Martes, 28 de diciembre de 2010

"Aqu? esta nuestro Dios de quien esper?bamos que nos salvara. Alegr?monos y gocemos con la salvaci?n que nos trae porque la mano del Se?or reposar? en este mundo?.

Estas palabras del profeta Isa?as, que vemos cumplirse de una forma muy especial en el Evangelio, son tambi?n palabras que tendr?amos que repetir en nuestra vida.

La vida del hombre es, en el fondo, una especie de tensi?n constante entre una esperanza y una realizaci?n; entre un no tener todav?a la plenitud de la gracia y, por otro lado, encontrar la plenitud en Cristo. Cuantas veces tenemos dificultades y problemas de cara a la esperanza, y no encontramos la salida a la noche en la que estamos metidos, porque nos olvidamos de que la vida del ser humano es una vida en la esperanza, y que el ?nico que puede realizarla es Cristo.

Los milagros que Jes?s realiza ?narrados por San Mateo?, no son gestos de servicio social ni acciones para solucionar una problem?tica de salud, sino son se?ales de que Dios ya ha llegado a la Tierra, de que aquello que el Antiguo Testamento promet?a: "Arrancar de este monte el velo que cubre todos los pueblos, el pa?o que obscurece a todas las naciones", se cumpli? en Cristo. Son se?ales de que se ha realizado, que ya no es simplemente una esperanza, sino que es una realidad.

Todos tenemos que aprender a dejarnos quitar, por parte de Cristo, el velo que nos obscurece los ojos. Tenemos que exigirnos su presencia y ser muy firmes con nosotros mismos para permitir el cambio que Cristo quiere llevar a cabo en cada uno. Cu?ntas veces quisi?ramos cambiar, pero nos da miedo transformar ciertas actitudes y comportamientos. Sin embargo, esto es como si los lisiados, ciegos, sordos, mudos y enfermos de los que nos habla el Evangelio, ante la presencia de Cristo que viene a curarlos, hubiesen dicho: mejor no me cures; d?jame como estoy. D?jame enfermo, lisiado, tullido o ciego.

Creo que nadie, pudiendo curarse, preferir?a seguir enfermo. Sin embargo, cu?ntas veces, pudiendo curar nuestro esp?ritu, no lo hacemos. Cu?ntas veces sabemos que nuestra debilidad, nuestro problema, el velo que nos cubre los ojos, las l?grimas que nacen en nuestro coraz?n son algo en concreto, y lo identificamos perfectamente. ?Por qu?, entonces, queremos seguir con ellos? ?Por qu? querer continuar con los ojos vendados? ?Por qu? querer seguir usando muletas cuando podemos usar nuestros pies sanados por Cristo?

Hay que permitir que Nuestro Se?or act?e, porque cuando ?l llega a nuestra vida, si nosotros se lo permitimos, lo hace con tal abundancia, que se ve reflejada en la multiplicaci?n de los panes y de los peces, que no es otra cosa sino la abundancia de la presencia de Dios.

Como ya lo dije antes, Jes?s no est? simplemente resolviendo el problema nutritivo de los jud?os. Cristo est?, por encima de todo, demostrando la abundancia del Reino de Dios. Jesucristo, con este Evangelio, viene a manifestar y a hacer efectiva su presencia en nuestra vida. Tenemos que darnos cuenta de que su presencia es de tal riqueza, que no hay nada que la pueda sobrepasar.

?Permitimos que la presencia de Cristo en nuestras vidas nos sane y nos enriquezca? ?O preferimos quedarnos enfermos y pobres? Son los dos caminos que tenemos, no hay un tercero. Porque o es la presencia de Dios en nuestra vida, al que nosotros dejamos actuar, o es la ausencia de Dios.

Para que esta presencia eficaz y abundante se realice en nuestra alma, tenemos que cultivar la generosidad. Muchas veces el problema no es que Cristo nos convenza, ni el que no sepamos que Cristo puede transformar nuestra vida, sino que nuestro verdadero problema es un problema de generosidad ante la transformaci?n concreta que Cristo nos pide. A algunos nos la puede pedir en el ?mbito de las virtudes, a otros en el ?rea de actitudes m?s profundas, a lo mejor, incluso, en modos de ver la propia vida, de ver el propio camino, en formas diferentes de ver la propia santificaci?n. O podr?a suceder, tambi?n, que nuestra existencia estuviese llamada por Dios a una transformaci?n, y nosotros resistirnos al cambio concreto que Dios quiere hacer en ella.

Debemos pedir a Dios, en todo momento, que se haga presente en nuestra vida, porque es la gracia que ?l da a quien se la pide.

?Hazte presente en mi vida de una forma eficaz, de una forma abundante! ?Hazte presente en mi vida d?ndome mucha generosidad para aceptar tu presencia y tu abundancia! Que esta sea la petici?n interior de cada uno de nosotros en este camino de preparaci?n a la llegada de Jesucristo, para que nuestro encuentro con ?l en Navidad, no sea simplemente algo que vimos, algo que realizamos, y algo que pas?. Sino que sea algo que lleg? a transformar de manera abundante y eficaz nuestra existencia.


Publicado por mario.web @ 10:02
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