Mi?rcoles, 12 de enero de 2011

Pocas horas antes de morir, y en un arrebato sublime, dijo Jes?s a Dios su Padre:
- ?Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, ?nico Dios verdadero, y al que T? has enviado, Jesucristo!

En Jesucristo tenemos, pues, la vida eterna si le conocemos a fondo, si nos damos a ?l con toda el alma, si nos apasionamos por su Persona adorable, si Jesucristo llena nuestra mente y nuestro coraz?n las veinticuatro horas del d?a.

Porque no se trata de conocer simplemente, como conocemos la naturaleza del agua, cuando decimos que es un ?tomo de ox?geno y dos de hidr?geno; o cuando decimos que conocemos a una persona porque la hemos visto alguna vez y sabemos que se llama Quimet o Marialina...

No se trata de eso, sino del conocimiento en el sentido de la Biblia: un conocimiento profundo, que lleva a darse con todo el amor a la persona querida.

Nos damos cuenta de que Jesucristo nos ama, y entonces nosotros le amamos tambi?n hasta la locura si es preciso. El amor nuestro a Jes?s empieza siempre por el amor de Jesucristo a nosotros. Al sabernos amados, empezamos a amar.

Nos pasa a todos como a esa muchacha encantadora de coraz?n virginal. No ha amado hasta ahora m?s que a compa?eras tan inocentes como ella. Pero apenas ha descubierto en la mirada y en una palabra de aquel chico que ?l la quiere, de repente se convierte en una amante y una enamorada llena de pasi?n.

Una de esas santas j?venes modernas, como Isabel de la Trinidad, nos dio una lecci?n inolvidable. La muchachita se pasa ante el Sagrario ratos y m?s ratos, quieta, sin hablar nada, con la mirada fija en un punto, como queriendo atravesar el metal. Una se?ora que la ve siempre as?, le suelta:
- Pero, v?yase. ?Qu? hace aqu? tantos ratos sin hacer nada?
Y la jovencita, que hoy est? ya en los altares, responde con acento conmovedor:
- ?Ay, se?ora! ?Es que nos queremos tanto!...
Una contestaci?n como ?sta de la Beata Isabel deja asombrado al sic?logo m?s agudo y le llena de envidia al te?logo m?s sabio...

El conocimiento de Jes?s nos lleva al amor a Jes?s; pero el amor, a su vez, nos lleva al conocimiento cada vez m?s hondo de Jesucristo.

Nos debe pasar como a las mam?s. Una mam?, por ignorante y sencillita que sea, conoce a su hijo con una profundidad que nos deja pasmados. El amor es quien le ha llevado a ese conocimiento tan ?nico que solamente las madres tienen y entienden.

En este caso, no podemos ni imaginar a alguien que haya conocido a Jes?s como Mar?a. El conocimiento y el amor de Mar?a a Jes?s lleg? a unas profundidades indecibles.
As? nosotros con Jes?s: si le conocemos, le amaremos; pero si le amamos, le conoceremos cada vez m?s profundamente y m?s ?ntimamente.

No tendr? nadie que decirnos cu?les son los pensamientos de Jes?s, pues nos los sabremos de memoria.

Nadie tendr? que explicarnos c?mo siente y ama Jes?s, pues tendremos los mismos sentimientos que ?l, como nos pide San Pablo.
Ninguno habr? de darnos lecciones sobre la vida, gestos, gustos y querer de Jes?s, porque estaremos compenetrados completamente con todo lo suyo.

Se podr? preguntar: ?Y c?mo llegar a este conocimiento y a este amor de Jesucristo?
Digamos ante todo que es gracia de Dios. Pero una gracia que Dios no niega a nadie que la busca y la quiere. Una gracia que Dios Padre la concede con una complacencia ?nica. Querer conocer y amar a Jes?s es atraerse el amor del Padre de una manera irresistible, como nos dice Jes?s:
- Quien me ama ser? amado de mi Padre.

Ante todo, pues, pedir a Dios este conocimiento de Jes?s.

Despu?s, estudiarlo, sobre todo en el Evangelio. Quien lee el Evangelio hasta aprend?rselo de memoria, llega a compenetrarse del pensamiento y de los sentimientos m?s ?ntimos de Jesucristo.
Pero, m?s que todo, lo que interesa es la contemplaci?n. Ratos y ratos en oraci?n, sobre todo ante el mismo Jes?s presente con nosotros en la Eucarist?a, es el medio m?ximo para conocerlo de manera vivencial --existencial, como decimos hoy-- que se traduce en amor y en ansias incontenibles de hacer algo por ?l, en la oraci?n, en la caridad o en el apostolado.

Cuando as? pensamos y as? hablamos de Jesucristo, por fuerza tenemos presente su Resurrecci?n. Sin ella, Jesucristo ser?a un personaje de la Historia que no nos dir?a nada. Pero ahora, ?Jes?s vive!, y est? con nosotros, y nos acompa?a, y podemos hablar con ?l familiarmente como los mejores amigos. La fe en la Resurrecci?n nos resulta fundamental. Por ella Jes?s, no s?lo est? all? arriba en las alturas a la diestra de Dios. Est? con nosotros, haci?ndose presente en todo nuestro caminar...

?Jesucristo, Se?or!
Nosotros, por gracia tuya, te conocemos y te amamos. Te amamos y nos damos a Ti. Nos damos a Ti y queremos hacer algo por Ti y por el Reino.

?Y qu? dicha al saber que as? tenemos ya la vida eterna!...


Publicado por mario.web @ 9:23
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