Mi?rcoles, 12 de enero de 2011

Ahora s? que eleg? bien la palabra: ?Esclava, esclava?. Pude decir sencillamente: ?Dile que s?, que estoy de acuerdo?. O responder: ?El sabe que estoy a sus ?rdenes?. O preguntar: ??Acaso Dios tiene que pedirme a m? permiso?? Pero dije: ?He aqu? la esclava?, sin comprender hasta qu? punto me convert?a en lo que estaba diciendo, en alguien a quien arrastrar?n siempre con los ojos cerrados por t?neles oscuros que jam?s entender?.

Conducida del gozo al dolor, del dolor al espanto, del espanto a este vac?o de ahora en el que mi coraz?n es un lagar molido, un cesto de cenizas, una cadena de muertes. Si sab?as que esto acabar?a as?, ?por qu? elegiste una madre? ?Por qu? no naciste como el pedernal, en la monta?a, en lugar de entrar en el pobre seno de una mujer que no podr?a soportar tanta desgarradura? Todas las madres dicen: ?Los hijos son dif?ciles de entender, crecen, crecen; tu crees saber hasta la m?s m?nima de las arruguitas de su cara. Y un d?a descubres que han crecido tan desmesuradamente que no acabas de creerte que un d?a han estado dentro de ti. Pero t??

Es como si hubiera engendrado un gigante, parido una monta?a, albergado dentro todas las cordilleras del universo entero. Siempre supe que me desbordar?as. Cada vez que en tu vida quise descender al fondo de tus ojos entend? que me perd?a por los vericuetos de tu alma. T? eras, desde luego, un hombre. Yo lo sab?a como nadie. Pero tambi?n m?s, tambi?n un v?rtigo a cuya orilla yo no pod?a ni asomarme. Crec?as, crec?as, como si tuvieras que vivir muchos a?os dentro de cada uno de los tuyos, como si te sobrase alma y la pobre piel que la ce??a fuera a estallar en cada hora. Y Yo, cuando te abrazaba ?c?mo pod?a abrazarte? Me dol?as de tanto como te ol?a el alma a vida y a muerte. Que vendr?a el dolor, lo supe siempre. Bien me lo dijo Sime?n antes de que T? aprendieses a andar. Pero que el dolor fuese esto, no pude ni sospecharlo: o?r el gotear de tu sangre, de ?Nuestra? sangre, cayendo sobre el silencio de esta hora, sonando cada gota con m?s crueldad que los mismos martillazos. Se clava en m? el retumbar de cada gota, como un clavo que me penetra dentro, dentro, dentro, m?s dentro, all? donde el alma est? en carne viva. ?Ah, tus manos! Yo las vi gordezuelas, buscando mi pecho, enredando en mi pelo, besadas, mordisqueadas por m?, rubias de trigo nuevo, tendidas para acariciar mi rostro, partiendo el pan por m? amasado. ?Y estaba prepar?ndolas yo para ese hermano clavo que acabar?a posey?ndolas, destroz?ndolas, desgarr?ndolas como abr?as T? el pan? Hijo, hijo, perd?name, perd?name por seguir viva cuando T? est?s muriendo, Perd?name por no saber decirte nada en esta hora, por no saber ni orar, por tener el alma como el desierto de los desiertos, por no saber ni estar contigo, por no tener en esta hora otro oficio que el de estar cansada y decirte: hijo, hijo, hijo. He entrado en el t?nel de Dios. Y est? oscuro. A los dos nos ha abandonado. Y ni siquiera nos ha abandonado juntos. Encerrado cada uno en su abandono como en un ?bunker? de piedra, en dos vac?os gemelos pero separados.

Conoc?a la noche de la fe, pero nunca cre? que fuera tan profunda. Ni una sola ventana con luz en el alma. S?lo creer, creer, apretar los pu?os del alma, esperar, agarrarte a los barrotes de tu c?rcel, entrar en las entra?as de la oscuridad. Sin ?ngeles, sin voces de lo alto. S?lo la noche y el seguir escuchando el golpear feroz de los martillazos como l?tigos. Y el galopar de la muerte que se acerca. Y ojal? fueran, al menos, dos muertes las que se acercan. ?Dios te salve, Mar?a, dijo el ?ngel. ?Salvarme? ?No es acaso ahora cuando tendr?a que salvarme y salvarte? ?Llena de gracia quer?a decir llena de dolor y de muertes? ?La gracia es esta espada que nos pulveriza? Gabriel, Gabriel, ?d?nde te has metido? Y si al menos ahora viviera Jos? Ah, Jos?, amor m?o, ?qu? dar?a yo ahora por tenerte junto a m? y reclinar mi cabeza en tu hombro! En la noche no hay nada. S?lo la noche. Y la certeza de que el sol vendr? ma?ana. Pero, ?cu?ntos siglos faltan para ma?ana? D?melo, hijo, resp?ndeme: ?Es que siempre hay que salvar con sangre? ?tan hondos son los pecados de los hombres que s?lo pueden borrarse con manos y frente desgarradas? Yo acarici? tantas veces tu frente cuando, de ni?o, ten?as fiebre. Pero las espinas, no, nunca pude imaginarlas. Sal?amos al campo, corr?as, jugabas con las zarzas. ?No vayas a pincharte? Y re?as, re?as. Yo te ve?a crecer siempre con miedo. Ah, poder encerrarte para siempre en la infancia, retenerte, disfrutarte. ?Por qu? crecen los hombres, a d?nde van, qu? prisa tienen? ?Qu? les lleva a la muerte? ?Una misi?n ser? m?s fuerte que la vida? Tu coraz?n estuvo siempre tirado, arrastrado por invisibles caballos, como por un hilo que te sujetara desde la eternidad. Ten?as que salvar. Como si todas las otras vidas fuesen m?s importantes que la tuya. Te veo y?ndote, como si fuera un pecado cada hora dedicada a ser feliz. ?Si el grano no muere, es infecundo?, dec?as. Y ten?as que subirte a la cruz, como un suicida, como un amante, enterr?ndote, sin que entendieran tu entrega ni tus propios ap?stoles. Esos pobres que han acabado fall?ndote. ?Es que no lo supiste desde siempre? Veo el rostro de Judas, ese muchacho asustado que parec?a temblar cada vez que o?a la palabra ?amor?. Me habr?a gustado ser su madre. Tal vez, entonces? Cu?nto le quise y le tem?.

Escuchaba tus palabras no como quien las bebe, sino como quien las cuenta, como quien las numera con el alma retorcida. Y ahora, ?d?nde est?? ?d?nde est?s, Judas, hermano m?o, hijo m?o? Tu aullido es la gran sombra de esta tarde, un viento helado, una noche de invierno, una sed imposible. Hiel y vinagre suben por mi boca. Y T?, peque?o m?o, ?por qu? agitas ahora la cabeza? ?qu? nube de murci?lagos quieres espantar de tu mente? No, no tengas miedo: el Padre tiene que estar orgulloso de ti, como ,o est? tu madre. Has cumplido, has cumplido y El lo sabe, aunque esconda su rostro. Yo s? y ?l sabe que has sido un valiente, digno de ser lo que eres: mi hijo y mi Dios. Ese Dios diminuto cuyo cuerpo lav? yo tantas veces, cuyas manos creadoras y peque?itas cab?an en las m?as. Me quedaba mir?ndote y pensando: No es posible, no es posible que ?esto? sea Dios; y tu boquita me hac?a da?o al mamar. Ea, ea, mi Dios. Aquella leche iba volvi?ndose sangre de Dios, la misma que ahora derramas. ?Pero dejadle morir al menos! Muere por vosotros, ?no lo entend?is? Un hombre puede ser redimido mientras se carcajea de su Redentor. La Humanidad es ciega. Ceguera. Un oc?ano de ceguera nos rodea. ?Si al menos supieran a Quien est?n matando! T? jugabas a mi lado como los dem?s ni?os. Y nadie sospechaba. Como ahora. Si hubieran sabido con Quien jugaron, a Quien crucifican, morir?an de espanto. Mejor que ni siquiera lo imaginen, pobres, pobres hombres. Pero yo no puedo permitirme el lujo de estar ciega. Yo s?. Yo mido el volc?n sobre el que caminamos, el v?rtigo de Dios, la p?gina que gira el Universo.

?Te duele, ni?o m?o? ?Ah, si al menos volvieras hacia m? esos tus ojos misericordiosos! Pero lo entiendo: ahora est?s redimiendo. ?Qu? tiempo podr?a sobrarte para sentimentalismos? No, no tengo yo derecho a robar a los hombres ni una sola esquirla de tu muerte. Aunque tambi?n mueres por m?. Tambi?n yo necesito de su sangre. Me redimes con la que te prest?. ?Y ahora? ?No es demasiado, hijo, lo que me est?s pidiendo? ?Habiendo sido madre tuya, c?mo podr?a serlo de tus asesinos? Pero si fui esclava una vez, seguir? si?ndolo. Que entren, que entren en mi seno. Se ha desgarrado tanto en esta hora, que ya me caben todos.

Y T?, descansa hijo. Deja caer de una vez tu cabeza. Y descansa en la muerte. Ella no te har? da?o. No podr? vencerte. Cruzar? por tus venas, triturar? tu sangre, pero T? tienes tanta vida en ti que ella no durar? mucho sobre tus dominios y se ir?, derrotada, asombrada de haber podido estar alguna vez sobre su Dios. Y yo cuidar? tu cuerpo. Ir? quit?ndole una a una las espinas, bes?ndote las llagas, cerrando tus ojos, aunque al hacerlo el universo se oscurezca. ?Ah, si pudiera volver a llevarte dentro, ah, si pudiera parirte otra vez y no s?lo tenerte derrumbado sobre mis pobres brazos! Descansa, hijo. Y vuelve, vuelve pronto. Y si puedes, regresa con todas tus heridas, para que ni yo ni nadie lo olvidemos, tanto amor, tanto amor. Vuelve con todas tus sangrientas condecoraciones, hermano nuestro, hijo m?o, mi Dios.


Publicado por mario.web @ 9:13
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