Jueves, 30 de diciembre de 2010


Adviento. Que el camino de la paz sea para nosotros la fidelidad y el seguimiento del camino de Cristo.


Juan Bautista aparece en el Evangelio como la figura del hombre que precede a Cristo. Y no cabe duda que la misi?n de Juan Bautista, la misi?n de preparar el camino del Redentor, la misi?n de precursor se encaja en su vida como algo que ?l tiene que vivir, que tiene que aceptar.

La vocaci?n de Juan Bautista no se da simplemente por el hecho de que Dios llama a su vida; tambi?n se da, se cuaja, se fecunda, se madura porque, con su libertad, Juan Bautista acepta esta misi?n. Ya su padre Zacar?as hab?a hablado de su misi?n cuando Juan es llevado a circuncidar. Zacar?as dice que ese ni?o ?ser? llamado Profeta del Alt?simo porque ir? delante del Se?or a preparar sus caminos, para anunciar a su pueblo la salvaci?n mediante el perd?n de los pecados?.

Esta es la misi?n del precursor, ser el hombre que va delante del Se?or, que prepara sus caminos y que anuncia el gran don que es el perd?n de los pecados. Lo que hace grande a Juan es que la misi?n que Dios le propone, ?l la lleva a cabo. Y el hecho de que sea el precursor, de alguna manera, se convierte para Juan Bautista no s?lo en un motivo de gloria para ?l, sino que tambi?n se convierte en el modo en el que ?l llega a nuestras vidas.

Tambi?n en cada uno de nosotros se realiza una misi?n semejante. En cierto sentido, cada uno de nosotros es un precursor, es un hombre o una mujer que va delante en el camino de la Redenci?n. Todos estamos llamados, al igual que Juan Bautista, a realizar, a llevar a cabo nuestra misi?n.

?Hasta qu? punto valoramos la misi?n que se nos encomienda? ?Sabemos apreciar el don que hemos recibido? Un don que, como dir? Zacar?as, no es otra cosa sino ?el Sol que nace de lo alto para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte y para guiar nuestros pasos por el camino de la paz?. Ese es el don que recibimos, el don que Cristo viene a traer.

Pero, el don que Cristo viene a traer, lo trae a trav?s de otras personas, a trav?s de precursores. ?Yo valoro el don de Cristo, el don que yo puedo dar a mis hermanos? ?Me doy cuenta de la inmensa riqueza que supone para mi vida, pero tambi?n la inmensa riqueza que supone para los dem?s? Cu?ntos hombres como dir? tambi?n Zacar?as viven en manos de sus enemigos y en manos de todos los que los aborrecen. Cu?ntos hombres y mujeres son atacados, denigrados, humillados, hundidos, manipulados.

Y sin embargo, la misericordia de Dios tiene que llegar a sus vidas. Pero ?c?mo va a llegar si no hay nadie que lo proclame, si no hay nadie que vaya delante del Se?or para preparar sus caminos y anunciar a su pueblo la salvaci?n? ?Cu?ntos corazones no podr?n encontrarse con Cristo en esta Navidad?

En estos d?as en que nos estamos preparando de una forma m?s intensa para el Nacimiento de Nuestro Se?or, tendr?amos que preguntarnos ?cu?ntos corazones, por mi omisi?n, por mi falta de delicadeza, por mi falta de preocupaci?n, quedar?n sin encontrarse con Dios? ?Cu?ntos corazones en las familias, cu?ntos corazones en el ambiente, cu?ntos corazones en el ?mbito laboral y social no van a saber que Cristo nace para ellos y por ellos? ?No va a haber nadie que se los ense?e, no va a haber nadie que les predique el camino de la Salvaci?n?

?Podremos ser tan ego?stas como para cerrar el conocimiento de la salvaci?n a los dem?s? Nuestro coraz?n no puede pensar tanto en s? mismo como para olvidarse del don que tiene para d?rselo a otro. Es una tarea que tenemos que hacer; pero no la podemos hacer si no valoramos primero el don que podemos tener en nuestras manos, si no somos nosotros los que acogemos, los que recibimos el don de Dios. Un don que tiene que vivirse, que tiene que manifestarse, de una manera muy especial, a trav?s de nuestro testimonio de vida; un don que no es tanto la teor?a y consejos que podemos decir a los dem?s, sino sobre todo, lo que nosotros estamos haciendo con nuestra vida.

?De qu? poco nos servir?a decir que valoramos mucho el don de Cristo que viene en esta Navidad si no lo transmiti?ramos, si no lo di?ramos a los dem?s! ?De qu? poco servir?a que dij?ramos que queremos ser estos profetas del Alt?simo que van delante del Se?or para preparar sus caminos, si nuestra vida no se transforma, si nuestra vida no recibe esa visita de Dios, si nuestra vida no quiere ser recibida por Cristo nuestro Se?or! No se puede, es imposible. Antes que redimir a otros, hay que redimir mi coraz?n, hay que cambiar mis actitudes, hay que cambiar mi comportamiento. Tengo que ser el primer redimido. Tengo que redimir mi coraz?n, tengo que cambiar mis actitudes, tengo que ser el primero que acepta a Cristo como el que me salva de mis pecados, como el que me salva de mis fragilidades.

Dice Zacar?as: ?[Dios], desde antiguo, hab?a anunciado, por boca de sus santos profetas: que nos salvar?a de nuestros enemigos, de las manos de todos los que nos aborrecen [?]?. ?C?mo se podr? hacer eso? ?Se podr? hacer sin un cambio en mi coraz?n? ?Se podr? hacer sin un trabajo sistem?tico en las virtudes cristianas? ?Se podr? hacer sin el testimonio de caridad, justicia y fortaleza? ?Es imposible! Cristo necesita de nosotros para poder llegar a los dem?s. ?Estaremos dispuestos a ser nosotros ese precursor de Cristo entre los hombres?

En el himno con el cual Zacar?as celebra el nacimiento de su hijo, sobre todo, de su misi?n, termina diciendo: ?Dios va a guiar nuestros pasos por el camino de la paz?. La paz que todos buscamos y necesitamos. ?Cu?ntas inquietudes, cu?ntos nudos no resueltos, cu?ntos problemas sin concluir hay para nosotros en esta Navidad? Cada uno de nosotros deber?a decirse a s? mismo: ?Qu? voy a hacer, cu?l es el cambio que yo voy a dar, c?mo voy a hacer para que mi vida, en esta Navidad, se acerque m?s al Se?or?

A lo mejor, tendremos que aprender a perdonar y sembrar as? el perd?n en los dem?s. Pero para lograr esto tenemos que aceptar el que nosotros tambi?n nos hemos equivocado, o tenemos que aceptar dar el primer paso para tender la mano, porque sin duda ese camino de la paz no se podr? llevar con plenitud y verdad, mientras nosotros no aceptemos con plenitud y verdad el plan de Dios sobre nuestra vida.

?Por qu? seguirme escondiendo del plan de Dios? ?Por qu? seguirle dando vueltas a lo que Dios me est? pidiendo? ?Acaso no lo he o?do? ?Acaso no se me ha proclamado, con mucha frecuencia, este plan de Dios?

Jes?s en el Evangelio dice: ?El que tenga o?dos para o?r, que oiga?, que es una forma hebrea de decir que quien est? dispuesto, quien quiera, que escuche mi palabra. Pero hay una cosa muy clara, ninguno de nosotros entrar? en el camino de la paz que Zacar?as profetiza cuando ve a su hijo, si no somos capaces de o?r lo que Dios nos pide, el cambio concreto que Dios pide a cada uno.

Que la Navidad nos conceda ver surgir en nuestras vidas el Sol que nace de lo alto. Ese Sol que ilumina nuestras sombras particulares: nuestras sombras en la familia, nuestras sombras en nuestro ambiente, nuestras sombras en nuestra vida espiritual. Que Dios nos otorgue en esta Navidad que ese Sol que nace de lo alto pueda como dice Zacar?as, guiar nuestros pasos por el camino de la paz aut?ntica, que no es otra cosa que nuestro Redentor. Que el camino de la paz sea para nosotros la fidelidad y el seguimiento del camino de Cristo.


Publicado por mario.web @ 0:09
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