Mi?rcoles, 12 de enero de 2011


Hay momentos especiales, de belleza, de dicha, de riqueza profunda en nuestro coraz?n inquieto.

Quisi?ramos, entonces, que el tiempo detuviese su paso despiadado, que el momento durase m?s tiempo, que no cesase este instante de alegr?a intensa.

Pero la vida es una marcha sin descanso: todo empieza y todo acaba tan deprisa...

El amanecer entre cantos de mil p?jaros se ha transformado en un d?a espl?ndido, soleado y caluroso, mientras el viento acaricia las copas de unos pl?tanos.

Las horas pasan, las sombras se alargan. Llega el crep?sculo. El sol se zambulle entre el brillo inquieto de las olas.

Todo empieza y todo termina: demasiado r?pido como para detenernos en un momento de dicha. Los gozos dejan paso a la fatiga. El tiempo de descanso nos arrastra de modo irresistible a ese trabajo que nos gusta o nos corroe poco a poco.

El instante es as?, fugitivo. Deja en nosotros sabores de nostalgia, deseos ilusos de detener el camino del sol para quedarnos fuera del tiempo, en un gozo profundo e intenso.

Pero somos mortales, ef?meros. Somos humanos de carne y hueso. La gravedad nos saca de los sue?os. El cuerpo nos pide alimento y descanso. La cuenta del banco nos avisa que tenemos que volver a la f?brica, al campo o a la oficina para el trabajo.

Es misteriosa esa sensaci?n de impotencia, casi de fracaso, ante lo fugaz de una vida hecha de instantes. Todo invita a seguir hacia adelante, con la duda del porqu?, con el miedo del silencio, con la angustia de no saber si ma?ana, nuevamente, habr? ocasiones para el amor y la alegr?a.

El mar agita olas de nostalgia, y el sol dibuja mil caricias entre olas inquietas, mientras la luna juega con nubes que hacen de pa?ales. Una madre y su hija miran a lo lejos, junto a la playa, en la hora vespertina que levanta nuestros ojos hacia el cielo.

Dios, en silencio, espera la hora de un encuentro. Entonces los momentos de amor se har?n eternos. All? los hijos descubriremos que vali? la pena vivir en el tiempo, usar de cada instante para trabajar por el bien de nuestro hermano...


Publicado por mario.web @ 8:53
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