Martes, 28 de diciembre de 2010

(...) En la oscuridad de la noche de Bel?n se encendi?, realmente, una gran luz: el Creador del universo se encarn? uni?ndose indisolublemente a la naturaleza humana, hasta ser realmente "Dios de Dios, luz de luz" y al mismo tiempo hombre, verdadero hombre.

(...)

El "Sentido" que se ha hecho carne no es simplemente una idea general inscrita en el mundo; es una "palabra" dirigida a nosotros. ?l nos conoce, nos llama, nos gu?a. No es una ley universal, en la que nosotros desarrollamos alg?n papel, sino que es una Persona que se interesa por cada persona singular: es el Hijo del Dios vivo, que se ha hecho hombre en Bel?n.

A muchos hombres, y de alguna forma a todos nosotros, esto parece demasiado hermoso para ser cierto. En efecto, aqu? se nos reafirma : s?, existe un sentido, y el sentido no es una protesta impotente contra el absurdo.

El Sentido es poderoso: es Dios.

Un Dios bueno, que no se confunde con cualquier poder excelso y lejano, al que nunca se podr?a llegar, sino un Dios que se ha hecho cercano a nosotros y nuestro pr?jimo, que tiene tiempo para cada uno de nosotros y que ha venido a quedarse con nosotros.

Entonces surge espont?nea la pregunta: "?C?mo es posible una cosa semejante? ?Es digno de Dios hacerse ni?o?". Para intentar abrir el coraz?n a esta verdad que ilumina la entera existencia humana, es necesario plegar la mente y reconocer la limitaci?n de nuestra inteligencia.

En la gruta de Bel?n, Dios se muestra a nosotros humilde "infante" para vencer nuestra soberbia. Quiz?s nos habr?amos rendido m?s f?cilmente frente al poder, frente a la sabidur?a; pero ?l no quiere nuestra rendici?n; apela m?s bien a nuestro coraz?n y a nuestra decisi?n libre de aceptar su amor. Se ha hecho peque?o para liberarnos de esa pretensi?n humana de grandeza que surge de la soberbia; se ha encarnado libremente para hacernos a nosotros verdaderamente libres, libres de amarlo.

Queridos hermanos y hermanas, la Navidad es una oportunidad privilegiada para meditar sobre el sentido y el valor de nuestra existencia. El aproximarse de esta solemnidad nos ayuda a reflexionar:

  • por una parte, sobre el dramatismo de la historia en la que los hombres, heridos por el pecado, est?n permanentemente buscando la felicidad y un sentido satisfactorio de la vida y la muerte;

  • por otra, nos exhorta a meditar sobre la bondad misericordiosa de Dios, que ha salido al encuentro del hombre para comunicarle directamente la Verdad que salva, y hacerle part?cipe de su amistad y de su vida.


    Prepar?monos, por tanto, a la Navidad con humildad y sencillez, disponi?ndonos a recibir el don de la luz, la alegr?a y la paz que irradian de este misterio.

    Acojamos la Navidad de Cristo como un acontecimiento capaz de renovar hoy nuestra existencia.

    Que el encuentro con el Ni?o Jes?s nos haga personas que no piensen solo en s? mismas, sino que se abran a las expectativas y necesidades de los hermanos. De esta forma nos convertiremos tambi?n nosotros en testigos de la luz que la Navidad irradia sobre la humanidad del tercer milenio.

    Pidamos a Mar?a Sant?sima, tabern?culo del Verbo encarnado, y a san Jos?, silencioso testigo de los acontecimientos de la salvaci?n, que nos comuniquen los sentimientos que ellos ten?an mientras esperaban el nacimiento de Jes?s, de modo que podamos prepararnos a celebrar santamente la pr?xima Navidad, en el gozo de la fe y animados por el empe?o de una conversi?n sincera.



    Fragmento de la catequesis sobre la preparaci?n a la Navidad pronunciada el mi?rcoles 17 de 2008 por el Papa Benedicto XVI durante la audiencia general.

  • Publicado por mario.web @ 12:00
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