Jueves, 30 de diciembre de 2010

Suena muy bien la frase que dice que la jerarqu?a eclesi?stica (el Papa y los Obispos, por ejemplo) no deben inmiscuirse en asuntos terrenales, porque eso ser?a tanto como ?meterse en pol?tica?.

Pero hay que decir que uno de los peores modos de ?meterse en pol?tica? ser?a que la Iglesia bendijese, por acci?n, omisi?n o complacencia, la intromisi?n del C?sar en los asuntos que son de Dios, creador del hombre a quien le dio un detallado y maravilloso instructivo de funcionamiento para lograr su felicidad en la tierra, condici?n necesaria para alcanzar la eterna.

El d?a en que la Iglesia permitiera, sin m?s, la intromisi?n del C?sar en los asuntos que son de Dios se habr?a convertido en esa ?gran ramera que fornica con los reyes de la tierra? de la que nos habla el Apocalipsis. Esa iglesia farisaica y corrompida, puesta de rodillas ante el C?sar, es la que anhelan ciertos ?mbitos sectarios a los que muchos medios de comunicaci?n conceden amplios espacios, deformando ordinariamente el pensamiento de aquellos que consideran sus opositores.

Somos muchos millones las personas que aplaudimos el coraje y la claridad de ideas del Papa Benedicto XVI.

?Qu? ha dicho el Papa en relaci?n al cond?n? Todas las veces que se ha referido al preservativo lo ha hecho dentro de un contexto, insistiendo que hay que buscar una ?humanizaci?n de la sexualidad?, es decir, que la sexualidad entre personas debe ser una sexualidad humana que difiere en mucho de la meramente animal y que ser?a un error, contrario al querer de Dios, equiparar una a la otra.

En los ?ltimos d?as muchos medios alrededor del mundo hicieron sonar las fanfarrias de sus grandes titulares anunciando con bombo y platillo, con palabras m?s o menos semejantes, que el Papa hab?a aprobado el uso del cond?n. Pero, exactamente, ?qu? dijo el Papa?

El peri?dico del Vaticano, L?Osservatore Romano, present? algunos p?rrafos, descontextualizados, del nuevo ?libro-entrevista? de Benedicto XVI titulado ?La luz del mundo? realizado por el periodista alem?n Peter Seewald, que fue publicado en varias lenguas el pasado 23 de noviembre. El p?rrafo que desat? el ruido y la confusi?n es parte de la respuesta que dio el Santo Padre a Seewald, ante la pregunta acerca del uso del preservativo en la lucha contra el sida. El p?rrafo publicado por L?Osservatore Romano, en su versi?n en espa?ol, dice as?:

?Puede haber casos justificados singulares, por ejemplo, cuando una prostituta utiliza un preservativo, y ?ste puede ser el primer paso hacia una moralizaci?n, un primer acto de responsabilidad para desarrollar de nuevo la conciencia sobre el hecho de que no todo est? permitido y de que no se puede hacer todo lo que se quiere. Sin embargo, este no es el verdadero modo para vencer la infecci?n del VIH. Es verdaderamente necesaria una humanizaci?n de la sexualidad.?

En el texto original, en alem?n, el Papa habla de ?m?nnliche Prostituierte? que significa ?prostituto? (no prostituta) y vale puntualizar que el Santo Padre est? hablando del preservativo como posible herramienta contra el sida y no del preservativo como medio de anticoncepci?n.

Bien se dice que traduttore, traditore pues el t?rmino ?m?nnliche Prostituierte? conserva el g?nero masculino en la traducci?n que hace L?Osservatore al ingl?s, en donde se habla de ?male prostitute?, pero se cambia de manera arbitraria al femenino en las traducciones al espa?ol, italiano y franc?s. Ser?a interesante averiguar si hay malos traductores en ese peri?dico o si hay personas perversas que aprovecharon el viaje para ampliar conceptos y situaciones con animo de confundir a?n m?s.

Lo que dice el Papa, si tomamos sus palabras originales en alem?n, es simple y sencillamente que si un prostituto homosexual utiliza un cond?n, con el objetivo de no contagiar ni contagiarse de sida, esto podr?a ser se?al de un inicio de moralizaci?n, puesto que se est? dando cuenta, gracias a su conciencia, de que no puede hacer con su sexualidad lo que le venga en gana. El Papa no est? justificando ni aprobando el uso del cond?n. Deja muy claro, adem?s, que el preservativo no es la soluci?n para frenar la trasmisi?n del VIH que se ha convertido en una pandemia.

Cuando un cat?lico mira a un enfermo de sida lo ve, en expresi?n evang?lica, como uno de esos ?peque?os? sobre los que un seguidor de Jes?s tiene la dulce obligaci?n de quererlo, fundi?ndose con su dolor. El neopaganismo reinante, en cambio, solo es capaz de ver en el sidoso una ?tormenta de hormonas?, y lo ?nico que se le ocurre es regalarle un impermeable para que la tormenta no lo empape. Que es tanto como si a un pir?mano se le obsequia un extintor, para que el fuego no lo abrase.

El sida tiene su origen, en muchos casos, en la promiscuidad sexual; y los santones laicos en lugar de combatir la promiscuidad sexual, la exaltan y aplauden, exhortando a sus s?bditos a entregarse a ella sin recato y regal?ndoles luego un cond?n, para que act?e como salvoconducto de su promiscuidad. Si se promueve la promiscuidad, no puede extra?arnos que abunden personas promiscuas, aunque se hayan olvidado de meter un cond?n en el bolsillo, como el pir?mano no puede renunciar a su pulsi?n aunque se haya dejado olvidado en casa el extintor.

Parece claro que hay amplios sectores de la sociedad que no est?n dispuestos a solucionar los males en su origen y se fijan solo en las consecuencias; consecuencias que, adem?s, son incapaces de controlar. Ir al origen del grave problema del sida, por ejemplo, no se soluciona repartiendo condones a diestra y siniestra. Independientemente de que los condones garanticen o no un ?sexo seguro?, lo que es indubitable es que garantizan un sexo deshumanizado.

La actividad sexual es una uni?n f?sica y afectiva tan radical pues supone la entrega de una buena parte de la intimidad, que s?lo puede responder a una entrega total, sin reservas. S?lo esa uni?n es digna para ser sellada con una acci?n, que es en s? misma, y es la ?nica, apta para generar una nueva vida. Buscar la manera de hacer imposible esa aptitud introduce una reserva que convierte el acto en una entrega que ya no es total, y que objetivamente abre la puerta para que el sexo no sea verdaderamente humano sino instintivo.

La verdad simple y llana es que la Iglesia cat?lica proclama el querer de Dios para que las relaciones sexuales sean verdaderamente humanas, es decir con entrega total y estable, que solo son posibles con estas caracter?sticas en el verdadero matrimonio. La Iglesia denuncia abiertamente la falacia de quienes piensan que el uso del cond?n, da carta de bondad a la sexualidad, a?n cuando argumenten, con otra falacia, que se trata de ?sexo seguro?.

Benedicto XVI cree en la ?humanizaci?n de la sexualidad?, que consiste en liberar al hombre de la esclavitud del sexo como mero instinto animal o el sexo como promiscuidad. Cree que la sexualidad debe contribuir a restituir al hombre su verdadera naturaleza, que no consiste en chapotear en una ?tormenta de hormonas?, aunque sea con impermeable, sino en buscar un sentido vital profundo en el que eros y ?gape -amor carnal y amor como donaci?n de afectos- formen una unidad liberadora del ser humano.


Publicado por mario.web @ 21:40
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios