Domingo, 27 de febrero de 2011


Pablo hab?a escrito a los de Corinto: ?Se me ha abierto una puerta grande y prometedora? (1Co 16,9). ?Y tan prometedora! Porque aseguran Lucas:

?Pudieron o?r la palabra del Se?or todos los habitantes de Asia? (Hch 19,10)
?A qu? se refer?a Pablo?

A la fundaci?n de la Iglesia de ?feso, la espl?ndida capital de la provincia romana de Asia, abierta con su puerto al mar Mediterr?neo, en el que converg?an todas las provincias del Imperio.

Los tres a?os que pas? all? Pablo predicando el Evangelio fueron de una eficacia sin igual: por su extensi?n, ya que lleg? a todas las ciudades del Asia Menor; por su profundidad en las almas, como puede colegirse de la cantidad enorme de libros malos, de magia sobre todo, que pararon en la hoguera, valorados en m?s de 50.000 monedas de plata; por su permanencia, pues de all? surgieron aquellas Iglesias que durante siglos fueron la gloria de Oriente.

Ahora Pablo, preso en Roma desde el a?o 61 al 63, les dirige una carta magn?fica, profunda, sobre el misterio de Cristo y particularmente de la Iglesia. La escribe a la vez que la carta a los de Colosas y pr?xima a la de los de Filipos. Vamos nosotros a deleitarnos con la doctrina sublime de una carta que nos enajena desde el principio hasta el fin.

Nada m?s iniciada la carta, al describirnos el plan divino de la salvaci?n, empieza con un himno ardiente:

??Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Se?or Jesucristo, que nos ha colmado con toda clase de bendiciones celestiales en Cristo, porque nos eligi? en ?l antes de la creaci?n del mundo, para que fu?ramos santos, inmaculados, y amantes en su presencia!??

?Nos damos cuenta de lo que nos dicen tan pocas palabras? Ante la generosidad inmensa de Dios, ?qu? toca sino prorrumpir en alabanzas incesantes?... ?Bendito, bendito, bendito sea Dios!... Porque si nos ponemos a enumerar las gracias celestiales con que Dios nos ha enriquecido, por m?s que contemos nos vamos a quedar en las primeras cifras, y nunca vamos a llegar al fin. Y delante de nuestros ojos, un ideal sublime: ?santos, inmaculados, amantes!...

El himno en que se desata Pablo incluye esas palabras que tantas veces repetimos:
?Recapitular en Cristo todas las cosas?.
Es decir, Dios quiere que ?todas las cosas tengan a Cristo por cabeza, lo mismo las del cielo que las de la tierra?.

Este es el pensamiento central de toda la carta: En Cristo encuentra todo su unidad, y todo lo que no est? con Cristo y en Cristo est? lejos de Dios.

Cristo llen?ndolo todo.
Cristo centr?ndolo todo.
Todo arrancando de Cristo.
Y todo yendo a parar en Cristo Jes?s.

Por eso, Dios empez? por desplegar todo su poder en Cristo, ?resucit?ndole de entre los muertos y sent?ndole a su derecha en los cielos?. Jesucristo es muy superior a los ?ngeles, pues est? sobre todos ellos.

Y tambi?n est? Jesucristo sobre los hombres de todas partes y de todos los tiempos.
Sobre todos los redimidos. Sobre la Iglesia, que encarna el Reino de Dios.
Por eso puede Pablo asegurar:

?Dios le someti? todo bajo sus pies y lo constituy? cabeza suprema de la Iglesia, que es su cuerpo, la plenitud del que lo llena todo en todo? (1,20-23)

Pablo queda como extasiado ante lo que contempla. Mira a los creyentes en Cristo de todos los siglos, y dice con voz emocionada y pat?tica:

?Dios Padre, les d? a conocer, mediante la acci?n del Esp?ritu, que Cristo habita por la fe en sus corazones, ?para que fundamentados y arraigados en el amor,
?puedan comprender con todos los santos c?mo es de inmensa la anchura y la longitud, la altura y la profundidad, y conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, y les llene de toda la plenitud de Dios? (3,16-19)

Grandioso, sencillamente. Con palabras como ?stas ahondamos en el Coraz?n de Cristo, sondeamos profundidades inmensas, y vemos que nos resulta imposible llegar al final?

Doctrina tan sublime sobre la vocaci?n cristiana, sobre Cristo y su Iglesia, Pablo la quiere traducir en vida cristina, sin que todo quede en teor?as.

?Qu? quieren que les diga, hermanos y amigos? Empiecen por la caridad. Piensen en lo que son y en lo que tienen:
?Un solo cuerpo y un solo Esp?ritu, como es una la esperanza a la que y han sido llamados. Un solo Se?or, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos? (4,4-6).

Y pregunta Pablo: ?Quieren un consejo que me sale del alma? Miren lo que les digo:
?No pongan triste al Esp?ritu Santo de Dios, con el que fueron sellados para el d?a de la redenci?n? (4,30)
Aunque nos preguntamos nosotros algo preocupados:

-?Es que podemos entristecer, y vamos a entristecer al querido al Esp?ritu Santo?...

El pensamiento del Ap?stol nos resulta clar?simo al pensar que el Esp?ritu Santo es el lazo de uni?n de todo el cuerpo m?stico de Cristo, que es la Iglesia.
Y todo lo que desune, desedifica, o denigra a la Iglesia y a cualquiera de sus miembros, duele hondamente al Esp?ritu Santo.

Se fija Pablo especialmente en la moral familiar, para la cual da tambi?n una raz?n suprema, como es la uni?n de Cristo con su Iglesia querida:

- Maridos y mujeres, ??mense como se aman Cristo y la Iglesia! Mujeres, miren c?mo la Iglesia se da a Cristo? Maridos, ?miren c?mo Cristo se entreg? por su Iglesia! (5,21-25)

Una carta como ?sta no es para tenerla escondida entre las p?ginas de la Biblia.
Es para leerla, estudiarla, meditarla y convertirla en vida. Nada m?s empezar, nos muestra a Dios so?ando en nosotros desde toda la eternidad, como pregunt?ndonos:

-?No quieren ser como mi Hijo Jes?s?... En sus manos dej? el responder a esta mi ilusi?n divina: santos, inmaculados, amantes? ?Verdad que lo quieren ser?...


Publicado por mario.web @ 16:04
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