S?bado, 15 de enero de 2011


En Persia se cuenta la historia del gran Man?, Shah Babas, en cuyos dominios no se pon?a el sol, que rein? con todo esplendor, ten?a fama dejusto y le encantaba mezclarse con el pueblo, pasando desapercibido para compartir y dar soluci?n a sus problemas.

En cierta ocasi?n, se visti? de pobre y al pasar por la cocina observ? en un rinc?n una angosta puerta para ?l hasta entonces desconocida. Descendi? el largo, l?brego y h?medo trecho de escaleras que conduc?a a un s?tano, de reducidas dimensiones y calor asfixiante, en el que un carbonero sentado en un mont?n de cenizas, atend?a la caldera de palacio. El Man? se sent? a su lado y comenz? a hablar. Lleg? la hora de comer y el fogonero sac? un sucio pan moreno y ?spero y una jarra de agua. Se sentaron a comer y beber. El shah se fue, pero continu? visit?ndolo con frecuencia, movido por la compasi?n que sent?a por aquel hombre solitario.

Amablemente le dio consejo y el pobre le abri? todo su coraz?n y am? a aquel amigo tan bondadoso y sabio pero tan pobre como ?l. Finalmente, el Man? pens?: " Este hombre que vive permanentemente recluido en el s?tano, cumpliendo de forma abnegada con su trabajo, con total aceptaci?n de su destino y sin que una sola queja salga de sus labios, merece una gran recompensa. Le dir? qui?n soy a ver qu? presente me pide."

Le dijo pues:

  • Crees que soy pobre, pero soy tu Man?, el Shah Babas, p?deme lo que quieras.

    El gobernante esperaba que le pidiera algo grande, pero el hombre se qued? sentado, inm?vil, petrificado, mir?ndolo con amor y asombro.

    Entonces el Man? le dijo posando una mano sobre su hombro:

  • ?No entiendes? Te puedo hacer rico y noble, puedo poner una ciudad en tus manos, te puedo hacer un gran gobernador: ?No tienes nada que pedir?

    El hombre respondi? amablemente:

  • S?, mi se?or, he entendido. M?s no entiendo c?mo tu que gobiernas m?s de 3,000 por 10,000 mundos y varios soles, mandas sobre billones y trillones de seres y eres el encargado de crear un nuevo mundo para afrontar mejores tiempos, puedes haber salido de tu palacio y tu gloria para sentarte conmigo en este l?brego cuchitril, comer mi tosca comida y preocuparte por si estoy feliz o apenado. Ni t? mismo me puedes dar nada m?s valioso. A otros les puedes otorgar ricos presentes, pero a m? me has dado a ti mismo; lo ?nico que te puedo pedir es que nunca me quites este regalo de tu amistad y de tu amor".

    La emoci?n que embargaba su esp?ritu enmudeci? sus palabras y desde el fondo del coraz?n brot? un "gracias" e inclin?ndose en se?al de respeto deposit? a sus pies dos brillantes lagrimas.



    A VECES SENTIMOS QUE LO QUE HACEMOS ES UNA GOTA EN EL MAR, PERO EL MAR SERIA MENOS SI LE FALTARA ESA GOTA.
    MADRE TERESA DE CALCUTA.

  • Publicado por mario.web @ 9:47
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