Mi?rcoles, 12 de enero de 2011

A Gerard Bessiere le ha preguntado alguien c?mo se las arregla para estar siempre contento. Y Gerard ha confesado c?ndidamente que eso no es cierto, que tambi?n ?l tiene sus horas de tristeza, de cansancio, de inquietud, de malestar. Y entonces, insisten sus amigos, ?c?mo es que sonr?e siempre, que sube y baja las escaleras silbando infallablemente, que su cara y su vida parecen estar siempre iluminadas?. Y Gerard ha confesado humildemente que es que, frente a los problemas que a veces tiene dentro, ?l "conoce el remedio, aunque no siempre sepa utilizarlo: salir de uno mismo", buscar la alegr?a donde est? (en la mirada de un ni?o, en un p?jaro, en una flor) y, sobre todo, interesarse por los dem?s, comprender que ellos tienen derecho a verle alegre y entonces entregarles ese fondo sereno que hay en su alma, por debajo de las propias amarguras y dolores. Para descubrir, al hacerlo, que cuando uno quiere dar felicidad a los dem?s la da, aunque ?l no la tenga, y que, al darla, tambi?n a ?l le crece, de rebote, en su interior.

Me gustar?a que el lector sacara de este p?rrafo todo el sabroso jugo que tiene. Y que empezara por descubrir algo que muchos olvidan: que ser feliz no es carecer de problemas, sino conseguir que estos problemas, fracasos y dolores no anulen la alegr?a y serenidad de base del alma. Es decir: la felicidad est? en la "base del alma", en esa piedra s?lida en la que uno est? reconciliado consigo mismo, pleno de la seguridad de que su vida sabe ad?nde va y para qu? sirve, sabi?ndose y sinti?ndose nacido del amor. Cuando alguien tiene bien construida esa base del alma, todos los dolores y amarguras quedan en la superficie, sin conseguir minar ni resquebrajar la alegr?a primordial e interior.

Luego est? tambi?n la alegr?a exterior y esa depende, sobre todo, del "salir de uno mismo". No puede estar alegre quien se pasa la vida enroscado en s? mismo, dando vueltas y vueltas a las propias heridas y miserias, autocomplaci?ndose. Lo est?, en cambio, quien vive con los ojos bien abiertos a las maravillas del mundo que le rodea: la Naturaleza, los rostros de sus vecinos, el gozo de trabajar.

Y, sobre todo, interesarse sinceramente por los dem?s. Descubrir que los que nos rodean "tienen derecho" a vernos sonrientes cuando se acercan a nosotros mendigando comprensi?n y amor.

?Y cuando no se tiene la menor gana de sonre?r? Entonces hay que hacerlo doblemente: porque lo necesitan los dem?s y lo necesita la pobre criatura que nosotros somos. Porque no hay nada m?s autocurativo que la sonrisa. "La felicidad -ha escrito alguien- es lo ?nico que se puede dar sin tenerlo". La frase parece disparatada, pero es cierta: cuando uno lucha por dar a los dem?s la felicidad, ?sta empieza a crecernos dentro, vuelve a nosotros de rebote, es una de esas extra?as realidades a las que s?lo podemos acercarnos cuando las damos. Y ?ste puede ser uno de los significados de la frase de Jes?s: "Quien pierde su vida, la gana", que traducido a nuestro tema podr?a expresarse as?: "Quien renuncia a chupetear su propia felicidad y se dedica a fabricar la de los dem?s, terminar? encontrando la propia". Por eso sonriendo cuando no se tienen ganas, termina uno siempre con much?simas ganas de sonre?r.


Publicado por mario.web @ 9:54
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