Domingo, 27 de febrero de 2011

Cada d?a me presenta diversos retos. Puedo acoger o rechazar. Puedo construir o destruir. Puedo amar u odiar.

?En qu? invierto mi vida? ?A d?nde van mis energ?as? ?Qu? queda de todo lo que pienso, lo que digo, lo que hago?

El m?dico trabaja en los cuerpos, pero la vejez o las enfermedades acaban, tarde o temprano, con la vida de sus pacientes.

El arquitecto y los alba?iles levantan edificios. Pero basta un terremoto o un incendio para que una casa quede en ruinas.

Los empleados de oficinas transcriben datos y datos, almacenan y clasifican informaciones. Pero un d?a hay que tirar carpetas in?tiles a la basura o borrar los archivos viejos de la computadora.

En la casa, sacudimos el polvo, barremos el suelo, lavamos la vajilla. Al poco tiempo, la suciedad reconquista el terreno perdido y parece que lo realizado no ha servido para nada.

?Es mi vida un juego, un pasatiempo, una pasi?n in?til, como dec?a alg?n fil?sofo? ?Es mi trabajo una inversi?n sin fondo, un desgaste por levantar torres de arena que sucumben ante el avance de las olas?

Hay un modo distinto de invertir la propia vida. Lo que hacemos por amor, lo que dedicamos para servir al familiar cansando, al amigo angustiado, al desconocido que espera una mano amiga, no se pierde.

Todo acto bueno, todo gesto sencillo de servicio, queda escrito en el coraz?n de Dios. Porque sabemos que el vaso de agua fresca dado al necesitado recibir? alg?n d?a su recompensa (cf. Mt 10,42).

Esa es la mejor inversi?n de mis energ?as, de mi tiempo, de mi vida: amar a Dios, amar a mis hermanos. Porque incluso la fe y la esperanza, alg?n d?a, dejar?n de ser necesarias. Pero el amor dura para siempre, porque viene de Dios, y Dios, Amor, es eterno.


Publicado por mario.web @ 11:36
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