Mi?rcoles, 12 de enero de 2011

Parece mentira, pero a pesar de tanto ?tiempo libre? no tenemos casi tiempo para nada. Aumentan las necesidades, los planes, los compromisos, y cuando queremos tener un rato para el descanso en familia, resulta que no nos queda tiempo...

Debemos sentarnos, de vez en cuando, para reflexionar sobre lo que sea realmente importante en nuestras vidas. Entonces descubriremos, entre otras cosas, que resulta urgente rescatar el sentido del domingo, de un d?a dedicado a los dem?s, a nosotros mismos, a Dios.

Pensemos en lo que es ahora el domingo para muchos. Despu?s de seis d?as de trabajo, con el agotamiento del tr?fico, de las prisas, de los roces con los compa?eros y compa?eras de la oficina o de la f?brica, el domingo querr?amos estar todo el tiempo entre las s?banas, o tumbados en el sof?, o pasear tranquilos por la calle. Pero ni siquiera podemos hacer esto. Unos tienen que hacer deporte, casi obsesionados por la ?condici?n f?sica?. Otros salen de la ciudad, y a veces pasan varias horas en la carretera, aprisionados entre millares de coches que avanzan a paso de tortuga. Otros se quedan en casa, y descubren que tienen que arreglar mil peque?os asuntos que terminan por dejarles m?s cansados y m?s tensos. Otros, y es una enfermedad que est? creciendo poco a poco, se dedican a juegos electr?nicos que absorben toda la atenci?n y que no dejan espacio para pensar en cosas mucho m?s importantes. Otros, en fin, hacen el domingo el trabajo que no pudieron hacer durante la semana: no saben lo que es tomarse un poco de tiempo para descansar...

Sin embargo, casi todos hemos deseado llegar al domingo. Casi todos... porque siempre hay quien es m?s feliz en el trabajo que en el hogar, pero si esto ocurre es porque algo no funciona del todo bien en la vida familiar... ?Por qu? nos alegra pensar en el domingo? Porque lo vemos como nuestro d?a ?libre?, el d?a en el que nos gustar?a hacer eso que m?s llevamos en el coraz?n, eso que nos descansa, que nos llena. El domingo, en cierto sentido, revela aspectos muy profundos de nuestra personalidad, cosas buenas y cosas malas, amores y tensiones, gozos y penas profundas. Es un d?a especial, es nuestro d?a... No podemos venderlo a las prisas, a la propaganda, al consumismo. No podemos hacer del domingo un d?a perdido.

Hemos de encontrar tiempo para que el domingo sea, realmente, un d?a de plenitud, de amor, de familia, de solidaridad. Para lograr que sea as?, no estar?a mal quitar todo aquello que hemos escogido para ese d?a y que s?lo nos ha dejado m?s vac?os y m?s angustiados. Es mejor un domingo con tiempo para la reflexi?n y para el descanso que un domingo lleno con cientos de compromisos que nos absorben completamente y nos apartan de lo importante...

El domingo debe ser, de modo especial, un momento para la familia. Conocemos o hemos tenido la suerte de vivir en familias que pasan casi todo el domingo unidos y en paz, con un proyecto com?n. Juntos se va a misa, se prepara la comida, se juega un rato o se va de paseo. Juntos se ve la televisi?n o se hacen los deberes para la escuela. Juntos se distribuyen las tareas (siempre hay mil cosas que arreglar) y la limpieza de la ropa, de la cocina, de las esquinas llenas de polvo o de ara?as... Juntos se va al club, o al cine. Son familias que pueden hacerlo todo juntos porque, de verdad, se quieren a fondo, y saben unos ceder un poco para la felicidad de otros. Y eso es muy f?cil si el amor es lo m?s importante de la casa.

Por ?ltimo, o mejor, en primer lugar, el domingo es el d?a del Se?or. Una verdad profunda acompa?a la vida de todo creyente: venimos de Dios, vamos a Dios. El domingo agradece el don de la existencia, el amor de un Dios que nos cre? y que nos permite disfrutar del sol, de la luna, del viento, de las enchiladas y de la sonrisa de los ni?os. El domingo nos hace pensar en el ?ma?ana? que brillar? despu?s de nuestra muerte, y nos recuerda que mediante una cruz el cielo est? abierto. El domingo nos susurra, sin gritos, pero con constancia, que Dios nos ama, que somos sus hijos, que es un Padre que nos espera con cari?o.

Todo esto se vive de modo especial en la Misa. Pero no s?lo en ella. El clima familiar del domingo deber?a suscitar en todos como una nostalgia de Dios, desde que nos vamos levantando (sin las prisas de siempre pero con gusto y con entusiasmo por el d?a libre) hasta que llegamos a la noche y miramos el futuro que nos espera. Un futuro que puede ser gris o de colores, pero en el que siempre podremos descubrir una mano providente que nos gu?a hacia la Patria del cielo.

El domingo es un d?a muy especial. Nos lo record? el Papa Juan Pablo II en su carta sobre el ?D?a del Se?or?, escrita el a?o 1998. Nos dec?a en esa carta: ?Por medio del descanso dominical, las preocupaciones y las tareas diarias pueden encontrar su justa dimensi?n: las cosas materiales por las cuales nos inquietamos dejan paso a los valores del esp?ritu; las personas con las que convivimos recuperan, en el encuentro y en el di?logo m?s sereno, su verdadero rostro?.

Nos urge, por lo tanto, revivir a fondo el domingo, hacer de cada domingo, de verdad, el d?a del Se?or y nuestro d?a favorito. El d?a m?s deseado, el d?a vivido con m?s alegr?a, el d?a que nos prepara para un cielo que ser?, nos lo ense?a la Iglesia, un domingo eterno y feliz.


Publicado por mario.web @ 9:15
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