Martes, 15 de febrero de 2011

La vida crece silenciosamente en el oscuro seno de la tierra y en el seno silencioso de la madre. La primavera es una inmensa explosi?n, pero una explosi?n silenciosa.

Dios fue silencioso durante muchos siglos, y en ese silencio se gestaba la comunicaci?n m?s entra?able: el di?logo entre Padre, Hijo y Esp?ritu Santo.

?Qu? es el silencio?

Es esa capacidad interior de saber estar reposado, calmado, controlando y encauzando los sentidos internos y externos. Es esa capacidad de callar, de escuchar, de recogerse. Es esa capacidad de cerrar la boca en momentos oportunos, de calmar las olas interiores, de sentirse due?o de s? mismo y no dominado o esclavo de sus alborotos.

Uno de los males de la actualidad es el aburrimiento, que se origina de la incapacidad del hombre de estar a solas consigo mismo. El hombre de la era at?mica no soporta la soledad y el silencio, y para combatirlos echa mano de un cigarrillo, una radio, la televisi?n, y para evadirse del silencio se echa ciegamente en brazos de la dispersi?n, la distracci?n y la diversi?n.

?Para qu? sirve el silencio?

Es muy ?til para reponer fuerzas, energ?as espirituales, calmarse, para encontrarnos con nosotros mismos, para conocernos mejor, m?s profundamente.

Es imprescindible para ser creativos. Todo artista, cient?fico, pensador, necesita desplegar en su interior un gran silencio para poder generar percepciones, ideas, creaciones. Los grandes genios del arte y de la literatura fueron hombres que dedicaban mucho tiempo al silencio. Y de esos momentos de silencio brotaron las grandes obras. Es lo que llamamos el silencio creador, fecundo, productivo.

Es condici?n indispensable para escuchar y encontrarnos con Dios. Jam?s le escucharemos si estamos sumergidos en el oleaje de la palabrer?a, dispersi?n, agitaci?n. El encuentro con Dios se da en el silencio del alma. As? lo dice santa Teresa de Jes?s: ?Pues hagamos cuenta que dentro de nosotros est? un palacio de grand?sima riqueza, todo su edificio de oro y piedras preciosas ?en fin, como para tal Se?or-, y que sois vos parte de que aqueste edificio sea tal, como a la verdad lo es (que es ans?, que no hay edificio y de tanta hermosura como un alma limjpia y llena de virtudes, y mientras mayores, m?s resplandecen las piedras), y que en este palacio est? este gran Rey y que ha tenido por bien ser vuestro Padre y que est? en un trono de grand?simo precio, que es vuestro coraz?n? (Camino de perfecci?n, 28, 9).

Y san Juan de la Cruz nos susurra al o?do: ?El alma que le quiere encontrar ha de salir de todas las cosas con la afici?n y la voluntad, y entrar dentro de s? mismo con sumo recogimiento. Las cosas han de ser para ella como si no existiesen...Dios, pues, est? escondido en el alma y ah? le ha de buscar con amor el buen contemplativo, diciendo: ?A d?nde te escondiste?? (C?ntico espiritual, 1, 6).


?El valor del silencio!

Las grandes decisiones en la vida nacieron de momentos de silencio.

Necesitamos del silencio para una mayor unificaci?n personal. La mucha distracci?n produce desintegraci?n y ?sta acaba por engendrar desasosiego, tristeza, angustia.

Hay diversas clases de silencio.

Jes?s nos dijo: ?cierra las puertas?. Cerrar las puertas y ventanas de madera es f?cil. Pero aqu? se trata de unas ventanas m?s sutiles, para conseguir ese silencio.

Est?, primero, el silencio exterior, que es m?s f?cil de conseguir: silencio de la lengua, de puertas, de cosas y de personas. Es f?cil. Basta subirse a un cerro, internarse en un bosque, entrar en una capilla solitaria, y con eso se consigue silencio exterior.

Pero est?, despu?s, el silencio interior: silencio de la mente, recuerdos, fantas?as, imaginaciones., memoria, preocupaciones, inquietudes, sentimientos, coraz?n, afectos. Este silencio interior es m?s dif?cil, pero imprescindible para o?r a Dios e intimar con ?l.

Los enemigos del silencio son la dispersi?n, el desorden, la distracci?n, la diversi?n, la palabrer?a, la excesiva juerga, risotadas, la velocidad, el frenes?, el ruido.

?Qu? relaci?n hay entre eucarist?a y silencio?

El mayor milagro se realiza en el silencio de la eucarist?a. Las m?s ?ntimas amistades se fraguan en el silencio de la eucarist?a. Las m?s duras batallas se vencen en el silencio de la eucarist?a, frente al Sagrario. La lectura de la Palabra que se tiene en la misa debe hacerse en el silencio del alma, si es que queremos o?r y entender. El momento de la Consagraci?n tiene que ser un momento fuerte de silencio contemplativo y de adoraci?n. Cuando recibimos en la Comuni?n a Jes?s ?qu? silencio deber?amos hacer en el alma para unirnos a ?l! Nadie deber?a romper ese silencio.

Las decisiones m?s importantes se han tomado al pie del silencio, junto a Cristo eucarist?a. ?Cu?ntas l?grimas secretas derramamos en el silencio! Juan Pablo II cuando era Obispo de Cracovia pasaba grandes momentos de silencio en su capillita y all? escrib?a sus discursos y documentos. ?Fecundo silencio del Sagrario!

As? lo narra Juan Pablo II en su libro ??Levantaos! ?Vamos!?: ?En la capilla privada no solamente rezaba, sino que me sentaba all? y escrib?a...Estoy convencido de que la capilla es un lugar del que proviene una especial inspiraci?n. Es un enorme privilegio poder vivir y trabajar al amparo de este Presencia. Una Presencia que atrae como un poderoso im?n...? .

Preguntemos a Mar?a si el silencio es importante. El silencio de la Virgen no es un silencio de tartamudez e impotencia, sino de luz y arrobo...Todos hablan en la infancia de Jes?s: los ?ngeles, los pastores, los magos, los reyes, Sime?n, Ana la Profetisa...pero Mar?a permanece en su reposo y sagrado silencio. Mar?a ofrece, da, recibe y lleva a su Hijo en silencio. Tanta fuerza e impresi?n secreta ejerce el silencio de Jes?s en el esp?ritu y coraz?n de la Virgen que la tiene poderosamente y divinamente ocupada y arrebatada en silencio.


Publicado por mario.web @ 21:05
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