Domingo, 27 de febrero de 2011

Por primera vez Dios entra a formar parte de la historia humana. Desde ese a?o en adelante, la historia se dividi? en dos: antes y despu?s de Cristo.

Desde el momento de la encarnaci?n del Hijo de Dios, el mundo no ha sido igual. Lleg? la Luz a vencer las tinieblas morales del hombre, lleg? la Vida para imponerse a la ?cultura de la muerte?, lleg? el Camino para mostrar a los hombres, errantes en este ?valle de l?grimas?, el rumbo al Cielo.

Hay nacimientos que han afectado todo un pa?s o un imperio como fue el caso del Emperador Cesar Augusto, pero este nacimiento s?lo tuvo repercusiones sobre los hombres de su tiempo. El nacimiento de Cristo afect? a todos los hombres de todos los tiempos y lugares. ?l es el Salvador universal.

El Catecismo nos lo recuerda en muchos n?meros:

El Verbo se encarn? para salvarnos reconcili?ndonos con Dios. (457);

El Verbo se encarn? para ser nuestro modelo de santidad. (n.459);

El Verbo se encarn? para hacernos participes de la naturaleza divina. (n.460).


Nos lleva a pensar en nuestra vida, tan pobre en comparaci?n con la de Cristo. Tambi?n tiene su trascendencia, pues Dios nos da una misi?n. Tenemos ?nuestras? almas que salvar. Estas almas son las personas que Dios ha decidido salvar a trav?s de nuestras oraciones, nuestros sacrificios, nuestra actividad apost?lica.

Hoy m?s que nunca la Iglesia necesita a hombres generosos, dispuestos a dar todo por la causa de Cristo; hombres decididos a predicar la verdad; hombres verdaderamente santos, imitadores de Jesucristo e ilusionados por darle a conocer a los dem?s; hombres conquistadores, fieles a la Iglesia en todo y convencidos de su misi?n vital en el mundo de hoy.


Publicado por mario.web @ 12:30
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