Viernes, 25 de febrero de 2011

Jesucristo ha sido constituido el centro del universo. Todo fue creado por ?l y para ?l, todo se mantiene en ?l, y Jesucristo ser? el ?nico Soberano de todas las cosas en los siglos eternos. ?Qu? grande es Nuestro Se?or Jesucristo, y qu? orgullosos estamos nosotros de su gloria!

Durante su vida en la tierra, aunque era el Hijo de Dios, Jesucristo vivi? en humildad, se hizo todo para todos a fin de salvarnos a todos, y s?lo a partir de su resurrecci?n aparece en todo el esplendor de su grandeza. Sin embargo, a?n no se ha manifestado toda la gloria suya. Hemos de esperar al fin, cuando vuelva a dar la mano definitiva al mundo y a cerrar la historia de todas las cosas. S?lo entonces veremos sometidos a Jesucristo los seres todos del cielo y de la tierra, y celebraremos su Reino que no tendr? fin.

Todo esto es muy bonito. Todo esto, entusiasma. Pero, ?nos damos cuenta de lo que nos exige?...

En la revoluci?n mexicana, que cubri? de m?rtires nuestra Am?rica, un joven de veintitr?s a?os abandona su magn?fico puesto en el Banco Internacional de M?xico y se enrola en las filas de los cat?licos que luchaban por defender la Religi?n perseguida. Una bala perdida le atraviesa las dos piernas, pierde el sentido, cae prisionero, y, recobrado el conocimiento, le pregunta el coronel:?
- ?De qu? partido es usted??
- Soy un defensor de Cristo Rey.?
- ?Qu? grado tiene??
- Capit?n primero.?
- ?Se rinde??
- No, no me rindo.?
- Deme su revolver.?
- T?melo, y m?teme si quiere. Pero antes d?jeme gritar: ?Viva Cristo Rey!?
El coronel dispar? el arma, le destroz? al valiente muchacho la cabeza con las balas, y con aquellos disparos le abr?a las puertas del Cielo, el Reino glorioso de Jesucristo.?

Como este joven m?rtir, nosotros, bien penetrados de la fe cristiana, miramos en Jesucristo al Soberano que dicta leyes, al Jefe que gobierna, al Juez que pedir? cuentas. Y nos rendimos ante Jesucristo.?

Con la mentalidad democr?tica que rige nuestros pueblos, nos cuesta aceptar un jefe absoluto, al que llamamos dictador; no nos sometemos a nadie sino al pueblo soberano, como decimos; y jam?s aceptar?amos una justicia que no se rigiera por las normas que nosotros mismos le hemos impuesto. As? es nuestra democracia, as? pensamos, y esto es lo ?nico que aceptamos.?
Pero ante Jesucristo hemos de cambiar de parecer.?

Jesucristo no es un dictador que oprima a nadie ni un hombre sin coraz?n. Es un Soberano lleno de amor que no busca sino nuestra salvaci?n.?

Pero el ?nico legislador es Jesucristo, y no una asamblea constituyente, con diputados elegidos por nosotros.?

El ?nico que manda es Jesucristo, porque es el Se?or.?

El que tendr? la ?ltima palabra es Jesucristo, porque ha sido constituido Juez de vivos y muertos.?

Ante este Jesucristo nos jugamos la vida.?
Aceptar a Jesucristo es aceptar su Persona, su doctrina y sus mandatos.?

Por desgracia, no todos aceptan a Jesucristo de manara incondicional. Son muchos los que lo rechazan. No admiten a nadie que est? sobre sus cabezas. No quieren a ninguno que les venga a fastidiar la vida de placer a que se entregan...?

El orgullo y la sensualidad son los dos grandes enemigos de Cristo.?

Sin embargo, Jesucristo se ofrece y act?a como Salvador antes que ejercer sus poderes de Juez.?
Ha dejado su Iglesia en el mundo como signo del Reino y encargada de llevar adelante el Reino de Dios hasta que Jesucristo vuelva. Y aqu?, en la Iglesia y su Vicario el Papa, es donde tropiezan tambi?n muchos. Al aceptar a Jesucristo en su Persona y no en sus representantes ni en su Iglesia, vienen a rechazar al mismo Jesucristo, que dijo:?
- Id y ense?ad... Con vosotros estoy... Quien os acoge a vosotros me acoge a m?, y quien a vosotros rechaza me rechaza a mi y al Padre que me envi?.

Cuando nosotros hablamos as? de Jesucristo y salimos con energ?a por sus derechos, podemos dar la sensaci?n de que nosotros somos m?s rigurosos que el mismo Jesucristo. Pero esto es una equivocaci?n completa. Jesucristo no es nada riguroso, porque es Rey de amor y Rey de paz.?

Nuestra lengua puede subir un poco el tono, pero tampoco somos rigurosos. Lo que nos pasa es que nos duele, como le dol?a a Pablo, el ver que hombres, hermanos nuestros, rehusan someterse a Jesucristo, porque con ello hasta pueden poner en peligro su salvaci?n. Y este miedo nos hace cambiar un poquito la voz...?

Nosotros, creyentes, no ponemos condiciones a Jesucristo. Que mande. Que pida. Que nos gobierne por su Iglesia. No nos pide que dejemos el puesto en el Banco ni que entreguemos la pistola al enemigo para que nos abra la cabeza. Pero nos pide el amor del coraz?n, y se lo damos entero. Nos pide la obediencia a su Iglesia, y no nos ponemos a discutir. Y as?, tranquilos, esperamos su venida, y hasta le pedimos que la acelere, pues estamos impacientes de encontrarnos con ?l: ?Ven, Se?or Jes?s!... .

Salvador Gurti?rrez de Mora, 19-Mayo-1927.?


Publicado por mario.web @ 9:47  | religion
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios