Domingo, 27 de febrero de 2011

Meditaciones del Rosario. Cuarto Misterio Glorioso. La Asunci?n de la Virgen Mar?a.

Su vida consisti? en amar.

La mujer que podemos definir como Amor vivi? en este mundo s?lo amando: amando a Dios, a su Hijo Jes?s desde que lo llevaba en su seno hasta que lo tuvo en brazos desclavado de la cruz. Am? a su querido esposo san Jos?, y am? a todos y cada uno de sus hijos desde que Jes?s la proclam? madre de todos ellos.

Mar?a fue una mujer inmensamente feliz?Su presupuesto era de dos reales. No ten?a dinero, coche, lavadora, televisor ni computadora, ni t?tulos acad?micos. No era Directora del jard?n de ni?os de Nazareth, tampoco presum?a de nombramientos, como Miss. Nazareth. Mar?a a secas. No sali? en la televisi?n ni en los peri?dicos.

Pero pose?a una s?lida base de fe, esperanza, amor y de todas las virtudes. Ten?a a Dios, y, a quien tiene a Dios, nada le falta.

La Virgen no se quejaba: de ir a Egipto, de que Dios le pidiera tanto. La sonrisa de la Virgen era lo mejor de su rostro. ?C?mo reaccionar?a ante las adversidades, dificultades, c?lera de sus vecinos?

Mar?a ve?a la providencia en todo: en los lirios del campo, en los amaneceres?en la tormenta. Cuando no hab?a dinero. Cuando ten?a que ausentarse. Cuando alguna vecina se pon?a necia y molestaba.

Lo m?s admirable de Mar?a era el amor. Lo m?s grande de la mujer debe ser el amor. El amor es un talism?n que transforma todo en maravilla. Dios te ha dado este don en abundancia. Si lo emplearas bien, har?a de ti una gran mujer, una ferviente cristiana, una esposa y madre admirable. Pero, si dejas que el amor se corrompa en ti, ?pobre mujer!

Mar?a Magdalena ten?a una gran capacidad de amar. La emple? mal, y se convirti? en una mujer de mala vida. Pero, despu?s de encontrarse con Jesucristo, utiliz? aquella capacidad para amar apasionadamente a Dios y a los dem?s, y hoy es una gran santa y una gran mujer.

Desde su asunci?n a los cielos ha seguido amando durante dos mil a?os a Dios y a los hombres: Es un amor muy largo y profundo. Y apenas ha comenzado la eternidad de su amor.

Dentro de ese oc?ano de ternura que es el Coraz?n de Mar?a estamos t? y yo para alegrarnos infinitamente. Desde el cielo una Madre nos ama con singular predilecci?n. La fe en este amor debe llenar nuestra vida de alegr?a, de paz y de esperanza.

Subi? al cielo en cuerpo y alma

Dios adelant? el reloj de la eternidad para que Mar?a pudiese inaugurar con su hijo nuestra eternidad. Mientras nosotros esperamos, Ella goza de Dios con su cuerpo inmaculado, el que fue cuna de Jes?s durante nueve meses.

Mar?a, nuestra Madre, es inmensamente feliz en el cielo. Nosotros, sus hijos, nos congratulamos infinitamente por su felicidad. Ella, como buena madre, no quiere gozar sola; nos quiere ver a nosotros felices con Ella, eternamente gozosos con Ella y con Jes?s en el cielo. El ?nico anhelo todav?a no cumplido de Mar?a es lograr nuestra felicidad eterna. Su oraci?n para lograrla es diaria, muy intensa, hasta conseguirlo.

El cuerpo en el que Dios habit? es digno de todo respeto. Est? eternizado en el cielo, incorrupto, feliz como estar? un d?a el nuestro. El cuerpo que vivir? eternamente en el cielo es digno de todo respeto. No se debe degradar lo que ser? tan dignamente tratado. Pasar? por la corrupci?n, pero s?lo para resucitar en nueva espiga y nuevo cuerpo inmortal, incorrupto, puro y santo.

Es una motivaci?n muy seria ?sta. Nuestro cuerpo, que fue templo de Dios en la tierra y eternamente gozar? de Dios en el cielo, es digno de que sea respetado, purificado.


Voy a prepararos un lugar:

As? hablaba Jes?s a los ap?stoles con emoci?n contenida. Personalmente se encargar?a de tener listo ese lugar. Pero sabemos qui?n le ayudar?a cari?osamente a preparar dicho lugar: Mar?a Sant?sima. Ella le ayud? -y de qu? manera tan eficaz- en sus primeros pasos a la Iglesia militante. Ella sigue ayudando con su amorosa intercesi?n a la Iglesia purgante y, de manera muy particular, a preparar la definitiva estancia a la Iglesia triunfante.

Podremos estar seguros de ver un ramo de flores con una tarjeta y nuestro nombre: Hijo, hija, cu?nto me costaste. Pero ya est?s aqu?. Tambi?n habr? un crucifijo con esta leyenda: ?Te am? y me entregu? a la muerte por ti?. Jes?s. Habr? un ramo de almendro florido colocado por Jes?s de parte de Mar?a.

Voy a prepararos un lugar. Tambi?n Mar?a nos dice que ha ido a prepararnos un lugar. La mejor Madre con todo el cari?o preparando un sitio para toda la eternidad a sus hijos. ?Gracias, Madre, por el inter?s y el amor demostrado! ?C?mo pagarte? Imposible. En deuda estaremos eternamente contigo.


El premio de los justos es el cielo, la felicidad eterna.

Poco lo pensamos. Mucho lo ponemos en peligro. ?Alegraos m?s bien de que vuestros nombres est?n escritos en el cielo?. Sabremos entonces por qu? dec?a Jes?s estas solemnes palabras, cuando veamos con los ojos extasiados lo que ha preparado Dios a sus hijos. Si les dio su sangre y su vida, ?no les iba a dar el cielo?

Pero aqu? andamos distra?dos, perdidos, olvidados, comiendo los frutos agraces del pecado que pudre la sangre y envenena el alma. Cuantas veces emprendimos el camino del infierno, tantas otras una mano cari?osa y firme nos hizo volver al camino del cielo. Pensamos en todo menos en lo mejor y lo m?s hermoso. ?Pobres ignorantes, ingratos, desconsiderados!

Dios premia dando el cielo. Se lo ha dado a Mar?a, a los santos. Lo ofreci? al joven rico, y lo rehus?. Lo gan? pagando el precio de la cruz y de la vida. El cielo es nuestro; nos lo han regalado. Pero, a la fuerza nadie entrar? all?. Es necesario pedirlo, merecerlo de alguna manera. El mismo Jes?s proclamaba: ?El Reino de los cielos se gana luchando, y s?lo los que luchan lo arrebatan.?

Si ganar el cielo es lo m?s grande que podamos lograr, perderlo es lo m?s triste y tr?gico que nos pueda suceder. Ambas cosas est?n sucediendo de continuo: los que est?n ganando la gloria y los que est?n ganando la perdici?n. Y t?, ?qu? est?s ganando?

?De qu? le sirve al hombre ganar todo el mundo, si pierde su alma? Jes?s sabe lo que dice.?Cuantas veces empleamos los mejores a?os, las mejores energ?as, en conseguir lo pasajero, hipotecando lo eterno! As?, nos convertimos en los peores perdedores, porque perdemos lo ?nico necesario.


El cielo es cielo por Dios y Mar?a

Al fin nos encontraremos cara a cara con los dos m?s grandes amores de nuestra vida. Entonces sabremos lo que es estar locamente enamorados y para siempre de las personas m?s dignas de ser amadas. Enamorados de Dios, en un ?xtasis eterno de amor: amados por el Amor Infinito, la Bondad Infinita.

Ah? comprenderemos los misterios del amor aqu? muy poco comprendidos. Volveremos a Bel?n a amar infinitamente, eternamente a aquel Dios hecho ni?o por nosotros. Volveremos a la fuente de Nazareth donde Jes?s llen? el c?ntaro de Mar?a tantas veces.

Volveremos al Cen?culo a quedar de rodillas y extasiados ante la instituci?n de la Eucarist?a, y comprenderemos las palabras del evangelista Juan: ?Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los am? hasta el extremo?.

Volveremos al Calvario y querremos quedarnos all? mucho, mucho tiempo, siglos, para contemplar con el coraz?n en llamas el amor m?s grande, la ternura m?s delicada, y comprenderemos cada uno lo que Pablo gritaba: ?L?breme Dios de gloriarme en nada si no es en la cruz de nuestro Se?or Jesucristo?.

Pediremos permiso de bajar a la tierra para visitar los Santos lugares no como turistas sino como locamente enamorados.

Volveremos a leer el Evangelio con el coraz?n en ?xtasis de amor. Todo esto por m?, por amor a m?. Agradeceremos a Mar?a su ?fiat?, su ?h?gase en m? seg?n tu palabra?, y le diremos con amoroso acento: ?Gracias, Madre, por haber dicho que s?.?

Releeremos una y otra vez aquella escena del Calvario, cuando Jes?s mor?a: ?Ah? tienes a tu Madre?. Ah? la tengo, junto a m?, en el cielo, para siempre?

?Gracias, Jes?s, por haberme dado tu Rosa, tu joya m?s preciosa. ?Gracias, por haberme dado a tu Madre como madre m?a! Te quiero mucho, te quiero tanto por Mar?a?

Volveremos a Bel?n, a aquella cueva bendita donde naci? el Amor hecho ni?o por m?. Besaremos el pesebre, las pajas. Y nos quedaremos all? durante muchas horas, y con ganas de volver mil veces.

Volveremos a Nazareth, a la humilde casita de la dulce Mar?a. T? nos ense?ar?s cada rinc?n de la casa. ?Aqu? estuvo el arc?ngel, y le respond? que s?. Aqu? estaba el taller de Jos?, mi querid?simo Jos?. Aqu? la cocina en la que pas? tantas horas entre los pucheros. Aqu? el huerto, en el que me extasiaba con las flores?.

Y querremos quedarnos en esa casita a?os y a?os, en aquel rinc?n del cielo?


Al cielo subi? la Puerta del cielo

Sue?o en ese momento en que tocar? a la puerta. Y saldr? a abrirme con los brazos abiertos y una sonrisa celestial Mar?a Sant?sima. Tendr? que sostenerme para no morir otra vez, pero de puro gozo al ver sus ojos de cielo, su rostro bell?simo, su amor incre?ble pero real.

Ten?a tantos deseos de verte, OH Madre m?a; tantas veces te rec? la Salve y rec? el rosario -aunque a veces distra?do. En el cielo recitar? de nuevo todos los rosarios mal rezados, como un seraf?n. ?Qu? pena que en la tierra te conoc? tan poco y tan poco te am?! En el cielo te amar? por lo que no te am? en la tierra.

Mar?a es la mujer triunfadora por excelencia. La humilde esclava del Se?or ha logrado lo que ninguna mujer famosa ha conseguido. Eligi? como meta cumplir la voluntad de Dios; como motivaci?n el amor. El Premio: La Asunci?n los cielos en cuerpo y alma. As? nos ense?a de forma contundente la mejor forma de vivir.


Oraci?n:

Oh Mar?a, Puerta del cielo, no permitas que tu hijo pr?digo prefiera comer las bellotas y apacentar los puercos cuando ha sido llamado al amor eterno y a la felicidad suprema en el cielo junto con Dios y junto a Ti. Haz lo que sea, no importa qu? cosa, para obtener ese cielo que tiene una morada para m?, preparada con tanto cari?o por Jes?s y por ti, Madre.


Publicado por mario.web @ 16:41  | religion
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