Jueves, 30 de diciembre de 2010

Adviento. Jes?s en Bel?n es una llamada de Dios para que nuestro coraz?n sea capaz de abrirse a ?l, es una invitaci?n de Dios al amor.

Todos hemos o?do alguna vez estos versos del poeta espa?ol del Siglo de Oro:

?Qu? tengo yo que mi amistad procuras.
Qu? inter?s se te sigue, Jes?s m?o,
que a mi puerta, cubierto de nieve
pasas las noches del invierno obscuras.
?Oh cu?nto fueron mis entra?as duras, pues no te abr?!?.


Dios ha querido hacerse hombre para ver si era capaz de conmovernos el coraz?n y as? poder entrar en nuestra vida. Cristo toca el coraz?n de todos los hombres para que seamos capaces de abrirle, seamos capaces de escucharle, seamos capaces de amarle. Pero Cristo s?lo entra en nuestra vida cuando nosotros se lo permitimos.

Jes?s en Bel?n es una llamada de Dios para que nuestro coraz?n sea capaz de abrirse a ?l, es una invitaci?n de Dios al amor. Jesucristo en el pesebre no s?lo nos invita a amar, tambi?n nos invita a comprometernos, porque cuando el ser humano ve a Dios hecho Hombre en una cuna, no puede dejar de hacerlo. Es tanto lo que Dios me ha amado, que ha querido llegar hasta el extremo de ser ?l mismo objeto de compasi?n, de misericordia.

?sta es la forma con la cual Dios llama a la puerta de cada ser humano. De manera que, sin coartar la propia libertad, al mismo tiempo pueda sacar de ella el amor que transforma. Porque solamente cuando el hombre es capaz de amar profunda y aut?nticamente a Dios, es capaz tambi?n de amar profunda y aut?nticamente a sus semejantes. Cuando un hombre no es capaz de amar a Dios, qu? dif?cil es que sea capaz de amar a otro hombre. Si no soy capaz de sentir compasi?n de Dios que por m? se hace Hombre, ?voy a poder sentirla por un hombre como yo?

Ahora bien, cuando la libertad no se orienta hacia el amor se hace ego?sta; pero cuando la libertad se orienta hacia el amor se hace compromiso. Son los dos caminos que podemos seguir: ego?smo o compromiso. Sin embargo, tenemos que tener muy claro que cuando el hombre se orienta hacia el ego?smo, autom?ticamente deja de vivir, se encuentra muerto en vida. Su existencia es tremendamente triste, aunque haya hecho en su vida lo que pensaba que quer?a y deb?a hacer.

Si fu?ramos capaces de romper con el ego?smo, al mismo tiempo romper?amos con muchas de nuestras opresiones internas, porque como dice el Papa Juan Pablo II: ?El hombre no puede vivir sin amor?.

El amor es un compromiso serio, claro y exigente. Por eso cada vez que eludo el compromiso, eludo el amor. Cuando no me comprometo, en el fondo, es que en m? hay ego?smo. Estas palabras pueden sonar muy fuertes, pero nos tiene que animar la certeza de que el hombre es la ?nica creatura capaz de rescatar cualquier situaci?n de su vida. No hay ninguna situaci?n que no sea rescatable cuando en la persona humana hay esa voluntad, ese deseo.

El amor es, necesariamente, compromiso. Por eso Dios se compromete en su Hijo, se nos da en su Hijo, Dios se encarna en su Hijo. Porque el amor de Dios es compromiso, el nuestro tambi?n tiene que serlo. En primer lugar, compromiso con Dios; en segundo lugar, compromiso con los dem?s; y en tercer lugar, compromiso con nosotros mismos.

Nuestra libertad tiene que orientarse a eliminar todo ego?smo con nosotros mismos, que es muy dif?cil de lograr. Cuando empezamos a consentirnos, cuando empezamos a no ser exigentes con nosotros mismos es porque el amor dej? paso al ego?smo. Cuando tenemos miedo de dar pasos que nos van a llevar a una real transformaci?n interior, el ego?smo nos est? esclavizando. No nos queda otro camino, tenemos que elegir: nuestro compromiso puede ser como un adorno que se pone y se quita, o como una luz que se consume y se entrega.

No hay que olvidar que el compromiso aut?ntico tiene dos caracter?sticas: sinceridad y exigencia. S?lo cuando la persona es sincera y exigente con ella misma, es aut?nticamente comprometida, aut?nticamente amante y aut?nticamente libre. De esta misma manera, la verdadera Navidad es la que compromete, la que transforma, la que consume. Si queremos sanar nuestro coraz?n y los corazones de los que nos rodean tenemos que asumir un compromiso como el de Dios: serio, claro y fuerte. No nos queda otro camino m?s que el compromiso aut?ntico, sincero y exigente.

Lograrlo no es f?cil, porque todos somos conscientes de que aunque nos digan las cosas, no las hacemos; aunque sepamos c?mo llevarlas acabo, s?lo hacemos aquellas que nos gustan. Sin embargo, en la medida que estemos dispuestos a hacer objeto de nuestro amor el compromiso, nuestro amor ser? aut?ntico, porque estaremos haciendo que nuestra vida se consuma dando luz.

?Es as? como estoy dispuesto a entrar a la Navidad? Recordemos que es tan sencillo como abrir una puerta?; tan comprometedor como dejar que entre el que est? llamando. Tan simple como recibir a una persona en la casa?; tan comprometedor como dejar que esa persona sea Dios. Tan f?cil como encender un cerillo?; tan comprometedor como dejar que se consuma. Tan sencillo como decir: ?te amo??; tan comprometedor como decirlo de coraz?n.


Publicado por mario.web @ 21:32
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