Mi?rcoles, 12 de enero de 2011

Mateo, el publicano, tuvo la gran suerte de encontrarse con Cristo y as? su vida experiment? un gran cambio hasta convertirse en el gran ap?stol y evangelista que conocemos. Experiment? sin duda la angustia y la tristeza del pecado desde su condici?n de publicano, pero despu?s fue valiente y decidido a la hora de abandonar aquella vida para ponerse de rodillas ante la verdad de Dios que quer?a su coraz?n plenamente. As? se oper? la conversi?n: de publicano a santo.

Al pasar vio a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: "S?gueme" (Mt 9, 9). La misi?n de Cristo fue siempre la de salvar al hombre de la esclavitud del mal. Parece que siempre est? comprometido en esta lucha.

Cristo siempre pasa, y siempre se encuentra con alguien: con Zaqueo, con la Samaritana, con la pecadora p?blica. Al pasar se encuentra con Mateo, un publicano, un ser se?alado por los jud?os que se cre?an buenos, un hombre de mala reputaci?n, un pecador. Cristo se dirige a ?l y le ofrece otro camino: cambiar la mesa de los impuestos por una vida de entrega generosa y desinteresada a los dem?s, cambiar la vida de pecado por una vida de amistad con Dios, cambiar en definitiva el coraz?n. Una aut?ntica conversi?n. ?l acepta esta invitaci?n, porque la mirada de aquel hombre le hab?a hecho comprender su pobreza interior, la pobreza que siempre conlleva el pecado.

"?l se levant? y le sigui?" (Mt 9,9). Admira la prontitud con que Mateo abandona su vida de pecado para abrazar el amor de Dios. No hace consideraciones, no calcula las consecuencias, no regatea a Cristo. Deja absolutamente todo y comienza una nueva vida al lado de Cristo. Realiza dos gestos, sintetizados en dos palabras: "Se levant?", como si se dijera que abandona aquella mesa, s?mbolo de su vida pasada y de su pecado; y es que para salir del pecado siempre hay que abandonar algo propio, personal. Y "le sigui?", es decir, abraz? una nueva vida, una vida junto a Dios, una vida centrada en otros valores, una vida nueva en Cristo. No fue sin duda f?cil para Mateo esta decisi?n, pero bien val?a la pena probar otro camino distinto de aquel que se hab?a convertido para ?l en tantos momentos de dolor, de angustia y de remordimiento.

"No he venido a llamar a justos sino a pecadores" (Mt 9,13). Jes?s acept? la invitaci?n de Mateo a comer en su casa, casa que se llen? enseguida de publicanos y pecadores. Los fariseos preguntaron a los disc?pulos por qu? com?a su Maestro con publicanos y pecadores. Pero fue Jes?s el que les respondi?: "No necesitan m?dico los que est?n fuertes sino los que est?n mal. Id, pues, a aprender lo que significa aquello de: Misericordia quiero, que no sacrificio" (Mt 9, 10-13).

Es maravilloso el comprender c?mo el Coraz?n de Dios busca la oveja perdida y c?mo se llena de alegr?a verdadera y profunda cuando la encuentra. Por eso se enfrenta con estas palabras tan consoladoras a aquellos fariseos que se extra?aban de que el Maestro se sentara a la mesa con los pecadores. No sab?an aquellos hombres que Cristo hab?a venido a salvar precisamente a aquellos que ellos despreciaban y, m?s a?n, ignoraban los fariseos que tal vez era m?s f?cil sacar del abismo del mal a personas que se aceptaban pecadoras que a ellos mismos que se consideraban justos.


Publicado por mario.web @ 9:08
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