Domingo, 27 de febrero de 2011

?Est? de moda la humildad? Quiz? deber?amos preguntarnos: ?lo ha estado alguna vez?

El siglo XX ha habido pensadores que se dedicaron a levantar la tela que cubr?a mil miserias humanas. Nos han dicho que somos un casual y no muy perfecto producto de la evoluci?n, un puntito en el universo, muy d?biles ante la acci?n de virus y bacterias microsc?picas, llenos de cobard?a y de complejos, con una fuerte tendencia a la traici?n e incapaces de respetar nuestras promesas.

A pesar del trabajo demoledor y cr?tico de psicoanalistas, soci?logos y antrop?logos, en todos los seres humanos se esconden restos de orgullo, de vanidad, de ego?smo. Tendr?amos que reconocer que algunos pensadores dedicados a desenmascarar lo m?s bajo del hombre estaban llenos de esa soberbia que quer?an destruir en los dem?s, porque cre?an saber m?s, porque se sent?an superiores respecto de sus pacientes, de las pobres personas psic?patas y enfermos?

Cada uno podemos mirarnos el coraz?n y preguntar: ?soy humilde? ?Reconozco mis debilidades, mis flaquezas, mis fracasos? A la vez, ?soy capaz de ver los puntos positivos, las cualidades, los gestos de amor y de entrega con los que a veces quiero mejorar mi vida y la vida de los que viven a mi lado?

Es cierto que algunos proyectos educativos no promueven la humildad. Piden un esfuerzo por ser mejores, por destacar por encima de los otros. A veces incluso quienes piensan llevar una profunda vida cristiana se sienten superiores a los dem?s, desprecian a quien no va a misa, se divorcia o se deja arrastrar por el amor al dinero.

Un sano esp?ritu de superaci?n es siempre ?til. Pero caemos en peque?os o grandes estados de soberbia cuando todo lo buscamos para ponernos por encima de los dem?s, para sentirnos superiores por haber conquistado metas que, pensamos a veces con demasiada presunci?n, muchos otros ni siquiera han pretendido para sus vidas.

Hay que redescubrir y defender el valor de la verdadera humildad, su sentido profundamente cristiano. La humildad nos pone delante de Dios. Desde su mirada somos capaces de ver nuestra vida de modo distinto, pleno, verdadero. Descubriremos mucho barro, mucha debilidad, mucho pecado. A la vez, nos daremos cuenta de que Dios no condena ni desprecia, sino que acepta y acoge a todos los hijos que, con un coraz?n contrito y humilde, piden perd?n y confiesan sus faltas con sinceridad y con amor.

Dios nos llama a la humildad, a reconocer con sencillez nuestra riqueza y nuestro barro, a acoger a todos, a ser buenos, a dar gracias por sus dones y a pedir, a veces desde lo m?s profundo del pecado, que nos perdone, que nos levante, que nos acoja como hijos pr?digos. Quien es humilde sabr? rezar con sencillez, mirar? a todos con ojos buenos: los que viven a nuestro lado tambi?n tienen barro mezclado con una llama divina.

Todos estamos invitados a caminar, desde los ?xitos y los fracasos de cada d?a, hacia el Dios Padre de todos. Un Dios que se hizo Hombre humilde, un sencillo carpintero, que no conden?, sino que ofreci?, a quien se acercaba al Maestro, un gesto de respeto, de cari?o, de salvaci?n profunda.


Publicado por mario.web @ 12:27
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