Martes, 28 de diciembre de 2010

Queridos hermanos y hermanas:


Comenzamos, con el primer domingo de Adviento, un nuevo a?o lit?rgico. Este hecho nos invita a reflexionar sobre la dimensi?n del tiempo, que siempre ejerce sobre nosotros una gran fascinaci?n. Siguiendo el ejemplo de lo que le gustaba hacer a Jes?s, desear?a comenzar con una constataci?n muy concreta: todos decimos "nos falta tiempo", pues el ritmo de la vida cotidiana se ha hecho para todos fren?tico.

Tambi?n en este sentido la Iglesia tiene una "buena noticia" que ofrecer: Dios nos da su tiempo. Nosotros tenemos siempre poco tiempo, especialmente para el Se?or, no sabemos o, a veces, no queremos encontrar ese tiempo. Pues bien, ?Dios tiene tiempo para nosotros! ?sta es la primera cosa que el inicio de un a?o lit?rgico nos hace redescubrir con una emoci?n siempre nueva.

S?, Dios nos da su tiempo, pues ha entrado en la historia con su palabra y sus obras de salvaci?n para abrirla a la eternidad, para convertirla en historia de alianza. Desde esta perspectiva, el tiempo es ya en s? mismo un signo fundamental del amor de Dios: un don que el hombre, que como sucede con lo dem?s, es capaz de valorar o por el contrario de estropear; de acoger su significado, o de descuidar con superficialidad obtusa.

El tiempo tiene tres pilares que marcan el ritmo de la historia de la salvaci?n: al inicio est? la creaci?n, en el centro la encarnaci?n-redenci?n, y al final la "parus?a", la venida final, que comprende tambi?n el juicio universal.

Ahora bien, estos tres momentos no deben ser comprendidos simplemente como una sucesi?n cronol?gica. De hecho, la creaci?n se encuentra ciertamente en el origen de todo, pero es tambi?n continua y tiene lugar durante todo el desarrollo del devenir c?smico hasta el final de los tiempos.

Del mismo modo, si bien la encarnaci?n-redenci?n acaeci? en un determinado momento hist?rico, el per?odo del paso de Jes?s sobre la tierra, sigue extendiendo su radio de acci?n a todo el tiempo precedente y al posterior.

A su vez, la ?ltima venida y el juicio final, que precisamente tuvieron en la cruz de Cristo una decisiva anticipaci?n, ejercen su influjo sobre la conducta de los hombres de todas las ?pocas.

El tiempo lit?rgico de Adviento celebra la venida de Dios en sus dos momentos: en primer lugar, nos invita a despertar la espera en el regreso glorioso de Cristo; luego, al acercarse la Navidad, nos llama a acoger al Verbo hecho hombre por nuestra salvaci?n. Pero el Se?or viene continuamente a nuestra vida.

Qu? oportuno es, por tanto, el llamamiento de Jes?s, que en este primer domingo se nos propone con fuerza: "?Velad!" (Marcos 13,33.35.37). Se dirige a los disc?pulos, pero tambi?n "a todos", pues cada quien, en la hora que s?lo Dios sabe, ser? llamado a rendir cuentas de su propia existencia. Esto implica un justo desapego de los bienes terrenos, un sincero arrepentimiento de los propios errores, una caridad efectiva con el pr?jimo y, sobre todo, una humilde confianza en las manos de Dios, nuestro Padre, tierno y misericordioso.

La Virgen Mar?a, Madre de Jes?s, es imagen del Adviento. Invoqu?mosla para que nos ayude a convertirnos en prolongaci?n de humanidad para el Se?or que llega.



?ngelus en el primer domingo de Adviento. Benedicto XVI


Publicado por mario.web @ 9:55
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