Mi?rcoles, 12 de enero de 2011

Las palabras de la instituci?n de la Eucarist?a, las que pronunciamos cada d?a in persona Christi, para hacer presente sobre nuestros altares el sacrificio realizado de una vez por todas en el Calvario. De ellas surgen indicaciones iluminadoras para la espiritualidad sacerdotal: puesto que toda la Iglesia vive de la Eucarist?a, la existencia sacerdotal ha de tener, por un t?tulo especial, ?forma eucar?stica?.

Por tanto, las palabras de la instituci?n de la Eucarist?a no deben ser para nosotros ?nicamente una f?rmula consagratoria, sino tambi?n una ?f?rmula de vida?.

?Tibi gratias agens benedixit...?. En cada Santa Misa recordamos y revivimos el primer sentimiento expresado por Jes?s en el momento de partir el pan, el de dar gracias. El agradecimiento es la actitud que est? en la base del nombre mismo de ?Eucarist?a?. En esta expresi?n de gratitud confluye toda la espiritualidad b?blica de la alabanza por los mirabilia Dei. Dios nos ama, se anticipa con su Providencia, nos acompa?a con intervenciones continuas de salvaci?n.

En la Eucarist?a Jes?s da gracias al Padre con nosotros y por nosotros. Esta acci?n de gracias de Jes?s ?c?mo no ha de plasmar la vida? Sabemos que debemos fomentar constantemente un esp?ritu de gratitud por tantos dones recibidos a lo largo de la existencia y, en particular, por el don de la fe, que ahora tiene el ministerio de anunciar, y por el del sacerdocio, que lo consagra completamente al servicio del Reino de Dios.

Tenemos ciertamente nuestras cruces ?y ?no somos los ?nicos que las tienen!?, pero los dones recibidos son tan grandes que no podemos dejar de cantar desde lo m?s profundo del coraz?n nuestro Magnificat.


Fragmeto tomado de la Carta de SS Juan Pablo II a los sacerdotes para el Jueves Santo. Policl?nico Gemelli, Roma 13 de marzo de 2005.


Publicado por mario.web @ 9:34
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