Domingo, 27 de febrero de 2011

El hecho de la Transfiguraci?n de Jes?s en el monte Tabor tiene en los Evangelios una importancia muy grande. Como la tiene despu?s para la vida de la Iglesia, que le consagra hoy una fiesta especial, la cual reafirma nuestra esperanza en el Se?or Resucitado, pues sabemos que, cuando se nos manifieste, transformar? nuestros cuerpos mortales, eliminando de ellos todas las miserias, y configur?ndolos con su cuerpo glorioso e inmortal...

Lo que pas? en el Tabor lo sabemos muy de memoria.
Jes?s, al atardecer de aquel d?a, deja a los ap?stoles en la explanada galilea y, tomando a los tres m?s ?ntimos --Pedro, Santiago y Juan--, se sube a la cima de la hermosa monta?a.
Pasa el Se?or la noche en oraci?n alt?sima, dialogando efusivamente con Dios su Padre, mientras que los tres disc?pulos se la pasan felices rendidos al profundo sue?o...

Al amanecer y espabilar sus ojos los disc?pulos, quedan pasmados ante el Maestro, que aparece mucho m?s resplandeciente que el sol...

Se le han presentado Mois?s y El?as, que le hablan de su pr?xima pasi?n y muerte...

Se oyen los disparates simp?ticos de Pedro, que quiere construir tres tiendas de campa?a y quedarse all? para siempre...

El Padre deja o?r su voz, que resuena por la monta?a y se esparce por todos los cielos: -??ste es mi Hijo querid?simo!...

Y la palabra tranquilizante de Jes?s, cuando ha desaparecido todo: -?Animo! ?No teng?is miedo! Y no dig?is nada de esto hasta que yo haya resucitado de entre los muertos...

Pedro recordar? muchos a?os despu?s en su segunda carta a las Iglesias:
- Si os hemos dado a conocer la venida poderosa de nuestro Se?or Jesucristo, no ha sido siguiendo cuentos fantasiosos, sino porque fuimos testigos de vista de su majestad. Cuando recibi? de Dios Padre honor y gloria, y de aquella magnifica gloria sali? la poderosa voz: ??ste es mi Hijo amad?simo en quien tengo todas mis delicias! Y fuimos nosotros quienes o?mos esta voz cuando est?bamos con ?l en la monta?a santa.

Este hecho del Tabor tuvo muchas repercusiones en la vida de Jes?s y de los ap?stoles.

S?, en la de Jes?s ante todo. Porque Jes?s no era insensible al dolor que se le echaba encima con la pasi?n y la cruz. La vista de la gloria que le reservaba el Padre por su obediencia filial fue para Jes?s un est?mulo muy grande al tener que enfrentarse con la tragedia del Calvario.

Para los ap?stoles, ya lo sabemos tambi?n. Acabamos de escuchar a Pedro. Y sabemos c?mo la visi?n del Resucitado ante las puertas de Damasco fue para Pablo una experiencia extraordinaria, que supo transmitir despu?s en sus cartas a las Iglesias: -?Nuestro cuerpo, ahora sujeto a tantas miserias, ser? transformado conforme al cuerpo glorioso del Se?or!...

As? lo es tambi?n para nosotros. Porque la vida no se nos ofrece siempre risue?a, sino que muchas veces nos presenta unas u?as bien aceradas.

En esos momentos de angustia, recordamos con la visi?n del Tabor la palabra del ap?stol San Pablo:
- Comprendo que los padecimientos del tiempo presente no pueden compararse con la gloria que un d?a se nos revelar?.

Cuando todo nos va bien en la vida, solemos decir con Pedro --del que dice el Evangelio que no sab?a lo que se dec?a--: ?Qu? bien se est? aqu?!...

Pero es cuesti?n de dejar el Tabor para despu?s. Ahora hay que subir a Jerusal?n con Jes?s. Es decir, hay que cargar con la cruz de cada d?a, porque en el Calvario nos hemos de encontrar con el Se?or, para encontrarnos seguidamente con ?l en el sepulcro vac?o...

La Transfiguraci?n fue un par?ntesis muy breve, aunque muy intenso, en la vida de Jes?s. Detr?s quedaban casi tres a?os de apostolado muy activo, en los que hab?a predicado y hecho muchos milagros. Ahora hab?a que enfrentarse con Getseman?, la prisi?n, los tribunales, los azotes y el G?lgota. Pero la experiencia del Tabor le anima a seguir adelante sin decaer un momento.

Para nosotros, es cuesti?n de mirar a nuestro Jefe y Capit?n, Cristo Jes?s.

Hay que tener fe en Dios, cuando nos brinda la misma gloria que a Jesucristo.

Porque si Dios nos ofrece el mismo c?liz que a su Hijo, es decir, la misma suerte en sus sufrimientos, es porque nos tiene destinados tambi?n a la misma gloria y felicidad que las de Jesucristo.

Jes?s se manifiesta en el Tabor, m?s que en ninguna otra ocasi?n, como el esplendor de la gloria del Padre. Nadie ha visto la gloria interna de Dios. Pero mirando a Jes?s envuelto en una luz que opaca y anula del todo la luz del sol, nosotros llegamos a barruntar lo que es ese Dios que un d?a veremos cara a cara y que nos envolver? con sus esplendores. Esplendores que son ya ahora una realidad que llevamos dentro, aunque no los vemos. La Gracia del Bautismo nos ha transformado en esa luz que nos hace gratos, ?y tan gratos!, a los ojos divinos...

?Se?or Jesucristo! ?Qu? grande, qu? amoroso, y qu? humilde, te muestras en el Tabor! ?Cu?ndo, pero cu?ndo nos ser? dado gozar de aquel espect?culo que enloqueci? a los disc?pulos?...

Ya vemos que nos preparas cosa buena de verdad. El caso es que sepamos merecerla....


Publicado por mario.web @ 16:01
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