Mi?rcoles, 12 de enero de 2011

No es f?cil responder en pocas palabras a quien pregunta: ?cu?l es la esencia del cristianismo? La riqueza del Evangelio y de la Tradici?n de la Iglesia es tan grande que dar una respuesta breve significa muchas veces no decir casi nada.

De todos modos, podemos empezar a responder con dos ideas centrales de nuestra fe. La primera: Dios nos ama. La segunda: vivimos todos los d?as una lucha continua contra las fuerzas del mal.

Dios nos ama. Esta verdad no es s?lo una bella poes?a o una frase hermosa que dicen, de vez en cuando, los sacerdotes en la misa, o los padres cuando ense?an la fe a sus hijos peque?os. El amor de Dios es una realidad profunda, vital, una experiencia que todo cristiano puede y debe descubrir en el fondo de su coraz?n. Nos invade siempre un cari?o eterno. Dios no puede dejar de mirarnos con amor: nos quiere ?demasiado?.

El amor de Dios se concretiza en la cruz y en la Resurrecci?n de Cristo. Esos dos momentos son el centro de la misa. Cada vez que el sacerdote toma el pan y el vino y pronuncia las palabras de consagraci?n, Cristo est? all?, misteriosa pero realmente, y nos repite, casi nos grita en medio del silencio: ?Te amo con un amor eterno?. O, como dice la canci?n, ?nadie te ama como yo?.

Esta verdad es capaz de cambiar cualquier vida. A nivel humano nos alegra, nos provoca un cosquilleo especial en el coraz?n el sentir que alguien nos mira con cari?o. Pero es mucho m?s grande y profunda la paz que nace cuando damos vida, por el recuerdo, a esa gran certeza: ?el Hijo de Dios me am? y se entreg? a s? mismo por m? (Gal 2, 20).

La segunda verdad puede resultar extra?a, pero tambi?n es una experiencia de todos los d?as. La lucha contra el mal es tan real que nos toca a la hora de levantarnos, o cuando hay que llevar a los ni?os a la escuela, o cuando se insin?a la posibilidad de una peque?a trampa en el trabajo, o cuando nace en el coraz?n un molesto sentimiento de envidia. Esa lucha llena las p?ginas de los peri?dicos, los minutos de los noticieros, la conversaci?n cuando encontramos a los amigos.

Existe una tentaci?n muy fuerte de creer que el mal es m?s fuerte que el bien, que el cristianismo es un sue?o para pocos, que la vida normal no es la de los santos, que podemos pactar ?un poco? con la traici?n, la cobard?a, la dejadez, la borrachera y alguna que otra infidelidad a la esposa o al esposo. Parece que el mal triunfa y gobierna los corazones y los pueblos.

Pero esta tentaci?n no tiene sentido en quien cree de verdad en Dios, en quien conoce a Jesucristo. Con el bautismo fuimos acogidos por el amor infinito del Padre, y quedamos liberados de las cadenas del demonio. Desde entonces es posible vencer el mal con el bien, la injusticia con la honradez, el desamor con el perd?n, la pereza con el esp?ritu de servicio a los dem?s, la infidelidad matrimonial con la alegr?a de quienes saben rezar juntos, como esposos y como padres, en los momentos m?s importantes de la vida familiar.

Esto no quita, sin embargo, que todos los d?as tengamos que luchar. Las malas tendencias tienen ra?ces profundas, y brotan con energ?a si nos descuidamos medio minuto. Pero siempre existe la posibilidad de limpiar y de sanar las heridas, incluso las m?s profundas. En cada buena confesi?n triunfa el amor sobre el pecado, y el mal retrocede un poco para que crezca y venga en el mundo el Reino de Cristo.

Dicen que cada acto de amor hace brillar de un modo nuevo las estrellas. Si no es verdad, al menos har? un poco mejor y m?s hermosa la vida sobre la tierra. Ser? un paso, peque?o o grande, hacia el encuentro con el Amor de Dios. S?lo en el cielo sabremos lo mucho que nos am?. Ahora nos toca, todos los d?as, con las l?mparas encedidas y con las armas de la fe y del amor, luchar contra el mal. Y la cruz, estamos seguros, vencer?.


Publicado por mario.web @ 10:59
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios