Viernes, 31 de diciembre de 2010

Domingo cuarto de Adviento



Virgilio, el gran poeta latino, pagano, que ha tenido una gran influencia en la literatura universal, dice que el ?ni?o comienza a conocer a su madre por la sonrisa?, anunciado prof?ticamente que la sonrisa de Dios es la sonrisa de Mar?a despu?s del pecado, una vez que ella acept? convertirse en la Madre de su Hijo Jesucristo, proporcion?ndole su Cuerpo precioso, un cuerpo necesario para realizar en los hombres y para los hombres la redenci?n y la salvaci?n de todo el genero humano.

Y hoy nos encontramos, ya en las inmediaciones de la Navidad, dejando atr?s a Isa?as y a San Juan Bautista, con el personaje central del Adviento, a Mar?a la Madre de Jes?s, que nos dejar? a las plantas del mism?simo Hijo de Dios encarnado.

Por eso, hoy queremos asistir embelezados al encuentro de dos mujeres pobres, gente del pueblo, las dos embarazadas, una de edad avanzada y la otra apenas una jovencita que tuvieron un papel destacado en la historia de la Salvaci?n de nuestros pueblos.

Se trata de Isabel, la anciana, la que concibi? en su seno prodigiosamente, ya en su ancianidad y Mar?a, que apenas en su adolescencia ofreci? su cuerpo para que Dios realizara entre los hombres el prodigio inaudito de enviar para estar entre los hombres y para siempre a su mism?simo Hijo.

El encuentro no pod?a ser m?s agradable y simp?tico: ?En aquellos d?as, Mar?a se encamin? presurosa a un pueblo en las monta?as de Judea, y entrando, salud? a Isabel?.

Fue ese viaje, el primer recorrido eucar?stico, la primera vez que Cristo a?n en el seno de su Madre, como el mejor tabern?culo, sagrario o manifestador pudo acercarse a los hombres y llevarles la presencia, la fuerza y la alegr?a del Esp?ritu Santo que lo hab?a encarnado precisamente en el seno de aquella mujer singular.

Esa presencia y ese abrazo, hicieron que Juan Bautista, santificado en ese momento con la presencia del Esp?ritu Santo, saltara de gozo en el seno de su propia madre, que no escatim? la alabanza y la ternura a la mujercita que ven?a a atenderla en su propio parto:

??Bendita t? entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre? Dichosa t? que has cre?do, porque se cumplir? cuanto te fue anunciado de parte del Se?or!?.

Esas solas palabras, en las inmediaciones de la Navidad, nos sugieren muchas preguntas que no podemos dejar de contestar, porque ah? va implicada nuestra propia alegr?a, nuestra felicidad y en ?ltima instancia, nuestra propia salvaci?n: ?En qu? crey? Mar?a, y qu? le fue anunciado de parte del Se?or?.

Podemos aventurar las respuestas diciendo que Mar?a le crey? al Padre que con un profundo respeto, una entra?able ternura, se acerca a la criatura, se abaja casi, para ?pedirle?, hay que subrayarlo, para pedirle que se dignara ser la madre del Salvador. No se le impone la maternidad, no se la violenta, aunque se trate del Se?or de Cielos y Tierra, due?o de todo.

Eso es ya una primera lecci?n para los machistas, para los hombres que se creen superiores y con derecho a tratar a la mujer como su esclava, como simple objeto de placer y como una m?quina de hacer hijos y criaturas muchas veces infelices.

Mar?a le crey? al Padre, y desde entonces se convierte en mujer ?eucar?stica? toda la vida, dedicada en cuerpo y alma a su Hijo que con su Cuerpo lograr? la santificaci?n para todos los hombres.

La actitud de Mar?a, nos obliga entonces a imitarla en un complaciente abandono a la palabra de Dios, que puede decirnos desde su obediencia, ?Hagan lo que ?l les diga?, no duden, pueden fiarse de la palabra de mi Hijo que pudo cambiar el agua en vino y que puede hacer del pan sencillo de los hombres nada menos que su propio Cuerpo y su propia Sangre, haci?ndose para todos los hombres ?pan de vida?.

A Mar?a le fue anunciada la presencia del Hijo de Dios que ser?a tambi?n hijo de Mar?a, a quien recibe amorosamente, anunciando a todos los bautizados la necesidad de recibir as? como ella recibi? la carne mortal, de Cristo, recibamos nosotros las especies sacramentales, las especies de pan y de vino, el Cuerpo y la Sangre del Se?or.

Mar?a acert? a decir a Dios que aceptaba el compromiso de dedicarse totalmente a su Hijo con un famos?simo ?F?at?, h?gase, real?cese, cons?mese en m? todo lo que tu palabra quiera, para ense?arnos a decir reverente y alegremente el ?Am?n? cada que recibimos presente con todo su ser humano-divino a Cristo en las especies de pan y de vino.

Ese f?at de Mar?a hizo que pronto pudiera recibir en sus brazos y arropar con todo cari?o a Jes?s, el Salvador de los hombres:

"Y la mirada embelezada de Mar?a al contemplar el rostro de Cristo reci?n nacido y al estrecharlo en sus brazos, ?no es acaso el inigualable modelo de amor en el que ha de inspirarse cada comuni?n eucar?stica?? (Juan Pablo II).

Ese f?at de Mar?a le bast? y la fortaleci? internamente, para prepararse a acompa?ar a su Hijo en todo momento, sin reparar en subir hasta cerca de ?l en alto de la cruz, correspondiendo a lo que el profeta le hab?a anunciado:

?Y a ti una espada traspasar? tu propia alma."

Pero si Mar?a tuvo que pasar por el Calvario y la cruz para acompa?ar a su Hijo, tuvo tambi?n la dicha de estar entre los ap?stoles de su Hijo, acompa??ndoles en la oraci?n y sosteniendo su esperanza en la resurrecci?n de su hijo.

El Papa Juan Pablo II, de quien estoy tomando todas estas ideas, de su enc?clica sobre la Eucarist?a, la cual recomiendo encarecidamente que lean todos mis cristianos catoliqu?simos, nos hace asistir al momento sublime cuando Mar?a pudo escuchar en labios de los ap?stoles ??ste es mi cuerpo que es entregado por vosotros.

Aquel Cuerpo entregado como sacrificio y presente en los signos sacramentales, ?era el mismo cuerpo concebido en su seno! Recibir la Eucarist?a deb?a significar para Mar?a como si acogiera de nuevo en su seno el coraz?n que hab?a latido al un?sono con el suyo y revivir lo que hab?a experimentado en primera persona al pie de la cruz?.


Todo esto ha sido necesario para que nosotros podamos pasar una Navidad muy especial, acompa?ados de Mar?a, preparando no una cena ni unos vinos ni unos regalos, ni siquiera unos abrazos, a menos que se parezcan al abrazo de Mar?a a su prima Isabel, sino a preparar nuestros corazones para abrazarnos a Cristo hecho Carne y Sangre en el Sacramento Eucar?stico, y recibirlo reverentemente como lo hizo Mar?a en la cuna de Bel?n. Ser? as? la mejor de las Navidades.

Sonriendo con Mar?a, recibamos al Hijo de Dios hecho carne.

A
Ti
Que
Eres
El Amo
Y Se?or
De todos
Los hombres
Gracias por el
Don inapreciable
De tu Hijo amado
Hijo del Alt?simo y
Tambi?n el hijo de la
Siempre Virgen Mar?a
Te alabamos por tu amor
Y tu bondad por haber mandado
Al Hijo nacido para salvar al esclavo
Gracias porque nos has hecho vivir en
Parroquia, el nuevo Bel?n de Guanajuato
Gracias porque cada d?a nos lo das en
El Sacramento Eucar?stico, fruto de tu
Amor y de la entrega hasta el sacrificio de
Tu Hijo Jesucristo. Gracias por mandarlo tan
Parecido a nosotros que siendo hermano puede
Salvarnos a todos y hacernos pasar por el camino
De la cruz y la pasi?n para llegar tambi?n nosotros
Al momento glorioso de la resurrecci?n. Gracias por
Tu Hijo Nacido entre pajas y espinos, entre pa?ales y
L?grimas, entre sollozos y sonrisas amorosas de la Madre
Y Maestra de todos los hombres. Recibe nuestra gratitud y
Nuestra alabanza. Permite que nos amemos de tal manera que
Podamos ser una sola familia en camino hacia ti, nuestro Dios y
nuestro Padre.
?Felicit?monos?
Y cantemos
Agradecidos al
Reci?n nacido
Rey inmortal de todos los siglos de los siglos. Am?n.



Publicado por mario.web @ 13:43
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