Viernes, 21 de enero de 2011

An?lisis de la evidencia hist?rica en favor de la primac?a petrina?

Continuamos analizando ejemplos de distorsiones presentadas por lo que hemos dado en llamar la historia alternativa, elaborada en parte por sectores protestantes con referencia al tema del primado de Pedro. Nos enfocaremos en dos casos muy citados por apologetas protestantes: San Agust?n y San Cipriano.
San Agust?n
Considerado como uno de los m?s grandes padres de la Iglesia por su notable y perdurable influencia en el pensamiento de la Iglesia. Nacido en el a?o 354 d. C. lleg? a ser, no s?lo obispo de Hipona, sino uno de los m?s grandes te?logos que el mundo ha conocido y uno de los primeros doctores de la Iglesia. Intervino en las controversias que los cristianos sostuvieron con los maniqueos, donatistas, pelagianos, arrianos y paganos. Muere el 430, dejando tras de si una gran cantidad de obras, parte de un legado que perdura hasta hoy.
San Agust?n no rechaza el primado petrino
San Agust?n es citado frecuentemente por protestantes debido a que afirman que su interpretaci?n de Mateo 16, 18 es una negaci?n directa del Papado. Presentan textos como los siguientes:
?Sobre esta piedra edificar? esta misma fe que profesas. Sobre esta afirmaci?n que t? has hecho: T? eres el Mes?as, el Hijo de Dios vivo, edificar? mi Iglesia. ? [1] San Agust?n tambi?n escribi?: ?Cristo, como ves, edific? su Iglesia no sobre un hombre sino sobre la confesi?n de Pedro. ?Cu?l es la confesi?n de Pedro? ?T? eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente?. Aqu? est? la roca para vosotros, aqu? el fundamento, aqu? es donde la Iglesia ha sido construida, la cual las puertas del inframundo no pueden conquistar. ?
Para entender porqu? los hermanos protestantes ven en estos textos una negaci?n del primado petrino debemos entender su interpretaci?n de Mateo 16, 18. La interpretaci?n m?s extendida entre ellos es que, si es la fe de Pedro la piedra sobre la que se edifica la Iglesia, cualquiera que tenga fe es otro Pedro, por lo tanto el ap?stol Pedro no habr?a recibido de Cristo una autoridad especial sobre el resto de los ap?stoles, en resumen, nunca fue Papa.
Sin embargo, un estudio detenido del contexto b?blico y del resto de la obra de San Agust?n dan por tierra con dicha interpretaci?n, ya que no se halla nada en la obra de Agust?n que implique un rechazo al obispo de Roma como leg?timo sucesor de Pedro y a la sujeci?n que le corresponde como heredero leg?timo de dicho ministerio.
La lectura detenida del texto citado, muestra que el santo reconoce a Pedro en virtud de su fe como primero de los ap?stoles, quien representa a la Iglesia entera y por medio de la cual esta recibe las llaves que le autorizan a ejercer su ministerio:
?San Pedro, el primero de los ap?stoles, que amaba ardientemente a Cristo, y que lleg? a o?r de ?l estas palabras: 'Ahora te digo yo: T? eres Pedro'. ?l hab?a dicho antes: T? eres el Mes?as, el Hijo de Dios vivo'. Y Cristo le replic?: 'Ahora te digo yo: T? eres Pedro, y sobre esta piedra edificar? mi Iglesia. Sobre esta piedra edificar? esta misma fe que profesas. Sobre esta afirmaci?n que t? has hecho: T? eres el Mes?as, el Hijo de Dios vivo, edificar? mi Iglesia. Porque t? eres Pedro. ' 'Pedro' es una palabra que se deriva de 'piedra', y no al rev?s. 'Pedro' viene de 'piedra', del mismo modo que 'cristiano' viene de 'Cristo'. El Se?or Jes?s, antes de su Pasi?n, como sab?is, eligi? a sus disc?pulos, a los que dio el nombre de ap?stoles. Entre ellos, Pedro fue el ?nico que represent? la totalidad de la Iglesia casi en todas partes. Por ello, en cuanto que ?l solo representaba en su persona a la totalidad de la Iglesia, pudo escuchar estas palabras: Te dar? las llaves del reino de los cielos. Porque estas llaves las recibi? no un hombre ?nico, sino la Iglesia ?nica. De ah? la excelencia de la persona de Pedro, en cuanto que ?l representaba la universalidad y la unidad de la Iglesia, cuando se le dijo: Yo te entrego, trat?ndose de algo que ha sido entregado a todos. Pues, para que sep?is que la Iglesia ha recibido las llaves del reino de los cielos, escuchad lo que el Se?or dice en otro lugar a todos sus ap?stoles: Recibid el Esp?ritu Santo. Y a continuaci?n: A quienes les perdon?is los pecados les quedan perdonados; a quienes se los reteng?is les quedan retenidos. En este mismo sentido, el Se?or, despu?s de su resurrecci?n, encomend? tambi?n a Pedro sus ovejas para que las apacentara. No es que ?l fuera el ?nico de los disc?pulos que tuviera el encargo de apacentar las ovejas del Se?or; es que Cristo, por el hecho de referirse a uno solo, quiso significar con ello la unidad de la Iglesia; y, si se dirige a Pedro con preferencia a los dem?s, es porque Pedro es el primero entre los ap?stoles. No te entristezcas, ap?stol; responde una vez, responde dos, responde tres. Venza por tres veces tu profesi?n de amor, ya que por tres veces el temor venci? tu presunci?n. Tres veces ha de ser desatado lo que por tres veces hab?as ligado. Desata por el amor lo que hab?as ligado por el temor. A pesar de su debilidad, por primera, por segunda y por tercera vez encomend? el Se?or sus ovejas a Pedro? [1]
Sorprendentemente, el catecismo cat?lico casi dos milenios despu?s nos da una interpretaci?n bastante similar:
?En el colegio de los doce Sim?n Pedro ocupa el primer lugar (cf. Marcos 3, 16; 9, 2; Lucas 24, 34; 1 Corintios 15, 5). Jes?s le conf?a una misi?n ?nica. Gracias a una revelaci?n del Padre, Pedro hab?a confesado: "T? eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo". Entonces Nuestro Se?or le declar?: "T? eres Pedro, y sobre esta piedra edificar? mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecer?n contra ella" (Mateo 16, 18). Cristo, "Piedra viva" (1 Pedro 2, 4), asegura a su Iglesia, edificada sobre Pedro la victoria sobre los poderes de la muerte. Pedro, a causa de la fe confesada por ?l, ser? la roca inquebrantable de la Iglesia. Tendr? la misi?n de custodiar esta fe ante todo desfallecimiento y de confirmar en ella a sus hermanos (cf. Lucas 22, 32). ? [2]
?Jes?s ha confiado a Pedro una autoridad espec?fica: "A ti te dar? las llaves del Reino de los cielos; y lo que ates en la tierra quedar? atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedar? desatado en los cielos" (Mateo 16, 19). El poder de las llaves designa la autoridad para gobernar la casa de Dios, que es la Iglesia. Jes?s, "el Buen Pastor" (Juan 10, 11) confirm? este encargo despu?s de su resurrecci?n: "Apacienta mis ovejas" (Juan 21, 15-17). El poder de "atar y desatar" significa la autoridad para absolver los pecados, pronunciar sentencias doctrinales y tomar decisiones disciplinares en la Iglesia. Jes?s confi? esta autoridad a la Iglesia por el ministerio de los ap?stoles (cf. Mateo 18, 18) y particularmente por el de Pedro, el ?nico a quien ?l confi? expl?citamente las llaves del Reino. ? [3]
Ahora bien, ser?a injusto para con el santo, sacar conclusiones de su pensamiento usando solamente con uno solo de sus textos. Existen pasajes bastante expl?citos donde San Agust?n reconoce al Obispo de Roma como el sucesor de Pedro, quien preside la sede apost?lica:
?Si la sucesi?n de obispos es tomada en cuenta, cuanto m?s cierta y beneficiosa la Iglesia que nosotros reconocemos llega hasta Pedro mismo, aquel quien port? la figura de la Iglesia entera, el Se?or le dijo: ?Sobre esta roca edificar? mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecer?n contra ella!?. El sucesor de Pedro fue Linus, y sus sucesores en orden de sucesi?n ininterrumpida fueron estos: Clemente, Anacleto, Evaristo, Alejandro, Sixto, Telesforo, Higinio, Aniceto, P?o, Sotero, Eleuterio, Victor, Ceferino, Calixto, Urbano, Ponciano, Antero, Fabi?n, Cornelio, Licio, Esteban, Sixto, Dionisio, Felix, Eutiquiano, Cayo, Marcelino, Marcelo, Eusebio, Miltiades, Silvestre, Marcos , Julio, Liberio, Damaso, y Siricius, cuyo sucesor es el presente obispo Anastasio. En esta orden de sucesi?n, ning?n obispo donatista es encontrado?.[5]
El texto anterior demuestra de forma indiscutible que la interpretaci?n de San Agust?n de Mateo 16, 18 no implica en ning?n modo que el rechace al obispo de Roma como sucesor de Pedro. He all? el error protestante: superponer una interpretaci?n a la otra en vez de armonizarlas como corresponde.
A los maniqueos escribe:
?A?n prescindiendo de la sincera y genuina sabidur?a?, que en vuestra opini?n no se halla en la Iglesia Cat?lica, muchas otras razones me mantienen en su seno: el consentimiento de los pueblos y de las gentes; la autoridad, erigida con milagros, nutrida con la esperanza, aumentada con la caridad, confirmada por la antig?edad; la sucesi?n de los obispos desde la sede misma del ap?stol Pedro, a quien el Se?or encomend?, despu?s de la resurrecci?n, apacentar sus ovejas, hasta el episcopado de hoy; y en fin, el apelativo mismo de Cat?lica, que son sin raz?n s?lo la Iglesia ha alcanzado . . . Estos v?nculos del nombre cristiano ? tantos, tan grandes y dulc?simos- mantienen al creyente en el seno de la Iglesia cat?lica, a pesar de que la verdad, a causa de la torpeza de nuestra mente e indignidad de nuestra vida, a?n no se muestra?. [5]
Nuevamente aqu? se ve lo mismo. Para el santo obispo de Hipona el ministerio concedido a Pedro lo desempe?aron espec?ficamente los obispos de Roma en sucesi?n ininterrumpida.


Publicado por mario.web @ 15:54
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