Viernes, 21 de enero de 2011

Cada vez que ve?a fotos de hombres lanz?ndose desde un avi?n, el joven sent?a la necesidad interior de estar entre ellos. Quer?a ser paracaidista.

-?Por qu? ellos s? y yo no? -se dec?a.

Lo primero que hizo fue conseguir un instructivo sobre diversos tipos de paraca?das. Despu?s inici? y concluy? un estudio comparativo de aviones modernos. Como se dio cuenta de que ignoraba muchas cosas, decidi? estudiar tambi?n un master en ca?da de cuerpos, atracci?n de masas y fricci?n. Concluy? su preparaci?n con un a?o de estudios meteorol?gicos y movimientos de corrientes de aire.

Por fin, cuando se sinti? preparado, eligi? cuidadosamente el avi?n. Era un bimotor que a?n segu?a en uso y ten?a buen aspecto.

Al despegar le dijo al piloto que se dirigiera al punto que, ya antes, le hab?a se?alado en el mapa con una regla y un comp?s. El momento se acercaba y al elevarse el avi?n, el joven sent?a m?s y m?s el v?rtigo entusiasmante de volar.

Por fin, cuando se encontraban a la altura perfecta se levant? del asiento, abri? la escotilla y sinti? el viento helado en la cara. Permaneci? all? unos instantes llenando los pulmones con el puro azul del cielo...

Pero no salt?.

Cerr? la escotilla y mand? aterrizar. Hab?a olvidado que para saltar hace falta una cosa m?s. Ser un valiente.

Conozco a quienes pasan la vida prepar?ndose para orar; buscan m?todos de oraci?n novedosos y consejeros de todo tipo pero, llegado el momento, no hablan con Dios. Y es que para hablar con Dios hay que ejercitar la fe y olvidan que para vivir de fe hace falta... ser un valiente; o sea, pedirla.


Publicado por mario.web @ 8:16
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