Martes, 28 de diciembre de 2010

La liturgia invita a la Iglesia a renovar su anuncio a todos los pueblos y lo resume en dos palabras: Dios viene. Esta expresi?n tan sint?tica contiene una fuerza de sugesti?n siempre nueva.


Deteng?monos un momento a reflexionar: no usa el pasado--Dios ha venido-- ni el futuro, --Dios vendr?--, sino el presente: Dios viene. Si prestamos atenci?n, se trata de un presente continuo, es decir, de una acci?n que siempre tiene lugar: est? ocurriendo, ocurre ahora y ocurrir? una vez m?s. En cualquier momento, ?Dios viene?.


El verbo ?venir? se presenta como un verbo ?teol?gico?, incluso ?teologal?, porque dice algo que tiene que ver con la naturaleza misma de Dios. Anunciar que ?Dios viene? significa, por lo tanto, anunciar simplemente al mismo Dios, a trav?s de uno de sus rasgos esenciales y significativos: es el Dios-que-viene.

El Adviento invita a los creyentes a tomar conciencia de esta verdad y a actuar coherentemente. Resuena como un llamamiento provechoso que tiene lugar con el pasar de los d?as, de las semanas, de los meses: ?Despierta! ?Recuerda que Dios viene! ?No vino ayer, no vendr? ma?ana, sino hoy, ahora! El ?nico verdadero Dios, el Dios de Abraham, de Isaac y Jacob? no es un Dios que est? en el cielo, desinteres?ndose de nosotros y de nuestra historia, sino que es el Dios-que-viene.

Es un Padre que no deja nunca de pensar en nosotros, respetando totalmente nuestra libertad: desea encontrarnos, visitarnos, quiere venir, vivir en medio de nosotros, permanecer en nosotros. Este ?venir? se debe a su voluntad de liberarnos del mal y de la muerte, de todo aquello que impide nuestra verdadera felicidad, Dios viene a salvarnos.

Vivamos pues este nuevo Adviento --tiempo que nos regala el Se?or del tiempo--, despertando en nuestros corazones la espera del Dios-que-viene y la esperanza de que su nombre sea santificado, de que venga su reino de justicia y de paz, y que se haga su voluntad as? en el cielo como en la tierra.

Dej?monos guiar en esta espera por la Virgen Mar?a, madre del Dios-que-viene, Madre de la Esperanza, a quien celebraremos dentro de unos d?as como Inmaculada: que nos conceda la gracia de ser santos e inmaculados en el amor cuando tenga lugar la venida de nuestro Se?or Jesucristo, a quien, con el Padre y el Esp?ritu Santo, se alabe y glorifique por los siglos de los siglos. Am?n.


Extracto de la homil?a que pronunci? Benedicto XVI durante la celebraci?n de las v?speras del primer domingo de Adviento. Diciembre 2006

Autor: SS Benedicto XVI


Publicado por mario.web @ 8:38
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