Martes, 28 de diciembre de 2010

En estos ?ltimos d?as del Adviento, la liturgia nos invita a contemplar de modo especial a la Virgen Mar?a y a san Jos?, que vivieron con intensidad ?nica el tiempo de la espera y de la preparaci?n del nacimiento de Jes?s. Hoy deseo dirigir mi mirada a la figura de san Jos?. (......)

Desde luego, la funci?n de san Jos? no puede reducirse a un aspecto legal. Es modelo del hombre "justo" (Mt 1, 19), que en perfecta sinton?a con su esposa acoge al Hijo de Dios hecho hombre y vela por su crecimiento humano. Por eso, en los d?as que preceden a la Navidad, es muy oportuno entablar una especie de coloquio espiritual con san Jos?, para que ?l nos ayude a vivir en plenitud este gran misterio de la fe.

El amado Papa Juan Pablo II, que era muy devoto de san Jos?, nos ha dejado una admirable meditaci?n dedicada a ?l en la exhortaci?n apost?lica Redemptoris Custos, "Custodio del Redentor". Entre los muchos aspectos que pone de relieve, pondera en especial el silencio de san Jos?. Su silencio estaba impregnado de contemplaci?n del misterio de Dios, con una actitud de total disponibilidad a la voluntad divina. En otras palabras, el silencio de san Jos? no manifiesta un vac?o interior, sino, al contrario, la plenitud de fe que lleva en su coraz?n y que gu?a todos sus pensamientos y todos sus actos.

Un silencio gracias al cual san Jos?, al un?sono con Mar?a, guarda la palabra de Dios, conocida a trav?s de las sagradas Escrituras, confront?ndola continuamente con los acontecimientos de la vida de Jes?s; un silencio entretejido de oraci?n constante, oraci?n de bendici?n del Se?or, de adoraci?n de su sant?sima voluntad y de confianza sin reservas en su providencia.

No se exagera si se piensa que, precisamente de su "padre" Jos?, Jes?s aprendi?, en el plano humano, la fuerte interioridad que es presupuesto de la aut?ntica justicia, la "justicia superior", que ?l un d?a ense?ar? a sus disc?pulos (cf. Mt 5, 20).

Dej?monos "contagiar" por el silencio de san Jos?. Nos es muy necesario, en un mundo a menudo demasiado ruidoso, que no favorece el recogimiento y la escucha de la voz de Dios. En este tiempo de preparaci?n para la Navidad cultivemos el recogimiento interior, para acoger y tener siempre a Jes?s en nuestra vida.



Meditaci?n del ?ngelus. Domingo 18 de diciembre de 2005

Autor: SS Benedicto XVI


Publicado por mario.web @ 9:09
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