S?bado, 15 de enero de 2011

El P. Jean Pierre de Caussade (1675-1751) explic? con profundidad y sencillez c?mo Dios nos habla a trav?s de dos caminos. El primero es la Sagrada Escritura. El segundo es el momento presente.

Los dos caminos nos llevan a Dios si usamos la ?llave maestra? para leerlos de modo correcto: la fe, la esperanza, el amor.

Sin fe, la letra mata y el momento presente queda envuelto en una nube impenetrable. La Sagrada Escritura no desvela sus secretos al erudito m?s competente o al pensador m?s profundo cuando es le?da sin fe. La vida ordinaria, los hechos de cada d?a, no permiten descubrir el Amor de Dios si nos falta esa fe con la que todo se abre a dimensiones insospechadamente bellas.

Por eso el P. de Caussade ense?aba a confiar plenamente en la Providencia, a vivir el momento presente de modo profundo, a descubrir en lo cotidiano la grandeza del Amor divino.

?El momento presente es, pues, como un desierto, donde el alma sencilla s?lo ve a Dios, y de ?l goza, sin ocuparse de nada m?s que de lo que ?l quiera de ella: todo lo dem?s queda a un lado, olvidado, abandonado a la Providencia? (P. de Caussade, ?El Abandono en la Divina Providencia?, cap. II).

El mundo de Dios queda as? a disposici?n de todos, porque el lenguaje divino es sumamente cercano, cotidiano. No hace falta recurrir a m?todos especiales, ni a charlas de grandes profesores, ni a d?as de retiro en un monasterio. Basta con vivir bien lo ordinario para incrementar el amor a Dios y las virtudes cristianas.

Lo ?extraordinario? puede ayudar, es algo muy bueno. Nadie lo duda. Pero se logra mucho m?s a trav?s de la escucha continua de Dios en el presente m?s humilde, m?s sencillo, m?s repetitivo.

En esta clave, es posible descubrir la voluntad de Dios en cada momento presente: en el tel?fono que suena, en la puerta que chirr?a, en la tos que nos empieza a inquietar, en la gotera del piso de arriba, en las palabras amables de un amigo, en la mirada inquisitorial del jefe de trabajo. Como tambi?n en el presente que gime en el viento, que hace acrobacias en la golondrina, que llora en el familiar enfermo, que me abraza cuando llego a casa, que me despierta desde la visita de un mosquito.

La santidad, entonces, est? al alcance de todos: no es una conquista de pocos ?iniciados?, no es un sue?o remoto alcanzable s?lo por algunos ?seres superiores?. Para el P. de Caussade, la acci?n divina llega a todos. Lo que hace falta es abrir bien el alma para dejarse guiar por el Maestro interior a trav?s de las mil peripecias, sencillas y normales, de cada d?a.

?La acci?n divina es m?s extensa y presente que los diversos elementos. Entra en vosotros por todos vuestros sentidos, siempre que us?is de ellos seg?n la voluntad de Dios, pues hay que cerrarlos y resistir a todo lo que le sea contrario. No hay ?tomo que, al penetraros, no haga penetrar con ?l esta acci?n divina hasta la m?dula de vuestros huesos. Los humores vitales que llenan vuestras venas corren por el movimiento que ?l les imprime. Todas las diferencias de fuerza o debilidad, de euforia vital o de desfallecimiento, la vida y la muerte, no son sino instrumentos divinos que est?n obrando. Y as?, hasta los mismos estados corporales son todos obras de gracia. Todos vuestros sentimientos y pensamientos, vengan de aqu? o all?, todo procede de esta mano invisible? (?El Abandono en la Divina Providencia?, cap. IX).

?Tan sencillo, tan f?cil? Parece que preferimos seguir caminos m?s tortuosos, hacer sacrificios especiales, buscar m?todos y lecturas refinadas. Mientras, dejamos de lado un camino ofrecido a todos, porque a todos ama Dios, y a todos invita a escuchar y aceptar Su Voluntad a trav?s del momento presente. Lo ??nico? que hay que hacer es decirle a Dios, con mucha confianza, ?fiat, h?gase?.

Sigue el P. de Caussade:

?El momento presente es siempre como un embajador que manifiesta la voluntad de Dios, y el coraz?n fiel le responde siempre: fiat. As? el alma en todas las alternativas se encuentra en su centro y lugar. Sin detenerse jam?s, va viento en popa, y todos los caminos y maneras la impulsan igualmente hacia adelante, hacia lo ancho e infinito: todo es para ella, sin diferencia alguna, medio e instrumento de santidad, en tanto considere siempre que eso que se presenta es lo ?nico necesario [Lc 10,42]? (?El Abandono en la Divina Providencia?, cap. IX).

Por eso el alma deja de lado cualquier preferencia para acoger, simplemente, las indicaciones con las que cada d?a le habla el Se?or.

?No busca ya el alma con preferencia la oraci?n o el silencio, el retiro o la conversaci?n, la lectura o la escritura, ni la reflexi?n o el cesar de discurrir; no le preocupa el alejamiento o la b?squeda de libros espirituales, o elegir entre abundancia o escasez, enfermedad o salud, vida o muerte. Simplemente, lo que ella busca en todo momento es la voluntad de Dios; lo ?nico que pretende es el despojamiento, el desasimiento, la renuncia a todo lo creado, sea real o solamente afectiva, no ser nunca nada por s? y para s?, ser siempre en la voluntad de Dios, para agradarle en todo, haciendo de la fidelidad al momento presente su ?nica alegr?a, como si no hubiera otra cosa en el mundo digna de su atenci?n? (?El Abandono en la Divina Providencia?, cap. IX).

Existe, seg?n la atrevida f?rmula usada por el P. de Caussade, un ?sacramento del momento presente?. Como todo sacramento, su eficacia en cada uno de nosotros depende de la fe con la que lo acojamos, del amor con el que lo vivamos.

Desde ese ?sacramento? seguimos en camino, como tantos santos sencillos y grandiosos, que vivieron lo ordinario de modo extraordinario, que supieron descubrir c?mo Dios viste a los lirios del campo, da de comer a los pajarillos, y ama intensamente a cada uno de sus hijos...


Acceso directo a El Abandono en la Divina Providencia


Publicado por mario.web @ 12:25
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