Domingo, 27 de febrero de 2011

En la petici?n del Padrenuestro, "perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden" (Mt 6,12) no significa principalmente que, si yo no perdono, no ser? perdonado por Dios. Esto podr?a reducir el perd?n divino a un simple acto de justicia. Por el contrario su perd?n es siempre un acto gratuito e inmerecido por nuestra parte. Perdonar no es condici?n para ser perdonado: Dios est? siempre dispuesto a perdonar.

Ahora bien, si Jesucristo nos indica que debemos perdonar, es porque este acto ayuda y enriquece la vida del cristiano. ?Por qu? ofrecer el perd?n nos enriquece cuando m?s bien parecer?a que este acto es compartir la injusticia recibida?

El Santo Padre recuerda que, en muchos casos, los buenos cristianos no se acercan a la confesi?n porque en su interior tienen un profundo sentido de justicia y "prueban un sentimiento de indignidad ante la grandeza del don recibido. Y tienen raz?n en sentirse indignos" (n.6). Es normal sentirse indignos ante un mal realizado contra Dios o en contra de otra persona, porque nuestro interior siente que dicho acto es imperdonable, es decir, es imposible cancelar el mal realizado. Podremos no volverlo a cometer, e incluso podremos restituir las consecuencias del mal, pero siempre quedar? como nuestro el acto malo realizado. Y, en consecuencia, somos indignos de recibir el perd?n pues nunca podremos cancelar de la historia de nuestra vida el mal ya actuado.

Solamente la gracia de Dios podr? cerrar y sanar totalmente estas heridas. Pero hay una medicina humana que ayuda grandemente a sanar nuestra psicolog?a. Esa medicina es precisamente el saber perdonar. Cuando nosotros perdonamos ofrecemos el perd?n a alguien que por sus actos no merece ser
perdonado. A causa de los actos realizados, ?rika no es digna de ser llamada ’hija’; pero el padre al ofrecer su perd?n le restituye la dignidad de hija que ?sta nunca podr? merecer pues siempre en su historia quedar? como suya la acci?n realizada contra su madre y su hermanito.

Cuando nosotros perdonamos a una persona que es indigna y le restituimos, con nuestro perd?n, su dignidad no merecida, comprendemos que tambi?n nosotros, indignos como somos, podemos ser convertidos en dignos al recibir el perd?n de nuestras ofensas. Ser? entonces que, a pesar de nuestra indignidad, nos acercaremos al sacramento de la confesi?n y, de ese modo, por medio del perd?n de Dios, recibiremos la dignidad que nuestras obras realizadas nunca podr?an restituirnos.

En este sentido se pueden comprender tambi?n las palabras del Padrenuestro, en cuanto que el perd?n que ofrecemos ayuda a recibir y aceptar el perd?n de Dios que no merecemos.

El Papa indica algunos elementos esenciales para que el perd?n pueda manifestarse en todo su valor: la capacidad de acogida, de escucha y de di?logo, la disponibilidad jam?s negada, y el anuncio fiel de las exigencias de la palabra de Dios que debe siempre acompa?arse de una grande comprensi?n y delicadeza" (n. 13).

En efecto, el perd?n, adem?s de con palabras, debe manifestarse con actos que expresan las aut?nticas actitudes interiores.

No tengamos miedo de perdonar. Y pid?mosle al Se?or: "ay?danos a aceptar el perd?n de nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden".


Publicado por mario.web @ 15:55
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