Jueves, 17 de febrero de 2011

La Eucarist?a, Presencia y Don de Cristo al mundo, estar? en el centro de la gran asamblea de cristianos venidos de todos los continentes a la ciudad de Qu?bec, para el 49? Congreso Eucar?stico Internacional, que se celebrar? del 15 al 22 de junio de 2008.

Este tema se encuentra desarrollado en un Documento teol?gico de base, aprobado por el Comit? Pontificio para los Congresos Eucar?sticos Internacionales.

Durante el Congreso, meditaremos cada una de las homil?as y las catequesis inspiradas de este texto, que nos ayudar?n en la preparaci?n espiritual y animar?n a la oraci?n para que podamos unirnos espiritualmente a la celebraci?n del Congreso.




SEGUNDA PARTE La Eucarist?a, Nueva Alianza

III- La Eucarist?a construye la Iglesia, sacramento de salvaci?n


El don por excelencia de la Eucarist?a es un misterio de alianza, un misterio nupcial entre Dios y la humanidad. En ella, el Dios vivo hace renacer sin cesar a su Iglesia como pueblo reunido, como Cuerpo y Esposa de Cristo, como comunidad viviente que es, al mismo tiempo, una sola Persona m?stica con ?l. ?Alegr?monos y demos gracias a Dios, por lo que hemos llegado a ser, no solamente cristianos sino el propio Cristo?.13

La Iglesia es, en efecto, el pueblo de la nueva alianza, inseparable de la Eucarist?a, como el cuerpo es inseparable de la cabeza, como la esposa vive del don de su esposo. En cuanto heredera y asociada del misterio eucar?stico, la Iglesia, animada por el Esp?ritu y siguiendo el modelo de la fe de Mar?a, participa al don Dios al mundo. La Iglesia es ella misma como un sacramento, es decir ?es en Cristo como un sacramento o se?al e instrumento de la ?ntima uni?n con Dios y de la unidad de todo el g?nero humano?.14 De hecho, la Iglesia es el sacramento universal de la comuni?n trinitaria ofrecida al mundo.


A. El don de la Iglesia-comuni?n

1) Mar?a, primera Iglesia y mujer eucar?stica


El don de Dios al mundo se realiz? gracias a una mujer, bendita entre todas las mujeres, quien crey? y se entrego sin condiciones a la Palabra misteriosa de su Se?or. Mar?a de Nazareth es la mujer por excelencia que ha respondido ?s?? al Dios de la Alianza, transform?ndose as?, en la Anunciaci?n, en el cumplimiento de la Hija de Si?n, la Iglesia naciente. Su ?s?? ha acompa?ado la encarnaci?n del Verbo de Dios desde el primer momento de su concepci?n hasta su muerte y resurrecci?n. Ninguna otra criatura posee una memoria tan concreta del Verbo que se hizo carne hasta su carne eucar?stica. Ning?n otro ser humano sabe con tanta perfecci?n lo que significa la misericordia, el perd?n, la compasi?n y el sufrimiento del Amor redentor.

No tenemos ninguna informaci?n de que Mar?a haya estado presente en la ?ltima Cena, cuando se instituyo el rito de la nueva alianza, pero ella estaba de pi?, junta a la cruz, cuando fue consumado el sacrificio del Cordero que quita el pecado del mundo.

Mar?a es la mujer eucar?stica por excelencia 15,la nueva Eva totalmente disponible para dejar abierta la fecundidad del nuevo Ad?n. Mater Dei et Mater Ecclesiae. En ella y por ella, la Iglesia comulga, ya de forma perfecta en la cruz, con la ofrenda sacrificial del Hijo de Dios. Destinada como ella a la gloria de ser la esposa del Cordero, la Iglesia contempla a Mar?a al pi? de la cruz como el icono doloroso y glorioso de su propio misterio de comuni?n. Junto con la Virgen inmaculada, que se transforma entonces en la madre de toda la humanidad reconciliada, la Iglesia aprende, por pura gracia del Dios-amor, a comulgar con el amor redentor y nupcial del Cordero inmolado.


2) Pueblo de Dios y sacramento de salvaci?n

La Iglesia acoge y realiza su profundo misterio de comuni?n, de forma privilegiada, en el marco de la cena eucar?stica. La conmemoraci?n que ella hace del don de Jes?s, por fidelidad a su palabra, funda y nutre la relaci?n de alianza que existe entre Jes?s y ella, en nombre de toda la humanidad. El banquete pascual de Jes?s la introduce en Su amor trinitario, amor que remite a la primera fuente que es el Padre, y al don final, que es el Esp?ritu Santo.

En efecto, es el Padre quien convoca a toda la humanidad al banquete de bodas de su Hijo (Mt 22, 1-13), banquete pascual en el cual el Padre mismo sirve como alimento el Cordero inmolado desde la fundaci?n del mundo y la copa del Reino que embriaga del Esp?ritu, seg?n lo que dice Pedro el d?a de Pentecost?s. Al dar de esta forma a su Hijo y a su Esp?ritu a la Iglesia, el Padre la asocia a su misterio de amor y fecundidad. La exalta y la ennoblece al acogerla en su propia mesa celeste en donde el Amor es el alimento exclusivo y la fuente eterna de la Vida.

La Iglesia, misterio de comuni?n trinitaria destinada a todos los hombres, es sacramento de salvaci?n en cuanto pueblo de Dios, reunido en la unidad. Este pueblo es convocado por Dios y organizado por su Esp?ritu, seg?n diferentes funciones jer?rquicas y seg?n una multiplicidad de ministerios carism?ticos al servicio de la Nueva Alianza. Expresa su plena vitalidad eclesial y asegura su unidad en virtud de la comuni?n sacramental de sus miembros con el Cuerpo y la Sangre de Cristo. ?Para que, fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y llenos de su Esp?ritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo esp?ritu.? 16

En cada misa, lo oraci?n de la ep?clesis repite las palabras del mismo Jes?s, orando por la unidad de sus disc?pulos: ?Yo les he dado la gloria que t? me diste, para que sean uno como nosotros somos uno? (Jn 17,22). El Esp?ritu Santo que desciende sobre las ofrendas y sobre la asamblea es la gloria de la comuni?n trinitaria operante en cada Eucarist?a.

Por eso la Iglesia, pueblo de Dios y sacramento de salvaci?n, debe ser convocada y reunida, debe abrirse a la inteligencia de las Escrituras y ha de dejarse reconciliar sin cesar y comulgar con la vida eterna ya desde ahora, aqu? en la tierra, en virtud del sacramento de la Pascua.


3) Esposa del Cordero y Cuerpo de Cristo

Para entregarse al mundo en este misterio de alianza, Dios cuenta con la Iglesia, su humilde asociada. Pobre y fr?gil, a causa del pecado de sus hijos, la Iglesia se compromete inmergi?ndose sin cesar, por la penitencia y la Sagrada Eucarist?a, en la gracia del bautismo. La Iglesia debe esforzarse mucho m?s en su purificaci?n y reforma, ya que es consciente de acoger el misterio de comuni?n de un Dios tres veces
santo y de estar llamada a responderle de una manera no s?lo ejemplar sino incluso nupcial. De hecho, ?Toda la vida cristiana est? marcada por el amor esponsal de Cristo y de la Iglesia. El mismo Bautismo, entrada en el Pueblo de Dios, es un misterio nupcial. Es, por as? decirlo, como el ba?o de bodas (cf. Ef 5,26-27) que precede al banquete de bodas, la Eucarist?a?.17

En el momento culminante de la an?fora, la Iglesia hace exclamar a su ministro: ?Este es el sacramento de nuestra fe?. Este grito de j?bilo reconoce el acontecimiento que se est? realizando: la conversi?n del pan y vino en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo por el poder del Esp?ritu Santo. Es tambi?n un reconocimiento del misterio de la Nueva Alianza, el encuentro nupcial entre Cristo-Esposo que se entrega y la Iglesia-Esposa que lo acoge y se une en su ofrenda. Por el poder de su Palabra y de la ep?clesis sobre las especies eucar?sticas, Jesucristo vivo, cuya muerte y resurrecci?n anunciamos hasta su venida, se une a la comunidad eclesial como a su cuerpo y a su esposa. ?l transforma en su propio Cuerpo la ofrenda de la comunidad reunida y le entrega en comuni?n, como regalo nupcial, su Cuerpo eucar?stico.

?Es un gran misterio? dice el ap?stol Pablo pensando en la uni?n de Cristo y de la Iglesia como el modelo y el misterio del matrimonio sacramental (Ef 5,32). San Ambrosio considera la Eucarist?a como el ?regalo nupcial? de Cristo a su Esposa y la comuni?n como un beso de Amor. Por eso justamente Cabasilas comenta: ??Es un gran misterio? dice el bienaventurado Pablo exaltando esta uni?n. Porque es all? donde se da el matrimonio tan celebrado en que el Esposo pur?simo asume como esposa a la Iglesia como a una virgen. Es aqu? en donde Cristo ?alimenta? el coro de quienes le rodean, y es solamente por este sacramento como ?somos ?carne de su carne y hueso de sus huesos? ??18

?La Eucarist?a nos adentra en el acto oblativo de Jes?s. No recibimos solamente de modo pasivo el Logos encarnado, sino que nos implicamos en la din?mica de su entrega. La imagen de las nupcias entre Dios e Israel se hace realidad de un modo antes inconcebible: lo que antes era estar frente a Dios, se transforma ahora en uni?n por la participaci?n en la entrega de Jes?s, en su Cuerpo y su Sangre. La ?m?stica? del Sacramento, que se basa en el abajamiento de Dios hacia nosotros, tiene otra dimensi?n de gran alcance y que lleva mucho m?s alto de lo que cualquier elevaci?n m?stica del hombre podr?a alcanzar?.19


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  1. Catecismo de la Iglesia Cat?lica n. 795, San Agust?n, Tractatus in Johannis 21,8. ) regresar

  1. Vaticano II, Constituci?n Dogm?tica sobre la Iglesia, Lumen Gentium,n.1. regresar

  1. Cf. Juan Pablo II, Ecclesia de Eucharistia, nn. 53-58.regresar

  1. Plegaria Eucar?stica II. regresar

  1. Catecismo de la Iglesia Cat?lica,n. 1617.regresar

  1. Cabasilas, La vie en Christ, IV, 30, S.C. n. 355, Paris 1989, p. 291.regresar

  1. Benedicto XVI, Enc?clica Deus Caritas est, n. 13. regresar



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Publicado por mario.web @ 0:47
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