Viernes, 21 de enero de 2011

Hay una canci?n preciosa de Juan Manuel Serrat que habla de una experiencia creo que com?n a toda persona con un poco de sensibilidad: la de la a?oranza de los tiempos pasados, que de repente irrumpen en nuestra vida enganchados en peque?os detalles insignificantes, ante los cuales pasamos todos los d?as sin que nos digan nada, pero que un d?a, sin saber c?mo ni porqu?, son capaces de hacernos volver al pasado por unos instante y revivir unos momentos dulces que nunca volver?n. Me permito el lujo de copiar algunos de esas estrofas tan simples como profundas y cargadas de vida:

?Uno se cree que los mat? el tiempo y la ausencia,
pero su tren vendi? boleto de ida vuelta.
Son aquellas peque?as cosas
Que nos dej? un tiempo de rosas,
En un rinc?n, en un papel o en un caj?n.
Son las que nos hacen llorar cuando nadie nos ve?.


?Quien no ha sucumbido alguna vez ante un inesperado aroma que nos transporta a lo olores de nuestra ni?ez y juventud? ?Qui?n no se ha emocionado alguna vez ante la letra o la m?sica de una vieja canci?n que autom?ticamente nos hace pensar en los tiempos en los que no era tan vieja y a los momentos intensos ba?ados por ella? ?O quien no se ha sorprendido abriendo una vieja caja de cart?n o un viejo ba?l, ante cien formas distintas de recuerdos prendidos en trozos de papel o de tela, en viejos juguetes, fotos o prendas de personas ya desaparecidas...?

Esta experiencia est? cargada a la vez de una doble sensaci?n: por una lado la recuperaci?n agradable y placentera de un pasado, de unos momentos felices generalmente ligados a nuestra ni?ez o adolescencia, el agradecimiento por aquellos momentos y la constataci?n de que el tiempo transcurrido nos une a ellos.

No cabe la menor duda de que en un principio este suspiro del coraz?n pinta una leve sonrisa en nuestros labios, pero una sonrisa que es r?pidamente apagada por la segunda y terrible experiencia, la de constatar que esos tiempos felices del pasado nunca volver?n, la de caer en la cuenta de lo dram?tica y cruel que es la vida, que como un r?o incapaz de volver sobre su curso y abocado inexorablemente a morir en el mar del olvido, transcurre sin vuelta atr?s.

Por un momento nos cautiv?, nos dej? jugar de nuevo a ser ni?os, cerrar los ojos y viajar en el tiempo disfrutando del paisaje. Pero cuando los ojos se vuelven a abrir la realidad nos golpea con una agresividad brutal, pues ese viaje es s?lo un espejismo que nos deja con l?grimas en los ojos y con el coraz?n lleno de melancol?a.

He de confesar que durante mucho tiempo me hice el hombre duro y fuerte, incluso me atrev? a dar consejo a aquel que sufr?a esta experiencia. Por mi trabajo me he visto abocado muchas veces a acompa?ar los momentos emocionalmente m?s intensos de la vida de las personas: el amanecer de una vida, el amor, la experiencia del dolor y de la muerte... S?lo cuando qued? al margen de esa ?profesi?n? aparecieron en mi vida esos viejos fantasmas, ca? en la cuenta de que el viejo Mois?s tambi?n estaba en el desierto y de que ?l, al igual que su pueblo, tambi?n a?oraba las cebollas de Egipto; tal vez no lo aparentara ni lo dijera, salvo en lo secreto de su oraci?n, cuando a solas clamaba a Yahv? en lo alto de la monta?a, sin dar pie a que su pueblo tuviera ni la m?s m?nima sombra de sospecha de que su l?der y jefe espiritual tambi?n suspiraba por el pasado como ellos. ?Qu? clase de l?der ser?a? ?Qui?n podr?a confiar en ?l?

Frente a esta experiencia tambi?n cabe dos opciones distintas que parecen claras: una ser?a la de tratar de volver atr?s en el tiempo y si no es posible revivirlo, al menos intentar recuperar sus recuerdos creando otros nuevos lo m?s parecidos posibles. Ser?a algo as? como dejar de caminar, buscar en el desierto el oasis o el paisaje que m?s recuerde a Egipto e instalarse en ?l para rehacer la vida.

La otra alternativa requiere algo de m?s fe, pues supone saber secarse las l?grimas del pasado, es m?s, convertirlas en l?grimas de agradecimiento, y seguir caminando ?nicamente apoyado en la promesa de una nueva tierra en la que no hay m?s garant?a que una creencia y un camino que en si mismo est? cargado de lecciones y de vida.

Parece claro que la ?nica v?a posible para recuperar la felicidad es la segunda, sin duda tambi?n la m?s dif?cil. Dejar pasar el tiempo de la tempestad es todo un arte que ha de hacerse con una entrega total, con absoluto abandono, lo cual no es dif?cil cuando nos vemos derrotados, hundidos, desesperados.

El sufrimiento s?lo aparece mientras quedan restos de prepotencia en nosotros, mientras que nuestro orgullo no se ha agotado, pero cuando se ha llegado a este punto uno descubre misteriosamente que s?lo queda la esperanza. Algunos se resisten a llamarla as? y prefieren ver en este momento una proyecci?n de nuestros sue?os que no por consoladores son verdaderos, algo as? como un autoenga?o. Esa no es mi experiencia y es as? que la ofrezco como un verdadero tesoro.

Si bien en nuestra vida hay problemas que nos llevan al fracaso, en nuestro esp?ritu no ocurre lo mismo y uno siempre puede abrirse a la dicha de ver como nuestros ojos se cierran mirando a lo alto, a un futuro en el que se cree por que se intuye, casi se palpa.

Mois?s muri? sin ver la tierra prometida pero consciente de que su pueblo entrar?a en ella y de que ?l tambi?n lo har?a en el coraz?n de cada uno de sus hermanos. Es este un concepto precioso que en estos tiempos de individualismo no se valora lo suficiente. Me refiero al hecho de que somos PUEBLO, asamblea, de que nadie sufre ni goza solo y que el mayor de los desastres sobreviene cuando se trata de experimentar esta experiencia al margen de la familia en la que estamos entroncados, de los nuestros.

Ahora bien, qu? hay cuando se entrega la vida sin sombra de futuro, cuando se cierra los ojos en el m?s absoluto de los fracasos. Dios no est? ausente en esta experiencia. Cuando el desastre se escribe con may?sculas y es definitivo todav?a hay que guardarse una sonrisa para llev?rnosla con nosotros, pues para Dios NADA hay que sea imposible. El que crea, que entregue su vida con confianza.


Publicado por mario.web @ 8:05
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