S?bado, 15 de enero de 2011

Podr?amos comenzar hoy con la visita a una espl?ndida iglesia de Viena. Nos vamos a detener ante el grandioso cuadro de un artista que quiso hacernos ver lo que es la Gracia de Dios derramada en toda la Iglesia.

Arriba del cuadro est? en su trono de gloria la Sant?sima Trinidad, fuente de la Gracia, que por Jesucristo va a caer sobre toda la Humanidad redimida.

La primera que la recibe y queda llena a rebosar es Mar?a, y junto a Ella San Jos?, el Santo m?s favorecido de Dios.

Siguen hacia abajo San Juan Bautista y los Ni?os Inocentes, tan distinguidos en el Evangelio.

Despu?s, la corona espl?ndida de los Ap?stoles, a los que rodean una multitud de m?rtires, v?rgenes, santos y santas de todas las edades y estados de vida.

Los predestinados de antes de la venida de Jesucristo aparecen ofreciendo el incienso del sacrificio al Eterno Padre, el Dios a quien adoraron.

Este cuadro es el eco de aquella visi?n del Apocalipsis, que nos describe a Dios en su trono y ante ?l una multitud inmensa que nadie puede contar, de santos y santas llegados de todos los pueblos, lenguas y naciones, cantando felices el aleluya eterno de la salvaci?n.

Este es el cuadro. La imaginaci?n del artista, como la nuestra, no llega a m?s. Pero todos sabemos que la realidad supera a todo lo que nosotros podemos pensar.

La fuente de la vida es Dios, el Padre, el Hijo y el Esp?ritu Santo.
El Hijo de Dios se hace hombre, abre el chorro y de la Gracia, que estalla a borbotones y se difunde en todos los elegidos.

Es ?sta la inundaci?n que vio el profeta Ezequiel, cuando contempl? la Jerusal?n restaurada rodeada de torrentes incontenibles, y que convert?an la sequedad cl?sica de la ciudad y de sus contornos en frondosos bosques y jardines exuberantes.

Dios no excluye a nadie del beneficio de esta agua divina, y hace gritar a Isa?as:
- Los que ten?is sed, venid, y bebed gratis cuanta agua quer?is.

Hace alusi?n el profeta a la costumbre de sus tiempos en Palestina. Hoy nosotros compramos m?s bien una coca-cola fresca u otra soda embotellada. En aquel entonces hab?a vendedores ambulantes que llevaban por las calles agua potable, algo cara a veces por lo mucho que escaseaba, y la ofrec?an a precio bien elevado. Viene Dios ahora y la ofrece de balde.

Jes?s repetir? la invitaci?n, y dir?:
- El que tenga sed, que venga a m?, y beba.
La primera que queda saciada y en una abundancia inimaginable es Mar?a, saludada por el Angel como la llena de Gracia.

E igual que Mar?a, todos los santos habidos y por haber, hasta nosotros, portadores de esa vida divina que llamamos la Gracia Santificante.

Cuando se haya consumado en el Cielo, estaremos metidos en el mar inmenso de la Gloria de Dios, t?rmino de toda la obra de la salvaci?n y consumaci?n feliz de la vida de la Gracia.

Nuestro mundo tiene mucha necesidad de estas visiones b?blicas, representadas con acierto por el arte para hacernos comprender, o barruntar al menos, lo que es el don de Dios. Jes?s se lo expres? a la Samaritana con la misma comparaci?n del agua:
- Si supieras t? qui?n es el que te dice dame de beber, ser?as t? quien le pedir?as a ?l, y ?l te dar?a agua viva.
?Si supiera el mundo de hoy quien es ese Jesucristo! ?l se sigue ofreciendo para apagar la sed que atormenta a todos los hombres.

?Amor?... Jesucristo es el mayor amador, que da su Esp?ritu e incendia la tierra.
?Justicia?... Jesucristo, con su precepto de caridad hace imposibles las desigualdades entre hermanos.
?Vida de Dios?... Jesucristo quiere convertirnos en surtidores de agua que salta hasta la vida eterna.

Las Naciones Unidas han elaborado estudios muy serios sobre la situaci?n del agua en el mundo, y ven que para los pr?ximos siglos se echa encima un problema muy grave, a no ser que se tomen medidas urgentes y de mucha envergadura. Es muy de alabar esta solicitud de esos hombres tan preocupados por el bien de la Humanidad.

Pero a nosotros, cristianos, nos preocupa, y muy seriamente tambi?n, el problema de la otra agua, la de la Gracia de Dios, que escasea en tantos pueblos donde se mete la incredulidad o en los que se prescinde de la Ley de Dios. ?Llegan a darse cuenta de la sed que padecen?...
?Se?or Jesucristo!

En tu Coraz?n tienes remansada toda la Gracia de Dios, merecida por ti en la Cruz.
Danos sed, ya que tenemos donde saciarla, porque esa agua que T? das no se agota nunca.

Queremos beber, y, al beber, queremos tener cada vez una sed m?s ardiente, que T? sabes apagar cuando nos acercamos a ti, cuando aplicamos los labios a la llaga de tu costado, cuando nos abrevamos en la mera fuente de la Eucarist?a.


Publicado por mario.web @ 0:08
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios