Viernes, 31 de diciembre de 2010

Jos? y Mar?a se miran, abundantes l?grimas caen por sus mejillas, se abrazan y abrazan al ni?o. Es la noche m?s larga, m?s atroz, m?s cruel, que les ha tocado vivir a ambos


Existen, en nuestra vida, dolores que nos resultan incomprensibles, atroces, injustos y, sobre todo, inmerecidos. Pero, sea cual fuere la reacci?n que tengamos frente al dolor, ?l sigue all?, y nos atraviesa el alma como una afilada espada. Hoy mi dolor y mi tristeza no me dejan verte, Mar?a, como ans?a mi coraz?n, pero s? que estas all?, aunque no pueda sentirte, estas detr?s de mi dolor para sostenerme, para transformar el llanto en camino hacia al Padre.

- En profec?a cumplida -dices a mi coraz?n, mas, no comprendo.

- Hoy voy a hablarte de esos dolores incomprensibles que desgarran el alma y que luego, por la misericordia de Dios, se transforman en camino.

- H?blame Se?ora, que mi alma tiene tanta sed de tu compa??a. Mi alma ans?a caminos que no encuentro en la oscuridad de esta noche demasiado larga.

- Yo conozco bien las noches largas. Te hablar? de una en especial, que me pareci? eterna. De una noche anunciada, tan anunciada como la nochebuena, pero olvidada luego por muchos y, lo que me desgarra el alma, una recordaci?n tomada hoy, por tantos, como excusa para bromas.

Esta vez temo seguirte, no s? si tendr? valor, pero igualmente me llevasme llevas y estamos nuevamente en el recinto de Bel?n. Vemos como Jos? est? despidiendo a tres extra?os extranjeros que le hab?an llevado a tu hijo oro, como s?mbolo de su dignidad y gran valor, incienso, como s?mbolo de su comuni?n con Dios y mirra, para preparar el aceite sagrado de su unci?n. Tres extra?os venidos de lejanas tierras siguiendo una estrella, tres extra?os que, buscando al Rey de la Vida, fueron a preguntarle a un rey embriagado de poder, el camino para hallarlo. y, sin quererlo, despertaron en ?l fantasmas olvidados la profec?a, la profec?a de Bel?n

Los extranjeros, que el mundo llamar? m?s tarde los tres Reyes Magos, parten a su tierra por otro camino, evitando pasar cerca del palacio de Herodes, quien los aguarda como un tigre al acecho, para saltar sobre el peque?o Rey desconocido que amenaza su seguridad.

Entramos a la precaria vivienda. Jos? nos sigue y comienza a trabajar, pues el due?o de la finca le hab?a encargado unos arreglos y le pagar?a un buen precio por ellos. Jos? tiene los pies sobre la tierra, sabe que debe alimentar a su familia y para ello s?lo conoce un modo: su trabajo.

Tu, Mar?a, te dispones a preparar la cena. Jos? no aparta la mirada de su labor, pero es evidente que sus pensamientos est?n en otro sitio, quiz?s detr?s de los muros de un palacio, tratando de leer los pensamientos de un hombre fuera de s?, mas nada te dice. La cena transcurre en paz. La presencia de esos hombres y sus obsequios han dejado m?s preguntas que respuestas?Qui?nes eran? ?Por qu? hab?an venido? ?Cu?l era el real significado de su presencia? quiz?s representan a todos aquellos que no pertenecen al pueblo de Israel y para cuya Salvaci?n tambi?n ha venido este ni?o. Demasiados acontecimientos y pocas explicaciones. La pareja se dispone a descansar pues al d?a siguiente deber?n iniciar el camino hacia Jerusal?n, para realizar la purificaci?n de Mar?a, tal como lo establece la Ley.

Yo estoy all?, con ellos, no puedo dormir, siento miedo conozco la historia la he escuchado mil veces de labios de los sacerdotes. La he le?do, pero no es lo mismo estar estar y todos, de alguna manera, alguna vez en la vida, tambi?n estamos dentro de esta historia s?lo que, enceguecidos por nuestro propio dolor, no nos damos cuenta.

A la ma?ana siguiente parten hacia Jerusal?n, Mar?a me hace se?as de que los siga. El camino es largo, el ni?o, peque?o a?n. El animal que nos acompa?a va cargado de las pocas pertenencias de los padres y, en su mayor parte, de los pa?ales y ropita del beb?, recibida generosamente de la esposa del due?o del pesebre.

Luego de la ceremonia del Templo volvimos a Bel?n, Jos? se nota nervioso no como quien desconf?a de la protecci?n de Dios, sino como un padre responsable que s?lo desea actuar correctamente y no sabe c?mo, pues presiente que Herodes no ha olvidado la presencia de los extranjeros, ni se quedar? quieto ante lo que ?l considera una amenaza.

Durante los siguientes tres d?as la familia se dedica a organizar el retorno a Nazaret. Jos? termina sus trabajos pendientes, consiguiendo de esta manera dinero para el viaje y retribuyendo, al mismo tiempo, la hospitalidad al due?o del pesebre, quien s?lo pide como pago, el arreglo de una vieja mesa labrada herencia de su padre, trabajo realizado impecablemente por Jos?.

Los planes del Se?or y nuestros propios planes no van siempre por iguales caminos. La noche del tercer d?a no aparenta nada en especial, s?lo un cielo cargado de nubarrones amenazantes. Hace fr?o, Mar?a amamanta a su ni?o y lo recuesta bien calentito en la cuna hecha por su esposo, y una blanca piel de cordero cubre las dem?s mantas con las que la joven madre abriga a su peque?o. El matrimonio cena al tiempo que comenta los ?ltimos acontecimientos. Jos? tiene largos silencios que inquietan el coraz?n de Mar?a quien, como esposa prudente, no pregunta. Tiran las mantas en el suelo y se disponen a dormir, yo hago lo mismo, Mar?a me besa la frente y me dice ?Valor, amiga, lo necesitar?s?? es la noche de la locura, pero igualmente me quedo dormida? l?stima, no tuve el valor de esperar despierta, como tantas veces en la vida en las que no tengo el valor de dominar mi voluntad.

Me despiertan los gritos de Jos?. El hombre est? sentado en el suelo, empapado en sudor, su rostro est? aterrado pero es s?lo por un instante? enseguida se pone en pie, da vueltas en el recinto tratando de ordenar sus pensamientos, seguidamente despierta a Mar?a, la toma por los hombros al tiempo que le clama en voz baja:

- ?Mar?a, Mar?a! Por el amor de Dios despi?rtate Mar?a! - y la sacude casi con violencia.

Ella abre los ojos y se asusta?

- ?Qu? pasa, Jos?? ?Por Dios! ?Por qu? hablas de esa forma? ?Jes?s, Jes?s! ?Le pas? algo al ni?o?

- No, pero le pasar? si sigues all? acostada? Mar?a? he tenido un sue?o, que no fue un sue?o en realidad? un hombre vestido de blanco me clamaba que te tomara a ti y al ni?o y huyera a Egipto, pues Herodes busca al ni?o para matarlo.

- ?Matarlo!?Dios m?o Jos?, que atroz pesadilla.

- Mar?a, esposa m?a ?Nos vamos a Egipto! ?Y nos vamos ya! ?Comprendes? ?Ya!.

- ?Qu? dices? Jos? ?Te das cuenta la distancia que nos separa de Egipto, que es medianoche, afuera arrecia el viento y el fr?o cala los huesos??

- Mar?a ?Conf?as en m??

- Jos?, conf?o en ti m?s que en nadie en esta tierra

- Entonces, amada m?a, junta todo y v?monos, los soldados se aproximan cada minuto, por cada palabra que decimos ellos est?n un metro m?s cerca? y vienen a matarlo? y no est?n jugando, pues un loco asesino les ha ordenado deshacerse de Jes?s? la pregunta es ?C?mo lo encontraran? Mientras a ese loco no se le ocurra? ?Dios no puedo ni pensarlo!

- Mientras no se le ocurra matarlos a todos? - y Mar?a se estremece tanto que Jos? debe sostenerla para que no caiga.

Yo estoy inm?vil, hubiera querido traerles un veh?culo, un helic?ptero, sacarlos prontamente de all?, pero eso pasa en las pel?culas y esto es la vida real. Los padres (ahora me voy dando cuenta la clase de padre que Dios eligi? para Jes?s, un Hombre con may?sculas) preparan todo prontamente, llevan s?lo lo indispensable, deben dejar muebles, cuna, todo lo hecho por Jos?. El oro de los magos les permitir?a establecerse en Egipto. Dios siempre tan previsor, nos manda las pruebas y los medios para enfrentarlas. Salimos, el viento me termina de despertar, tengo varias mantas puestas encima, pero tiemblo como una hoja, parece que el coraz?n se me saldr? del pecho en cualquier momento. Montan los animales, Mar?a me hizo un lugar en el suyo? partimos? se ve poco, pero se ve, hay luna llena, los nubarrones ya no est?n, Jos? se encamina hacia Egipto a trav?s de la des?rtica regi?n, apura el paso, no hay miradas extra?as que noten nuestra presencia. El hombre anda varias horas a marcha forzada, de tanto en tanto mira hacia atr?s, con angustia, casi con desesperaci?n. Yo, yo estoy muerta de miedo? veo soldados por todas partes? s? de sobra que no nos alcanzar?n? pero una cosa es leerlo y otra estar? estar?

Falta poco para el amanecer. De pronto se escucha un galope cercano, se ve la arena removida por los cascos del animal que se acerca, es un jinete solitario, pero se dirige, peligrosamente, hacia nosotros. Jos? nos recomienda calma, y no decir el nombre del ni?o. Por fin llega el personaje, un hombre m?s bien anciano, con la mirada perdida? loco? pobre infeliz? s?lo dec?a:

- ?Madres, corran, corran con sus hijos! ?Huyan!?

Jos? baja de su asno y se acerca al pobre hombre:

- ?Qu? le ocurre, amigo? ?Se siente usted bien??

- ?Huyan, huyan mujeres con sus hijos! Sangre? muerte? ni?os muertos, en todo Bel?n? ni?os degollados, atravesadas sus carnecitas por las espadas de los soldados? no escap? ni uno? todo Bel?n es un grito? solo los peque?os murieron? los menores de dos a?os? ?Por qu???Por qu? Dios?- grita desgarradoramente el infeliz mirando al cielo- Huyan mujeres? huyan? corran? corran?

El pobre desquiciado comienza a cabalgar nuevamente repitiendo el ya in?til consejo. Tanto horror le ha enloquecido. Se pierde en el paisaje, queriendo huir de los macabros recuerdos pero no hay lugar en donde uno pueda esconderse de los recuerdos.

Jos? y Mar?a se miran, abundantes l?grimas caen por sus mejillas, se abrazan y abrazan al ni?o. Es la noche m?s larga, m?s atroz, m?s cruel, que les ha tocado vivir a ambos. Es la noche anunciada por el profeta Jerem?as:

?En Ram? se oy? una voz, hubo l?grimas y gemidos: es Raquel, que llora a sus hijos y no quiere que la consuelen porque ya no existen?( Mt.2,18)

La traves?a dura largos d?as, Mar?a se esconde muchas veces a llorar para que Jos? no la vea? no quiere preocuparlo, m?s su coraz?n de madre est? destrozado. Recuerda la espada anunciada por el anciano Sime?n? ya ha comenzado a lastimarla. Tambi?n veo a Jos? llorar a escondidas, es el llanto de un hombre que se siente impotente ante la injusticia, es el llanto de un hombre justo clamando justicia.

Las primeras casas del poblado egipcio se divisan a la distancia. La noche larga ha terminado, el ni?o est? a salvo, moment?neamente.

- Amiga- dices Mar?a, mir?ndome a los ojos,( mientras tus ropas y las m?as vuelven a estos tiempos y el ruido de los autom?viles nos sorprende frente la parroquia de Luj?n, en mi barrio) gracias por compartir conmigo esta noche, una de las m?s duras de mi tiempo en esta tierra. Realmente, cuesta ver a Dios detr?s de tanto dolor, cuesta poder encontrarlo para que nos tome de la mano, cuesta no enloquecer como ese pobre viejo del desierto? cuesta, buena amiga, pero no es imposible, es m?s, es el ?nico camino. Dios, tras el dolor que nos causan los seres humanos. Dios, sosteniendo. Dios, poniendo rosas sobre tantas espinas. Dios, transformando el dolor en camino de salvaci?n. Dios, permitiendo que nuestra angustia ayude a otros a superar la suya. Cuando tu alma tenga m?s preguntas que respuestas, m?s dolor del que crees poder soportar, m?s soledad que compa??a, m?s desilusi?n que sue?os entonces, m?s que nunca, b?scalo; que siempre habr? un Egipto donde puedas esconderte hasta que pase el temporal.

- Se?ora- y apenas si puedo contener mis l?grimas- ?Cu?nto, cu?nto me amas, cu?nto me cuidas, cu?nto me ense?as! ?Te dije ya cu?nto te amo?- y me arrojo en tus brazos y lloro por los ni?os muertos, lloro por m?, lloro por la humanidad.

Mientras te alejas, y yo seco mis l?grimas, un grupo de j?venes pasa ri?ndose de uno de ellos, al tiempo que le dicen ??Qu? la inocencia te valga! Ja,ja,ja? t?pico comentario de las bromas del D?a de los Inocentes.

Tengo ganas de gritar, ganas de decirles que el origen de esa recordaci?n es la sangre de ni?os peque?os derramada por Jes?s, pero siento que no vale la pena; prefiero escribir este relato, escribirlo para que t?, despu?s de leerlo, ya no r?as con las bromas de los 28 de diciembre. Porque si t? no r?es, si le cuentas esta historia a un amigo y ?l ya tampoco r?e? entonces? entonces algo habr? cambiado en este mundo? porque recordando a nuestros m?rtires, los honramos.


NOTA de la autora:

"Estos relatos sobre Mar?a Sant?sima han nacido en mi coraz?n y en mi imaginaci?n por el amor que siento por ella, basados en lo que he le?do. Pero no debe pensarse que estos relatos sean consecuencia de revelaciones o visiones o nada que se le parezca. El mismo relato habla de "Cerrar los ojos y verla" o expresiones parecidas que aluden exclusivamente a mi imaginaci?n, sin intervenci?n sobrenatural alguna."


Publicado por mario.web @ 13:49
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