Martes, 28 de diciembre de 2010


... El Adviento es por excelencia la estaci?n espiritual de la esperanza y en ?l la Iglesia entera est? llamada a convertirse en esperanza, para ella misma y para el mundo.

Todo el organismo espiritual del Cuerpo m?stico asume, por as? decir, el "color" de la esperanza. Todo el pueblo de Dios se pone en marcha atra?do por este misterio: nuestro Dios es el "Dios que llega" y nos llama a salir a su encuentro.

?C?mo?

Ante todo con esa forma universal de esperanza y de la espera que es la oraci?n, que encuentra su expresi?n eminente en los Salmos, palabras humanas en las que el mismo Dios ha puesto y pone continuamente en los labios y en los corazones de los creyentes la invocaci?n de su venida.

Deteng?monos, por tanto, unos instantes en los dos Salmos que aparecen consecutivamente en el libro b?blico: el 141 y el 142, seg?n la numeraci?n jud?a:

"Se?or, te estoy llamando, ven de prisa, escucha mi voz cuando te llamo. Suba mi oraci?n como incienso en tu presencia, el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde" (Salmo 141,1-2).

As? inicia el primer salmo de las primeras v?speras de la primera semana del Salterio: palabras que al inicio de Adviento cobran un nuevo "color", pues el Esp?ritu Santo hace que resuenen siempre de nuevo en nuestro interior, en la Iglesia en camino entre el tiempo de Dios y los tiempos de los hombres.


"Se?or..., ven de prisa" (v. 1).

Es el grito de una persona que se siente en grave peligro, pero es tambi?n el grito de la Iglesia que entre las m?ltiples insidias que la circundan, que amenazan a su santidad, esa integridad irreprensible de la que habla el ap?stol Pablo, pero que sin embargo debe ser conservada para la venida del Se?or.

En esta invocaci?n resuena tambi?n el grito de todos los justos, de todos los que quieren resistir al mal, a las seducciones de un bienestar inicuo, de placeres que ofenden a la dignidad humana y a la condici?n de los pobres.


Al inicio de Adviento, la liturgia de la Iglesia lanza nuevamente este grito, y lo eleva a Dios "como incienso" (v. 2).

La ofrenda vespertina del incienso es, de hecho, s?mbolo de la oraci?n, de la efusi?n de los corazones orientados a Dios, al Alt?simo, as? como "el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde" (v. 2). En la Iglesia ya no se ofrecen sacrificios materiales, como suced?a tambi?n en el templo de Jerusal?n, sino que se eleva la ofrenda espiritual de la oraci?n, en uni?n con la de Jesucristo, que es al mismo tiempo Sacrificio y Sacerdote de la nueva y eterna Alianza. En el grito del Cuerpo m?stico, reconocemos la voz misma de la Cabeza: el Hijo de Dios que ha cargado con nuestras pruebas y tentaciones para darnos la gracia de su victoria.

(...)En su primera venida con la encarnaci?n, el Hijo de Dios quiso compartir plenamente nuestra condici?n humana. Naturalmente no comparti? el pecado, pero por nuestra salvaci?n padeci? todas las consecuencias. Al rezar el Salmo 142, la Iglesia revive cada vez la gracia de esta compasi?n, de esta "venida" del Hijo de Dios en la angustia humana hasta tocar fondo. El grito de esperanza de Adviento expresa, entonces, desde el inicio y de la manera m?s fuerte, toda la gravedad de nuestro estado, la extrema necesidad de salvaci?n.

Es como decir: nosotros no esperamos al Se?or como una hermosa decoraci?n en un mundo ya salvado, sino como un camino ?nico de liberaci?n de un peligro mortal. Y nosotros sabemos que ?l mismo, el Liberador, ha tenido que sufrir y morir para sacarnos de esta prisi?n. (...)

(...)Como Mar?a y con su maternal ayuda, seamos d?ciles a la acci?n del Esp?ritu Santo para que el Dios de la paz nos santifique plenamente y la Iglesia se convierta en signo e instrumento de esperanza para todos los hombres. ?Am?n!



Fragmento de la homil?a que pronunci? Benedicto XVI en las v?speras del primer domingo de Adviento en la Bas?lica de san Pedro del Vaticano 2008.


Publicado por mario.web @ 11:05
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios