Domingo, 27 de febrero de 2011

Madre, hoy he venido a visitar a tu Hijo en el Sagrario, pero siento que no soy hoy la mejor compa??a. Mi coraz?n est? triste, con una tristeza pesada y gris que, como humo denso, ti?e mis afectos y mis sue?os. Siento una gran soledad, no porque Jes?s o tu, Madre querida, se hayan alejado de m?, sino que soy yo la que no logra hallarlos.

- Soledad, hija, soledad... Bien comprendemos esa palabra mi Hijo y yo... soledad. Ven, entra con tu coraz?n al Sagrario y conversaremos un poco. S? bien que lo necesitas.

- Gracias, Mar?a, gracias. Yo sab?a, en lo m?s ?ntimo del alma, en ese peque?o rinconcito iluminado y eterno donde la tristeza no llega, all?, sab?a que pod?a contar contigo.

Y mi coraz?n, lento y pesado por mis pecados y olvidos, se va acercando al Sagrario.

T? est?s a la puerta y me abres. ?Qu? deliciosos perfumes percibe el alma cuando est? cerca de ti!
Con gran sorpresa veo que, por dentro, el Sagrario es much?simo m?s grande de lo que parece y hay all? demasiados asientos desocupados, demasiados...
Me llevas a un sitio, un lugar inundado de toda la paz que anhela mi alma. Noto que tiene mi nombre, ?Oh Dios m?o, mi nombre!. Me duele el coraz?n al pensar cu?nto tiempo lo he dejado vac?o.

- Cu?ntame, ahora, de tu soledad- me pides, Madre m?a.

Pero ni una palabra se atreve a salir de mi boca. Por el bello y sereno recinto del Sagrario, Jes?s camina, mirando uno a uno los sitios vac?os... Solo el m?s inmenso amor puede soportar la m?s inmensa soledad.
Inmensa soledad que es larga suma de tantas ausencias. Y cada ausencia tiene un nombre y s?, tristemente, que el m?o tambi?n suma.
Entonces tu voz, Mar?a, me ilumina el alma:

- El Sagrario es demasiado peque?o para tanta soledad. T? no puedes hacer m?s grande el Sagrario, pero s? puedes hacer m?s peque?a su soledad.

Tus ojos est?n llenos de l?grimas y le miras a ?l con un amor tan grande como jam?s vi.

- Hija, ?Si supieras cu?nto eres amada! ?Si supieras cu?nto eres esperada!. Cada d?a, cada minuto, el Amor aguarda tus pasos, acerc?ndose, tu coraz?n, am?ndole, tu compa??a, que hace m?s soportable tanta espera.

Siento una dolorosa verg?enza por mis quejas. Cada Sagrario, en su interior, es como todos los Sagrarios del mundo juntos. Miro a mi alrededor y veo a muchas personas. Son todos los que, en este momento, en todo el mundo, est?n acompa?ando a Jes?s Sacramentado.

Cada uno con su cruz de dolor, tristeza, soledad, vac?os, traiciones.. Y Jes?s repite, para cada uno de ellos, las palabras de la Escritura ?Vengan a M? cuando est?n cansados y agobiados, que Yo los aliviar? Mt 11,28.

Y me quedo a tu lado, en mi sitio, Madre, esperando a Jes?s que se acerca. Me tomo fuerte de tu mano, para no caerme, para no decir nada torpe e inoportuno, muy habitual en mi. Y all? me quedo, y el Maestro sigue acerc?ndose, y el perfume envuelve al alma y ahuyenta los grises humos de mis penas.
Entonces, escucho en el alma tus palabras, Madre:

- Ahora, ve a confesarte.

Sin preguntar nada, sin saber como terminar? este encuentro, te hago caso Madre. Me quedo cerca del confesionario, aunque a?n no ha llegado el sacerdote y la misa est? por comenzar. Pero si t? lo dices, Madre, seguro lo hallar?. En ese momento llega el sacerdote. Como ?l no daba la misa, sino el obispo, tuve tiempo de prepararme bien para mi confesi?n, que me dej? el alma tranquila y sin la pesada carga de mis pecados...

Me quedo pensando en Jes?s, que ven?a a acerc?ndose a m?, en el Sagrario. Pero all? me doy cuenta de tu gesto, Madre querida. Tu me ofrec?as algo m?s. T? me ofrec?as el abrazo real y concreto de Jes?s en la Eucarist?a, y para que mi alma estuviera en estado de gracia para responder a ese abrazo, me pediste que fuera a confesarme.

?Gracias Madre! Gracias por amarme y cuidarme tanto... ?Qu? hermosa manera de terminar este encuentro con Jes?s! ?Con su abrazo real, bajo la forma del Pan!
La misa ha comenzado. Siento que la soledad del Sagrario es un poquito m?s peque?a, no mucho, pero s? mas peque?a... Y si mi compa??a alivi? su soledad, seguro que la tuya, amigo que lees estas l?neas, tambi?n la aliviar?. Y si invitas a un amigo a hacerle compa??a... ?Oh, cuanto podemos hacer disminuir la soledad de Jes?s en el Sagrario!?Cu?nto puede ?l, en su infinita Misericordia, colmar nuestras almas de paz!

Hay un sitio en el Sagrario que tiene tu nombre y toda la paz que ans?as... y Jes?s te espera, dici?ndote ?Ven a Mi, cuando est?s cansado y agobiado, que Yo te aliviar?

Amigo, nos encontramos en el Sagrario.


NOTA de la autora: "Estos relatos sobre Mar?a Sant?sima han nacido en mi coraz?n y en mi imaginaci?n por el amor que siento por ella, basados en lo que he le?do. Pero no debe pensarse que estos relatos sean consecuencia de revelaciones o visiones o nada que se le parezca. El mismo relato habla de "Cerrar los ojos y verla" o expresiones parecidas que aluden exclusivamente a mi imaginaci?n, sin intervenci?n sobrenatural alguna."


Publicado por mario.web @ 15:59
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