Mi?rcoles, 29 de diciembre de 2010

El Esp?ritu Santo, nuestro gu?a en Adviento
?nicamente los sencillos pueden reconocer la voz del Esp?ritu Santo en su interior, s?lo ellos son capaces de dejarse guiar por ?l.

Durante el Adviento no podemos olvidar la presencia del Esp?ritu Santo que primero act?a profetizando la venida del Mes?as, y despu?s, en Jesucristo. Esto es para nosotros una muy especial indicaci?n por parte de Dios Nuestro Se?or de que las necesidades que posee el hombre s?lo pueden realizarse desde una perspectiva: la del Esp?ritu Santo. Sin embargo, tampoco podemos olvidar que esto ?nicamente es posible para el alma que se convierte en d?cil instrumento del Esp?ritu Santo, pues es ?l quien nos permite ir llegando con paso firme a todas y cada una de las metas que Dios nos va poniendo a lo largo de la vida. No estamos solos, el Se?or no nos abandona. La presencia de Jesucristo en nuestras vidas no es nada m?s una compa??a, es tambi?n una gu?a, una luz. Y nunca olvidemos que esta iluminaci?n quien la realiza es el Esp?ritu Santo.

El profeta Isa?as nos habla de un momento, en los tiempos mesi?nicos (cuando venga el Mes?as), en que todo ser? paz, y c?mo el Esp?ritu de Dios colmar? el mundo. Dice el Profeta: ?Nadie har? da?o, nadie har? mal en todo mi santo Monte, porque la Tierra estar? llena de conocimiento de Yahveh, como cubren las aguas el mar?.

En la Encarnaci?n es el Esp?ritu Santo el que cubre con su sombra a la Sant?sima Virgen para que sea engendrado el Hijo de Dios. Y es tambi?n el Esp?ritu Santo el que, cada vez que queremos tener a Cristo en nuestra alma, se hace presente para construir en nosotros la presencia, la vida de Cristo. El Esp?ritu Santo es el Santificador, es el que realiza en el alma la funci?n de dar vida en el Se?or. Es ?l quien nos aconseja, gu?a e ilumina, fortaleci?ndonos para que el mensaje que la Navidad viene a traer a nuestras almas se pueda cumplir.

En este Adviento, en este camino hacia la Navidad, hacia la presencia plena de Cristo en nuestra alma, no estamos guiados por una estrella, estamos guiados por el Esp?ritu de Dios Nuestro Se?or. Esto tiene que ser para nosotros una grand?sima certeza, tiene que darnos una gran paz y una gran serenidad. Sin embargo, exige de nosotros un entrenamiento que consiste en aprender a escuchar lo que el Esp?ritu Santo va diciendo a nuestra conciencia, el someter nuestro juicio a lo que ?l nos va pidiendo y el ser capaces de amar el modo concreto con el cual va educando nuestro coraz?n.

?nicamente los sencillos pueden reconocer la voz del Esp?ritu Santo en su interior, s?lo ellos son capaces de dejarse guiar por ?l. Si tuvi?ramos dentro de nosotros esta presencia constante del Esp?ritu Santo podr?amos participar de la acci?n de gracias que Jesucristo hace al Padre: ?Te doy gracias Padre del Cielo y de la Tierra, porque has revelado estas cosas, no a los sabios y entendidos, sino a los sencillos?.

?Cu?ntas veces nuestra forma de ver las cosas y nuestros juicios son los que gobiernan nuestras vidas! ?Cu?ntas veces pretendemos entender todas las cosas seg?n la cuadr?cula de nuestra sabidur?a, y nos olvidamos que la sabidur?a de Dios es la que tiene que regir nuestra vida!

Cuando leemos las profec?as de Isa?as, donde aparece el lobo habitando con el cordero, la pantera con el cabrito, el novillo y el le?n pastando juntos, podr?a aparecer la pregunta: ?Todo eso existe? ?Es un sue?o o es una realidad? Lo que el profeta nos est? diciendo es que aun aquello que parece imposible al hombre, que en la l?gica humana jam?s podr?a llegar a darse, el Esp?ritu Santo lo puede realizar.

En este Adviento, aprendamos a romper las l?gicas humanas, a deshacer nuestras cuadr?culas, nuestras formas de ver muchas situaciones, de vernos, incluso, a nosotros mismos. Dejemos a un lado tantas y tantas cosas que clasifican nuestra existencia de una manera determinada y que, en definitiva, la alejan de Dios. Permitamos al Esp?ritu Santo hablar en nuestra vida, guiarnos e inspirarnos. No es tan dif?cil, es cuesti?n de aprender a escuchar, de no hacer ruido en nuestra alma, de ponernos delante de Dios y no o?r otra cosa m?s que a ?l, para que nada interrumpa esa comunicaci?n de amor entre Dios y cada uno de nosotros.

Nuestro coraz?n debe estar dispuesto a escuchar a Dios, para que este tiempo de Adviento, en el que se produce la mayor alegr?a para el hombre, que es el encuentro con el Se?or, no pase con las hojas del calendario, sino que sea un tiempo que permanezca en el coraz?n. Con una gran apertura interior, permit?mosle al Esp?ritu Santo hablar, para as? poder ir quitando todo aquello que nos impiden tener paz en el alma, junto a Cristo en Bel?n.

El profeta Isa?as nos dice: ?Aquel d?a, la ra?z de Jes? se levantar? como bandera de los pueblos, la buscar?n todas las naciones?. ?Hay en mi alma avidez de Dios? ?Hay en mi coraz?n sed de este Cristo, que es la ra?z de Jes?? ?Hay en mi interior el anhelo de encontrarme con Jes?s? Si no lo hay, permitamos que el Esp?ritu Santo vaya cambiando nuestro coraz?n hasta que ?l lo llene. Y pid?mosle que en este per?odo de Adviento, ?l vaya transformando nuestra existencia de tal manera que nunca nos sintamos solos, para que se pueda cumplir en nosotros la profec?a de que somos dichosos porque vemos la presencia de Cristo en nuestra vida, vemos su influjo en la sociedad: ?Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis?.


Publicado por mario.web @ 23:57
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