Mi?rcoles, 12 de enero de 2011


Nos quedamos maravillados por la multiplicaci?n de los panes de cebada que hizo Jes?s, alimentando a cinco mil hombres. ?Gracias a que compartimos nuestros cinco panes y dos pescados! ?Si no, no hubiera habido milagro, ni alegr?a ni sobreabundancia!

?Qu? queremos: el pan de cebada que alimenta nuestro cuerpo solamente, o tambi?n el pan del cielo, la eucarist?a, que alimenta nuestra alma?

En el desierto falta todo... En el desierto, el pueblo de Israel -y nosotros con ?l- aprende a experimentar la condici?n de ?pobre?, de ?necesitado de todo?, especialmente del auxilio de Dios. Dios quiso probar a su pueblo, para ver qu? clase de pan le ped?a: el de cebada o el del cielo.

?Qu? queremos: el pan de cebada que alimenta nuestro cuerpo solamente, o tambi?n el pan del cielo, la eucarist?a, que alimenta nuestra alma?

Los jud?os de ese entonces, por lo visto, s?lo quer?an el pan de cebada. Y se escandalizaron del otro pan, el pan que alimentar?a su esp?ritu, y que Jes?s les estaba prometiendo.

Nosotros hoy, cristianos del siglo XXI, ?vivimos m?s interesados del pan de cebada o del pan del cielo?

Est? claro que en este desierto de la vida necesitamos comer, como aquellos israelitas, a quienes Mois?s sac? de Egipto y caminaron por el desierto. Durante esa traves?a tambi?n comieron y alimentaron su cuerpo, por la bondad de Dios.

Pero Dios quiso probar a su pueblo, para ver qu? clase de pan le ped?a: el de cebada o tambi?n el del cielo. Y les dio el man? del cielo, y les supo a nada, a poco, sin sustancia, sin sabor. Quer?a s?lo el pan de cebada.

?No hay otra! Y se quej? el pueblo de Dios. Quiere comer carne y cebollas, como en Egipto. No quiere ese pan suave que le fortalecer?a, aunque no le d? gusto a su sensualidad. ?Quiere pringarse y chuparse bien los dedos despu?s de haberlos metido en esas ollas repletas, hondas y humeantes del Egipto seductor!

?Nada! Ese pueblo quiere pan de cebada y acompa?amiento de dinero, amor, placer, felicidad, confort, ?xito y poder... no quiere ese pueblo de Israel, no, ese pan insulso del cielo ni su guarnici?n de fe, oraci?n, virtudes, mandamientos, principios, valores, promesas y destinos.

Igual les pas? a aquellos jud?os que siguieron a Jes?s: le buscaron s?lo por el pan de cebada que engordaba el est?mago y el cuerpo. Y se escandalizaron cuando les quiso dar el Pan del cielo, que es Su Cuerpo que alimenta y fortalece el alma.

?Y pensar que este Pan del cielo que nos trae Jes?s, nos quita de verdad el hambre del esp?ritu: el hambre de amor, de seguridad, de tranquilidad, de felicidad, de reconocimiento, de prestigio, de ?xito personal, matrimonial, social, profesional, etc..!

Sin el Pan del cielo, sin el Pan de la eucarist?a todo es insatisfacci?n y tristeza y decaimiento y desgana.

?Qu? queremos: el pan de cebada que s?lo alimenta el cuerpo y da gusto al est?mago, o tambi?n el Pan del cielo, que alimenta el alma y da gusto al esp?ritu, que acalla todas nuestras hambres profundas?

?Cu?nto hacemos por el cuerpo, cu?nto hacemos por nuestra alma? ?Qu? nos pide de ordinario el cuerpo?

Lo sabemos, y contesta San Pablo en la carta a los efesios (cf. Ef 4, 17ss): nos pide frivolidades. Que es lo mismo que decir sensualidades, gustos, caprichos, antojitos, satisfacci?n de la concupiscencia, ya sea la de la carne como la del esp?ritu.

?Y as? estamos, gordos, bien gordos por las cosas mundanas que comemos tan a gusto! Y, ?el esp?ritu y el alma? ?Qu? nos pide el esp?ritu? Nos contesta de nuevo san Pablo en esta misma carta a los efesios: no proceder como los paganos, despojarnos del hombre viejo sensual, ego?sta, soberbio, vanidoso, perezoso, lujurioso. El esp?ritu pide alimentarnos de justicia y santidad verdadera.

?C?mo est? nuestro esp?ritu: flaco, fam?lico, o fuerte y robusto? ?C?mo nos preocupa si nuestro cuerpo enflaquece, o tiene mal color o aspecto...! ?Y el alma?

Se cuenta que al fakir de cierto poblado, con las costillas a la intemperie y tumbado en su catre de clavos, punta al cielo, le preguntaba la gente.

?T? no tienes que comer?
S?, pero no me lo pide el cuerpo.

?Es que eres distinto de todos los dem?s?
Es que al cuerpo no se lo pide el esp?ritu.

Y sigue la leyenda: ?Cuando dieron las 12, todos se fueron a casa y se sentaron a comer. El fakir se fue a su chamizo y si arrodill? en oraci?n?. Cuando se enter? la gente, bisbiseaba lo ocurrido. Y todo porque ante el fakir, con su culto al esp?ritu, ellos se avergonzaban de su propio culto al cuerpo. No s? si llegaron a sospechar que si estaba delgado el fakir, se deb?a a que el esp?ritu no le ped?a al cuerpo que comiera.

?Qui?n manda y ordena en m?: el cuerpo o el esp?ritu? Ojal? que sea el esp?ritu quien mande en nosotros y podamos decir siempre a Cristo: ?Se?or, danos siempre de ese pan? del cielo que alimenta nuestra alma. Acerqu?monos a la eucarist?a que la Iglesia nos ofrece, para saciar nuestra hambre de Dios y de eternidad.

Si las sociedades decaen, si los pueblos se debilitan, si los estados se vuelcan al laicismo, si vemos a tanta gente demacrada, somnolienta, deca?da y triste, si algunas familias enflaquecen en valores, si hay tantos j?venes sin fuerza para resistir las tentaciones mundanas y luchar por la santidad de vida... ?no ser? porque nos est? faltando este Pan del cielo?

Se?or, danos siempre de ese pan.


Publicado por mario.web @ 9:06
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