Martes, 28 de diciembre de 2010

"[...] ?c?mo van a invocar al Se?or, si no creen en ?l? ?Y c?mo van a creer en ?l, si no han o?do hablar de ?l? ?Y c?mo van a o?r hablar de ?l, si no hay nadie que se los anuncie??. Estas preguntas, que San Pablo se hace en la carta a los Romanos, creo que tienen un especial significado en este tiempo de Adviento en el que estamos preparando la venida del Se?or.

Vivimos en un mundo en el que muchas veces los valores cristianos no son comprendidos; y cuanto menos se comprenden, menos son apreciados. Y, cu?ntas veces, comprendidos y apreciados, no son seguidos, no son vividos. Tristemente, tenemos que confesar que la cultura que nos rodea influye mucho, que las situaciones en las que nos encontramos tienen un gran peso en el coraz?n. Y en cu?ntas ocasiones estas situaciones nos llevan a tomar decisiones, opciones, formas de pensar y modos de vivir que, en el fondo, arrancan a Cristo de nuestra existencia.

Una vocaci?n a la vida cristiana no se puede dar sola, necesita los medios humanos para darse. Dios ha querido llegar a los hombres a trav?s de otros hombres. San Pablo, en la carta a los romanos, citando la Escritura, dir?: ??Qu? hermoso es ver correr sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la Buena Nueva!?.

Yo les invito a que en este Adviento llenen su alma de Cristo, colmen su coraz?n de una generosidad inmensa para seguir al Se?or, para que cada uno de nosotros pueda ser mensajero de la Buena Nueva para la propia vida, mensajero de la Buena Nueva para la propia pareja, mensajero de la Buena Nueva para la propia familia y para la sociedad, porque entonces, Jesucristo no se queda atr?s en generosidad para dar el segundo paso: "Yo los har? pescadores de hombres?.

Solamente quien escucha la palabra de Cristo lo puede seguir, y al seguirlo le entrega todo su ser. Entrega a Cristo su vida, su libertad, sus triunfos y sus fracasos, sus gozos y sus tristezas, sus esperanzas y sus desesperanzas. La vida tiene que ser la conjunci?n de nuestra libertad dada a Cristo, apostada con Cristo, junto con el dejar que ?l opere y transforme nuestra existencia. La pregunta que todos deber?amos hacernos en este Adviento es: ?c?mo entrego mi libertad a Cristo? ?C?mo dejo que ?l opere en m??

El hombre y la mujer pueden no seguir a Cristo. Ese Sim?n y ese Andr?s, que somos cada uno de nosotros, al escuchar el "s?gueme?, puede no entregar su libertad a Cristo. Y en un primer momento parecer?a que no pasa nada. Y, quiz?, es verdad: no pasa ?nada?. Es decir, la ley de mi vida puede irse convirtiendo en nada, en una vida sin sentido, porque he sacrificado lo que val?a m?s por lo que me conven?a m?s.

Es una opci?n que el ser humano debe tomar: seguir lo que vale m?s o seguir lo que me conviene m?s. Si sigo lo que vale m?s, cambiar? mi vida. Si sigo lo que me conviene m?s, no pasar? ?nada?. Pero, yo me pregunto: ?qui?n es capaz de soportar la nada en el coraz?n?

Hay que abrirse a Cristo, hay que ofrecerle el coraz?n; hay que permitir que el Se?or nos tome y nos lance a una decisi?n coherente, madura y exigente de cara a Jesucristo. Que el Adviento reafirme en el interior de cada uno de nosotros la decisi?n de ser, para los que amamos, aut?nticos pescadores de hombres, y que afiance en nuestro coraz?n la convicci?n de ser, para los que nos rodean, mensajeros que corren por los montes para llevarles la Buena Noticia de Dios.

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Autor: P. Cipriano S?nchez LC


Publicado por mario.web @ 11:40
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