Lunes, 24 de enero de 2011

El creyente a Dios:

? No te acuerdes, Se?or, de mis pecados.

Dios al creyente:

? ?Qu? pecados? Como t? no me los recuerdes, yo los he olvidado para siempre.


Dios, como Padre, tiene muy mala memoria para recordar pecados de sus hijos; no lleva cuentas del mal, disculpa siempre y ?olvida siempre?. Como buen Padre, quiere que aprendamos a amar de tal forma que seamos capaces de perdonar.

Jes?s nos habla del perd?n de Dios, de las entra?as amorosas del Padre en la par?bola del hijo pr?digo (Lc 15,11-32).

El Padre ama al Hijo y le deja en libertad para que siga sus sue?os, para que sea ?l mismo, para que se pueda equivocar, con el riesgo de perder su compa??a y la alegr?a de vivir en su casa.

El Padre espera la vuelta del hijo. No la acelera, no se le agota la paciencia. Su coraz?n no se amarga ni se endurece en la tardanza, sino que crece en ?l el ?nimo de abrazar, consolar y dar una fiesta, porque su hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida.

Cuando retorna el hijo arrepentido y humillado, el Padre no le niega su herencia ni le echa de casa, sigue siendo el hijo muy amado. El hijo puede olvidar tranquilamente su pasado, porque el Padre no lo recuerda.

El cristiano ora frecuentemente esta petici?n: ?Perdona nuestras ofensas?. Dios se olvida de nuestras faltas, a no ser que alguien se las recuerde al no amar y perdonar al hermano. Es imposible amar a Dios a quien no vemos, si no amamos al hermano a quien vemos (1 Jn 4,20). Es imposible abrirse a su gracia, acoger el amor misericordioso del Padre, si no se est? abierto a amar y perdonar al otro. El perd?n se hace posible, ?perdon?ndonos mutuamente como nos perdon? Dios en Cristo? (Ef 4,32).

La par?bola del siervo sin entra?as, que culmina la ense?anza del Se?or sobre la comuni?n eclesial (Mt 18,23-35), acaba con esta frase: Esto mismo har? con vosotros mi Padre celestial si cada uno no perdona de coraz?n a su hermano.

Solamente se puede amar y perdonar con la ayuda y la gracia de Dios. En el perd?n y el amor no hay l?mites ni medidas. A nadie hay que deber nada m?s que amor (Rm 13,8).

Al acercarse a pedir perd?n a Dios, hay que estar dispuesto a amar y perdonar al pr?jimo. ?Dios no acepta el sacrificio de los que provocan la desuni?n; los despide del altar para que antes se reconcilien con sus hermanos? (San Cipriano).


Publicado por mario.web @ 13:41
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