Viernes, 21 de enero de 2011

?Cu?ntas veces tenemos ganas de decir, de criticar, de negar, de oponernos, de resistirnos, de imponer nuestro particular punto de vista? Es como un fuego interior, irresistible, el que nos grita. ?No puedes dejar las cosas as?! ?Es que te est?n tomando de tonto! En muchas ocasiones, estos impulsos est?n motivados por el amor propio, mejor dicho, el ego?smo que nos invita a no quedar jam?s sin poner la ?ltima palabra o dejar en claro que no estamos de acuerdo.

Callar, eso si que es dif?cil. Callar cuando creemos comprender lo que ocurre, m?s dif?cil todav?a. ?Y en que medida conocemos realmente la motivaci?n de aquellos a quienes queremos criticar, o aconsejar, o corregir? ?En qu? medida podemos juzgar a los dem?s? Las m?s de las veces tomamos posiciones que, con los a?os, juzgamos como equivocadas. ?Que equivocado estaba entonces!, solemos exclamar. ?Si hubiera sido capaz de guardar silencio!

Me refiero hoy a esa enorme llave del amor, que es el silencio, la humildad de callar y privarnos de pasar a la primera fila, de tomar el micr?fono y decir todo lo que pensamos. El poder simplemente observar a los dem?s, escucharlos, e intervenir s?lo cuando tenemos algo positivo para dar, seguros de no estar simplemente tratando de decir algo, de tener nuestro ?papel protag?nico? bien cubierto.

Callar es sacrificio, es amor. No hacer, privarnos de figurar, son gestos muy interiores, que s?lo Dios ve y valora. ?Qui?n m?s puede ver lo que est? pasando en nuestro interior, si a nadie lo contamos? Ese silencio es una gigantesca muestra de fe, es entregar a Dios ese sacrificio, sabiendo que El lo ve y lo valora. Dios toma esas muestras de amor y las pone en su alhajero, a buen recaudo de los ojos de los hombres. ?Que hombre, acaso, es testigo de esos actos de hero?smo interior? Nadie, s?lo Dios los ve.

A veces pensamos que nuestro servicio a Dios incluye lo que los dem?s piensan de nosotros, el juicio que tienen de nuestros actos. No es as?. Dios ve nuestro coraz?n y busca aquello que es sincero, profundo y puro. Si la gente, con juicios del todo humanos, ve en nosotros algo que no somos en realidad, no debemos preocuparnos por la opini?n de Dios. El ve las cosas como realmente son, ya que las m?s de las veces es la hipocres?a lo que impulsa los actos de las personas. El Se?or, el Justo de los Justos, puro Amor y Misericordia, ve el mundo de modo muy distinto. El quiere que le demos sacrificios interiores, que vayan purificando nuestra alma de las necesidades de figuraci?n y protagonismo, que llenan nuestro coraz?n de vanidad y ego?smo.

El verdadero hero?smo es el de aquellos que pueden callar, esperar, y privarse de las necesidades propias, en beneficio de los dem?s. Es una gran muestra de amor, que florece tambi?n en nuestra relaci?n con quienes nos rodean. ?Acaso nosotros mismos no nos sentimos inc?modos con aquellos que opinan sobre todo, y nos critican, aconsejan, corrigen y ense?an sobre todo en todo momento?

Sin embargo, no siempre nos ir? bien practicando el silencio y la humildad. Algunas veces podremos ser incomprendidos, o malentendidos. Pero es Dios el que conoce la motivaci?n que anida en nuestro coraz?n en esos momentos. Y El se har? cargo de nuestras necesidades, como siempre, en el instante oportuno.

Se?or, hazme manso, prudente y humilde. Dame la fortaleza para callar, esperar y confiar en Ti. Ens??ame a hacer peque?os sacrificios interiores que agraden a Tu Coraz?n Amante, necesitado de peque?os gestos que te recuerden la humildad y el silencio de Tu Madre, en la peque?a casita de Nazaret. Ella, la m?s perfecta Criatura surgida del Amor de Tu Padre, guard? silencio desde el d?a en que el ?ngel le anunci? Tu venida, hasta aquella tarde en que te vio morir en la Cruz. T? tambi?n guardaste silencio ese d?a. Ahora, Se?or, ens??anos a callar, a esperar, a amar.


Publicado por mario.web @ 9:00
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