Lunes, 24 de enero de 2011


Cuando le hablas a ese hombre que no conoce a Dios, que no sabe de Su Amor, mientras cavilas y temes no ser digno de semejante tarea, no dudes, tensa tu arco y con mano firme ?dispara al coraz?n!

Cuando la vida te enfrenta a momentos de gran confusi?n, donde los caminos se abren frente a ti y se multiplican como en un sal?n de espejos, no temas, abre tu mirada a la distancia, mira a tu interior, y con sereno pulso ?dispara al coraz?n!

Cuando los que m?s quieres te fallan, te hunden en tu silla como si fueras un ser imposibilitado de ver m?s all? de las puertas que se cierran frente a ti, no te pierdas en la desesperaci?n y el abandono de ti mismo, levanta la mirada y ?dispara al coraz?n!

Cuando el amor no llega a tu vida, cuando la luz del cari?o se escurre por pasillos donde no la puedes buscar, torna tu mirada a las sombras y con gran decisi?n, ?dispara al coraz?n!

Cuando quieras hablar con Jes?s sobre tus m?s profundas necesidades, sobre aquello que vibra en tu pecho y clama por un instante de sosiego, haz un alto en tu vida, alza la voz y con grito firme ?dispara al coraz?n!

Cuando no sabes qu? es lo que Dios espera de ti, y El se esconde y hace de tu vida un barco sin rumbo, pon tu mirada en Su Mirada y elevando tus brazos al cielo, ?dispara al coraz?n!

Porque cuando nuestro rostro se ilumina con una mirada de ni?o, nuestros labios derraman palabras de amor que alcanzan el Coraz?n de Jes?s y lo hacen quebrarse de ternura, lo derrumban a pesar de Su Divinidad y Realeza.

Y es porque en el Coraz?n de Dios est?n todas las soluciones, las promesas, los consuelos y la esperanza. All? se esconde un tesoro tan extraordinario que ni siquiera en nuestros sue?os m?s profundos lo podr?amos imaginar.

Nuestros gestos de amor son disparos al Coraz?n de Jes?s, porque lo hacen detenerse y mirarnos como un Dios derrotado. Dulce derrota, donde El se refugia para admirar las maravillas de las que un coraz?n amante es capaz. Su derrota es el triunfo de la Criatura que El mismo imagin?, que vencedora en su propia naturaleza, se hace semejante a su Creador. Nuestro Dios, vencido por amor, se hace Ni?o y nos entrega aquello que guarda como un Preciado Tesoro, Su Coraz?n.

Si, dispara al Coraz?n de Jes?s, y dispara al coraz?n de tus hermanos, hazlos caer vencidos por el amor que todo lo vence. Que tus palabras certeras se dirijan a aquel punto que nadie puede resistir, centro y motor de nuestra semejanza con Quien nos cre?, el coraz?n del hombre.


Publicado por mario.web @ 12:42
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