Mi?rcoles, 19 de enero de 2011

Juan 1, 29-34


En aquel tiempo, al ver Juan a Jes?s venir hacia ?l exclam?: ?He ah? el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es por quien yo dije: Detr?s de m? viene un hombre, que se ha puesto delante de m?, porque exist?a antes que yo. Y yo no le conoc?a, pero he venido a bautizar en agua para que ?l sea manifestado a Israel?. Y Juan dio testimonio diciendo: ?He visto al Esp?ritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre ?l. Y yo no le conoc?a pero el que me envi? a bautizar con agua, me dijo: "Aquel sobre quien veas que baja el Esp?ritu y se queda sobre ?l, ?se es el que bautiza con Esp?ritu Santo." Y yo le he visto y doy testimonio de que ?ste es el Elegido de Dios?.


Reflexi?n


?Es tan manso como un cordero?, solemos decir con cierta frecuencia. Y, en efecto, el cordero es como el s?mbolo de la mansedumbre, de la bondad y de la paz. Es un animalito inocuo y totalmente indefenso; m?s a?n, cuando es todav?a peque?o, nos despierta sentimientos de viva simpat?a por su candor e inocencia.

Pues Jesucristo nuestro Se?or no rehus? adjudicarse a s? mismo el t?tulo de ?Cordero de Dios?. Es verdad que fue Juan Bautista el que se lo aplic?, pero Jes?s no lo rechaza. Es m?s, lo acepta de buen grado.

Fue el Papa san Sergio I quien introdujo el ?Agnus Dei? en el rito de la Misa, justo antes de la Comuni?n. Y, desde entonces, todos los fieles cristianos recordamos diariamente aquellas palabras del Bautista: ?He ah? el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo?.

Desde los primer?simos siglos de la Iglesia, la imagen del cordero ha sido un s?mbolo tradicional en la iconograf?a y en la liturgia cat?lica. Con frecuencia lo vemos grabado o pintado en los lugares y objetos de culto, bordado en los ornamentos sagrados o esculpido en el arte sacro. Pronto esta figura, junto con la del pez, fue un signo com?n entre los cristianos. Y, para comprenderlo mejor, tratemos de ver brevemente la rica simbolog?a b?blica que est? detr?s.

El profeta Jerem?as, perseguido por sus enemigos por predicar en el nombre de Dios, se compara a s? mismo como ?a un cordero llevado al matadero? (Jer 11, 19). Poco m?s tarde, el profeta Isa?as retoma esta misma imagen en el famoso cuarto canto del Siervo de Yahv?, que debe morir por los pecados del mundo y que no abre la boca para protestar, a pesar de todas las injurias e injusticias que se cometen contra ?l, manso e indefenso como un ?cordero llevado al matadero? (Is 53, 7). En el libro de los Hechos de los Ap?stoles se narra que el eunuco de Etiop?a iba leyendo este texto en su carroza y que el ap?stol Felipe le explic? qui?n era ese Siervo doliente de Yahv? descrito por el profeta: Jes?s, nuestro Mes?as, que nos redimi? con los dolores y quebrantos de su pasi?n.

Pero, adem?s, el tema del cordero se remonta hasta la ?poca de Mois?s y a la liberaci?n de Israel de manos del fara?n. El libro del ?xodo nos narra que, cuando Dios decidi? liberar a su pueblo de la esclavitud de Egipto, orden? que cada familia sacrificase un cordero sin defecto, macho, de un a?o, que lo comiesen por la noche y que con su sangre untaran las jambas de las puertas en donde se encontraban. Con este gesto fueron salvados todos los israelitas de la plaga exterminadora que asol? aquella noche al pa?s de Egipto, matando a todos sus primog?nitos (Ex 12, 1-14). Unos d?as m?s tarde, en el monte Sina?, Dios consum?a su alianza con Israel sellando su pacto con la sangre del cordero pascual (Ex 24, 1-11). Es entonces cuando Israel queda convertido en el pueblo de la alianza, de la propiedad de Dios, en pueblo sacerdotal, elegido y consagrado a Dios con un v?nculo del todo singular (Ex 19, 5-6).

En el Nuevo Testamento, la tradici?n cristiana ha visto en el cordero, con toda raz?n, la imagen de Cristo mismo. San Pablo, escribiendo a los fieles de Corinto, les dice que les transmite una tradici?n que ?l, a su vez, ha recibido y procede de manos del Se?or: ?Que el Se?or Jes?s, en la noche que iban a entregarlo, tom? pan y, pronunciando la acci?n de gracias, lo parti? y dijo: ?Esto es mi Cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria m?a?. Y lo mismo hizo con el c?liz, despu?s de cenar, diciendo: ?Este c?liz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo beb?is, en memoria m?a?. Por eso, cada vez que com?is de este pan y beb?is del c?liz, proclam?is la muerte del Se?or hasta que vuelva? (I Cor 11, 23-26).

Cristo, ?nuestro Cordero pascual, ha sido inmolado?, dec?a Pablo a la comunidad de Corinto (I Cor 5, 7). Y Pedro, en su primera ep?stola, invitaba a los fieles a recordar que ?hab?an sido rescatados de su vano vivir no con oro o plata, que son bienes corruptibles, sino con la sangre preciosa de Cristo, Cordero sin defecto ni mancha? (I Pe 1, 18-19).

Y tambi?n en el libro del Apocalipsis encontraremos esta imagen en diversos momentos. Aparece con tonos solemnes y dram?ticos un cordero, como degollado, rodeado de los cuatro vivientes y de los veinticuatro ancianos, y es el ?nico capaz de presentarse ante el trono de la Majestad de Dios y abrir los sellos del libro sagrado. Entonces todos los ancianos y miles y miles de la corte celestial se postran delante del cordero para tributarle honor, gloria y adoraci?n por los siglos (Ap 5, 2-9.13).

Y al final del Apocalipsis -que es tambi?n la conclusi?n de toda la Biblia- se nos presentan, en todo su espendor y belleza, las bodas m?sticas del Cordero con su Iglesia, que aparece toda hermosa y ricamente ataviada, como una novia que se engalana para su esposo (Ap 19, 6-9; 21, 9).

A esta luz, el s?mbolo del cordero se nos ha llenado de sentido y de una riqueza teol?gica y espiritual fuera de serie. Ese cordero pascual es Jesucristo mismo. Es el verdadero cordero que quita el pecado del mundo, el Cordero pascual de nuestra redenci?n, que se inmol? como sacrificio perfecto en su Sangre e instituy? como sacramento la noche del Jueves Santo. As?, su Iglesia puede celebrar todos los d?as, en la Santa Misa y en los dem?s sacramentos, el memorial de la pasi?n, muerte y gloriosa resurrecci?n del Se?or, para prolongar su presencia entre nosotros y su acci?n salvadora hasta el final de los tiempos.

Gracias a esto, hoy todos los cat?licos del mundo repetimos diariamente en el santo sacrificio eucar?stico esas mismas palabras, por labios del sacerdote: ??ste es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. ?Dichosos los invitados al banquete del Se?or!?.

Ojal? que, a partir de hoy, cada vez que digamos estas palabras, lo hagamos con todo el fervor de nuestra fe, de nuestro amor y adoraci?n, pidiendo a Dios por la salvaci?n de toda la humanidad. ??stos son los deseos de Jesucristo, el gran Cordero y Pastor de nuestras almas!

?

Juan 1, 29-34. Tiempo Ordinario. ?Gracias porque de verdad creo que eres el Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo!
Autor: P. Sergio C?rdova LC | Fuente: Catholic.net


Publicado por mario.web @ 17:44
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios