Domingo, 27 de febrero de 2011

Al meditar sobre tu vida, Madre querida, nos queda siempre en el alma alguna ense?anza, un prudente consejo, un camino?

Este 21 de noviembre la Santa Iglesia festeja el d?a en que, peque?ita, fuiste presentada en el Templo.

Por m?s que intento, Madrecita, no puede descubrir mi coraz?n una ense?anza en esta parte de tu vida. Me quedo en oraci?n. Acabo de recibir a tu Hijo bajo la apariencia de pan. As?, mi coraz?n hecho pregunta se postra ante ti.

Ens??ame, Madre?

Me abrazas el alma y siento que te acompa?o en tan hermoso d?a.

Vas llegando al Templo de la mano de tus padres. La mano de Joaqu?n te llena de fuerza y confianza. La de Ana te sostiene un equipaje de amor, besos y abrazos para que te acompa?e en el viaje trascendental que emprendes.

Con tu inocencia, jam?s perdida, y tu ternura, exquisitamente multiplicada en a?os venideros, vas acerc?ndote al lugar del que tanto te han hablado y vas aprendiendo a abrazarte al Dios eterno que conociste de la boca de tus amados padres.

Por estas cosas de la imaginaci?n una Mar?a mam?, tal como me la recuerda la imagen de la Parroquia, me acompa?a a descubrir a una Mar?a ni?a.

Vamos subiendo las escalinatas? Al llegar al ?ltimo escal?n distingo, a una prudente distancia un personaje conocido?

? Madre! ?Acaso esa mujer que est? all?, observando de lejos es? ?

-Si, hija, es Ana, la profetisa.

Claro, seg?n dice la Escritura: "? casada en su juventud, hab?a vivido siete a?os con su marido. Desde entonces hab?a permanecido viuda y ten?a ochenta y cuatro a?os. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y d?a con ayunos y oraciones" (Lc 2, 36-37)

Ana? quien a?os m?s tarde hablar?a "? acerca del ni?o a todos los que esperaban la redenci?n de Jerusal?n"?(Lc 2,38)

Ana? mira a esta ni?a de ojos dulces, belleza serena y sonrisa de cielo.?

Ana? guarda ese rostro en su coraz?n, pues el rostro de Mar?a es inolvidable.

Me descubro nuevamente arrodillada en la Parroquia. Te miro con el alma, Mar?a, y descubro de tu mano la ense?anza. Simple y profunda. Simple como una mujer viuda mirando de lejos. Profunda, como el amor que nos tienes.

?Nadie puede olvidarte, Madre!. Una vez que se te ha conocido, no es posible el olvido.

Aunque pasen muchos a?os entre el encuentro y el abrazo? entre la mirada y la sonrisa.

Nadie, que te haya visto, aunque sea una vez, puede olvidarte. Verte? no con los ojos del cuerpo, sino con los del alma. El encuentro es interior. El abrazo, ?nico.

Mi coraz?n est? feliz pues me has ense?ado, una vez m?s, que meditar en tus ejemplos no es en vano, ni "p?rdida de tiempo". Meditar en ti calma las angustias del alma, encamina los pasos del coraz?n y nos acerca a tu Hijo.

Este 21 de noviembre quiero pedirte que subas conmigo las escalinatas de mi vida. Que me lleves de la mano y me proveas de un imprescindible equipaje interior. Que sepa mantener ese equipaje meditando siempre en tus virtudes y ejemplos.

Feliz recuerdo de tu Presentaci?n, Madre.



Hermano que lees estas sencillas l?neas. Acompa?a a Maria recordando con ella este d?a. Acomp??ala con una oraci?n, con un pensamiento, con una obra de caridad? Suma tu sencilla ofrenda a la que hizo de su vida la m?s pura ofrenda de amor.


Publicado por mario.web @ 12:26
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