicidad? ?Por qu? hay tantos artistas
esc?pticos acerca de la alegr?a?

[4] Poniewozik sospecha que el problema no consiste en que los
artistas sean esc?pticos acerca de la alegr?a, sino que reaccionan
est?ticamente, como se debe, a todo lo que es demasiado dulzarr?n,
a los millones y millones de sonrisas superficiales y no solicitadas que
nos saludan desde cada pasqu?n o valla publicitaria, de cada
p?gina de revista ilustrada y de cada anuncio televisivo. Todas y
cada una de las personas que vemos ah? est?n sonriendo, en
perfecta salud, con dentadura perfecta, cabello perfecto, familia
perfecta, sugiriendo una vida perfecta debajo de todas esas apariencias.

La felicidad se muestra tan f?cil, al menos as? lo
parecer?a, realmente sin esfuerzo; todas las luchas profundas de
nuestro esp?ritu se pueden dejar a un lado y esquivar simplemente
usando el correcto jab?n de lavar, comiendo hamburguesas bajas en
carbohidratos, eligiendo el shampoo y el maquillaje correctos, portando
el celular (m?vil) correcto, haciendo la selecci?n de vino
correcta y conduciendo el coche (carro) correcto. El aire mismo que
inhalamos sugiere que, ya que todos los dem?s seres humanos est?n
sonriendo y son felices, realmente no hay excusa para sentir la pesadez
que interiormente experimentamos.

Pero cuando se promete la felicidad de esta forma tan f?cil
-afirma Poniewozik-, alguien tiene que decir que es correcto sentirse
infeliz y desgraciado y no estar sonriendo sin parar todo el tiempo.

Anteriormente, la Iglesia hizo eso precisamente. Ten?a
s?mbolos religiosos (Cuaresma, ceniza, ayuno, limosna, penitencia)
que nos recordaban cada d?a que viv?amos en un mundo destrozado,
en medio de sue?os fracturados, que la vida era una lucha, que era
dif?cil conseguir la felicidad, que ?ramos siempre vulnerables,
que la muerte representaba una constante amenaza. La religi?n nos
hizo conscientes de que la humanidad hab?a ca?do en desgracia, que
?ramos desdichados, necesitados de la ayuda de Dios, que est?bamos
aqu? en la tierra como peregrinos sin casa aut?ntica, que
ten?amos que esperar para conseguir la verdadera alegr?a, que lo
sublime llegaba solamente despu?s de una penosa sublimaci?n y que
viv?amos en "un valle de l?grimas" en el que no
deber?amos tener demasiadas expectaciones.

Sin embargo, mucho de esto suena hoy como bastante morboso, en una
cultura en la que precisamente predomina la promesa de una felicidad
f?cil de lograr, de sonrisas f?ciles y de conseguir la sinfon?a
completa aqu? y ahora, sin sublimaci?n alguna. Cuando la felicidad
parece tan f?cil ?c?mo, podemos entonar una canci?n que
proclame que la divina dulzura se asienta en el sentimiento de que Dios
puede salvar a "desgraciados" como nosotros? As? no es de
extra?ar que ofrezcamos resistencia a palabras como pecado, sentirse
indigno, purgatorio, muerte.

Si la belleza, la felicidad y el amor fueran tan sencillos y
f?ciles como sugiere enga?osamente el ?ltimo anuncio comercial
de la televisi?n, ?por qu?, como el profeta Isa?as,
habr?a de sentirme tan indigno de ellos que hubiera de desear
purificarme a m? mismo con un carb?n ardiendo?

Pero, y aqu? est? la verdadera cuesti?n, cuando ya no me
veo a m? mismo como un peregrino en un mundo ca?do y venido a
menos, como un "des-graciado" necesitado de la gracia, y como
viviendo en un "valle de l?grimas", entonces no se me permite
sentirme moralmente infeliz y desgraciado, sentir como si yo me hubiera
perdido la oportunidad de mi vida. Tampoco se me permite quedarme solo
una noche de viernes, sin un alma gemela al lado, solitario, herido por
relaciones rotas, atrapado dentro de una familia que no funciona,
frustrado dentro de una iglesia que est? lejos de ser perfecta, sin
buena salud e intentando encontrar felicidad con un cuerpo imperfecto o
con un empleo igualmente imperfecto.

Hoy muchos de nuestros artistas nos ofrecen lo que la Iglesia
sol?a hacer, es decir, nos est?n diciendo que est? bien no
sentirnos felices siempre y que, si nos esforzamos por estar sonriendo
constantemente, estamos probablemente neg?ndonos a nosotros mismos,
porque la vida no es as? de f?cil y sencilla, la alegr?a se nos
escurre y quiz?s podamos encontrarla solamente en lugares donde no la
hemos estado buscando ?ltimamente.

Hay muchas razones por las que los artistas tienden a centrarse en
lo que resulta desgraciado e infeliz.

En parte se debe al temperamento art?stico mismo, a su
hipersensibilidad, a su atormentada complejidad, a su capacidad de dar
nombre a lo que yace debajo de la superficie, a su sensibilidad para
percibir c?mo la belleza se revela a s? misma ("As? es
c?mo la luz penetra") a trav?s de las grietas de nuestro
destrozo personal. En parte tambi?n -y esto es menos
halag?e?o-, es pura arrogancia, elitismo, un intelectualismo
condescendiente que puede montar f?cilmente una ideolog?a
partiendo de de la infelicidad, porque cree secretamente que las
alegr?as ordinarias y los anuncios comerciales de lavander?a
est?n por debajo de su dignidad.

Pero en parte tambi?n la postura de los artistas es una actitud
que ve a la vida con suficiente profundidad como para entender que la
felicidad no es cosa f?cil, que una sonrisa aut?ntica habr?a de
brotar motivada por algo m?s que, justamente, la correcta pasta de
dientes, que hay problemas que no pueden resolverse por un
"software" de ?ltima hora, que en la vida hay tambi?n
etapas de soledad y que la honestidad nos obliga a admitir que no
siempre podemos andar por el mundo sonrientes y felices.


Publicado por mario.web @ 8:08
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