Lunes, 27 de diciembre de 2010



Queridos hermanos y hermanas:

En la v?spera de su Pasi?n, durante la Cena pascual, el Se?or tom? el pan en sus manos --como hemos escuchado hace poco en el Evangelio-- y, tras pronunciar la bendici?n, lo rompi? y lo dio a sus disc?pulos diciendo: ?Tomad, este es mi cuerpo?. Despu?s tom? el c?liz, dio gracias, se lo dio y todos bebieron de ?l. Y dijo: ?Esta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos? (Marcos 14, 22-24). Toda la historia de Dios con los hombres se resume en estas palabras. No s?lo recuerdan e interpretan el pasado, sino que anticipan tambi?n el futuro, la venida del Reino de Dios en el mundo. Jes?s no s?lo pronuncia palabras. Lo que ?l dice es un acontecimiento, el acontecimiento central de la historia del mundo y de nuestra vida personal.

Estas palabras son inagotables. Quisiera meditar con vosotros en este momento en un solo aspecto. Jes?s, como signo de la presencia, escogi? el pan y el vino. Con cada uno de los dos signos se entrega totalmente, no s?lo una parte de s?. El Resucitado no est? dividido. ?l es una persona que, a trav?s de los signos, se acerca a nosotros y se une a nosotros. Los signos, sin embargo, representan de manera clara cada uno de los aspectos particulares de su misterio y, con su manera t?pica de manifestarse, nos quieren hablar para que aprendamos a comprender algo m?s del misterio de Jesucristo. Durante la procesi?n y en la adoraci?n, nosotros miramos a la Hostia consagrada, la forma m?s sencilla de pan y de alimento, hecho simplemente con algo de harina y de agua. La oraci?n con la que la Iglesia durante la liturgia de la misa entrega este pan al Se?or lo presenta como fruto de la tierra y del trabajo del hombre. En ?l queda recogido el cansancio humano, el trabajo cotidiano de quien cultiva la tierra, de quien siembra, cosecha y finalmente prepara el pan. Sin embargo, el pan no es s?lo un producto nuestro, algo que nosotros hacemos; es fruto de la tierra y, por tanto, es tambi?n un don. El hecho de que la tierra d? fruto no es m?rito nuestro; s?lo el Creador pod?a darle la fertilidad. Y ahora podemos tambi?n ampliar algo esta oraci?n de la Iglesia, diciendo: el pan es fruto de la tierra y al mismo tiempo del cielo. Presupone la sinergia de las fuerzas de la tierra y de los dones de lo alto, es decir, del sol y de la lluvia. Y el agua, de la que tenemos necesidad para preparar el pan, no la podemos producir nosotros. En un per?odo en el que se habla de la desertizaci?n y en el que escuchamos denunciar el peligro de que los hombres y los animales mueran de sed en las regiones sin agua, volvemos a darnos cuenta de la grandeza del don del agua y de que no podemos proporcion?rnoslo por nosotros mismos.

Entonces, al contemplar m?s de cerca este peque?o pedazo de Hostia blanca, este pan de los pobres, se nos presenta como una s?ntesis de la creaci?n. Se unen el cielo y la tierra, as? como actividad y esp?ritu del hombre. La sinergia de las fuerzas que hace posible en nuestro pobre planeta el misterio de la vida y de la existencia del hombre nos sale al paso en toda su maravillosa grandeza.

De este modo, comenzamos a comprender por qu? el Se?or escoge este pedazo de pan como su signo. La creaci?n con todos sus dones aspira m?s all? de s? misma hacia algo que es todav?a m?s grande. M?s all? de la s?ntesis de las propias fuerzas, m?s all? de la s?ntesis de naturaleza y esp?ritu que en cierto sentido experimentamos en el pedazo de pan, la creaci?n est? orientada hacia la divinizaci?n, hacia los santos desposorios, hacia la unificaci?n con el Creador mismo.

Pero todav?a no hemos explicado plenamente el mensaje de este signo de pan. El Se?or hizo referencia a su misterio m?s profundo en el Domingo de Ramos, cuando le presentaron la petici?n de unos griegos que quer?an encontrarse con ?l. En su respuesta a esta pregunta, se encuentra la frase: ?En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda ?l solo; pero si muere, da mucho fruto? (Juan 12, 24). En el pan, hecho de granos molidos, se esconde el misterio de la Pasi?n. La harina, el grano molido, presupone el morir y el resucitar del grano. El ser molido y cocido manifiesta una vez m?s el mismo misterio de la Pasi?n. S?lo a trav?s del morir llega el resurgir, llega el fruto y la nueva vida. Las culturas del Mediterr?neo, en los siglos anteriores a Cristo, hab?an intuido profundamente este misterio. Bas?ndose en la experiencia de este morir y resurgir, concibieron mitos de divinidades, que muriendo y resucitando daban nueva vida. El ciclo de la naturaleza les parec?a como una promesa divina en medio de las tinieblas del sufrimiento y de la muerte que se nos imponen. En estos mitos, el alma de los hombres, en cierto sentido, se orientaba hacia ese Dios que se hizo hombre, que se humill? hasta la muerte en la cruz y que de este modo abri? para todos nosotros la puerta de la vida. En el pan y en su devenir, los hombres han descubierto una especie de expectativa de la naturaleza, una especie de promesa de la naturaleza de que esto habr?a tenido que existir: el Dios que muere de este modo nos lleva a la vida.

Ha sucedido realmente con Cristo lo que en los mitos era una expectativa y lo que el mismo grano esconde como signo de la esperanza de la creaci?n. A trav?s de su sufrimiento y de su muerte libre, ?l se convirti? en pan para todos nosotros y, de este modo, en esperanza viva y cre?ble: ?l nos acompa?a en todos nuestros sufrimientos hasta la muerte. Los caminos que ?l recorre con nosotros y a trav?s de los cuales nos conduce a la vida son caminos de esperanza.

Al contemplar en adoraci?n a la Hostia consagrada, nos habla el signo de la creaci?n. Entonces nos encontramos con la grandeza de su don; pero nos encontramos tambi?n con la Pasi?n, con la Cruz de Jes?s y su resurrecci?n. A trav?s de esta contemplaci?n en adoraci?n, ?l nos atrae hacia s?, penetrando en su misterio, por medio del cual quiere transformarnos, como transform? la Hostia.

La Iglesia primitiva encontr? en el pan un signo m?s. La ?Doctrina de los doce ap?stoles?, un libro redactado en torno al a?o 100, refiere en sus oraciones la afirmaci?n: ?Que as? como este pan partido estaba esparcido sobre las colinas y es reunido en una sola cosa, del mismo modo tu Iglesia sea reunida desde los confines de la tierra en tu Reino? (IX, 4). El pan, hecho de muchos granos de trigo, encierra tambi?n un acontecimiento de uni?n: el convertirse en pan de granos molidos es un proceso de unificaci?n. Nosotros mismos, de los muchos que somos, tenemos que convertirnos en un solo pan, en su solo cuerpo, nos dice san Pablo (1 Corintios 10, 17). De este modo, el pan se convierte al mismo tiempo en esperanza y tarea.

De manera semejante tambi?n nos habla el signo del vino. Ahora bien, mientras el pan hace referencia a lo cotidiano, a la sencillez y a la peregrinaci?n, el vino expresa la exquisitez de la creaci?n: a trav?s de este signo menciona la fiesta de alegr?a que Dios quiere ofrecernos al final de los tiempos y que anticipa ahora, siempre de nuevo. Pero el vino tambi?n habla de la Pasi?n: la vid tiene que ser podada repetidamente para poder purificarse; la uva tiene que madurar bajo el sol y la lluvia y tiene que ser pisada: s?lo a trav?s de esta pasi?n madura un vino apreciado.

En la fiesta del Corpus Christi contemplamos sobre todo el signo del pan. Nos recuerda tambi?n la peregrinaci?n de Israel durante los cuarenta a?os en el desierto. La Hostia es nuestro man? con el que el Se?or nos alimenta, es verdaderamente el pan del cielo, con el que ?l verdaderamente se entrega a s? mismo. En la procesi?n, seguimos este signo y de este modo le seguimos a ?l mismo. Y le pedimos: ?gu?anos por los caminos de nuestra historia! ?Vuelve a mostrar a la Iglesia y a sus pastores siempre de nuevo el camino justo! ?Mira a la humanad que sufre, que vaga insegura entre tantos interrogantes; mira el hambre f?sica y ps?quica que le atormenta! ?Da a los hombres el pan para el cuerpo y para el alma! ?Dales trabajo! ?Dales luz! ?Dales a ti mismo! ?Purif?canos y santif?canos a todos nosotros! Haznos comprender que s?lo a trav?s de la participaci?n en tu Pasi?n, a trav?s del ?s?? a la cruz, a la renuncia, a las purificaciones que t? nos impones, nuestra vida puede madurar y alcanzar su aut?ntico cumplimiento. Re?nenos desde todos los confines de la tierra. ?Une a tu Iglesia, une a la humanidad lacerada! ?Danos tu salvaci?n! ?Am?n!


Homil?a de Benedicto XVI en el Corpus Christi 2006

?



Publicado por mario.web @ 17:22
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios